![]() |
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Hemeroteca:
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
ACOSO
Es verdad que el presidente, el responsable, el jefe no debe dar la impresión de estar vencido. Aquel en quien todos se miran no puede desfallecer aunque todo parezca en contra, y tiene que infundir la convicción de que los hechos están controlados y los problemas planteados y medio resueltos. Pero lo que no debe hacer es negarlos. Hemos convertido en paradigmática la gallardía con que Winston Churchill, al tiempo que reconocía su decidida fe en la victoria cuando embarcó a los británicos en la Guerra Mundial, anunció un camino de “sangre, sudor y lágrimas”. El pueblo es crédulo y confiado con aquel al que elige. Pero no es tonto. Y hubiese sido un funesto error pintar el presente inmediato como un episodio de Alicia en el País de las Maravillas. Hasta ahora la vida no era fácil para los españoles “mileuristas” en su mayoría, ni para sus conciudadanos europeos con el sueldo justo. Pero los recortes de la crisis van a sumirlos en la indigencia, no en la reconocida y explícita sino en la vergonzante y encubierta, que es la que más deprime, deteriora y humilla. Las condiciones de vida han comenzado a poner cerco a las familias mientras la hipoteca, los plazos, las tarifas desmedidas de los servicios y el combustible, la creciente presión de Hacienda cada vez más exigente con quienes menos tienen, y los cierres de empresas con los consiguientes despidos, pintan un panorama desolador. Tornan en pleno siglo XXI de nuevo las Siete Plagas. Y mientras tanto se estrecha el cerco, cada familia sufre un asedio y la vida se convierte en un acoso, al tiempo que el Presidente de la nación se aplica impertérrito y sonriente a la Ingeniería Semántica, cambiando el nombre de las cosas como hacen los terroristas y el diablo, que llaman “comando” lo que es una partida, “lucha armada” no al enfrentamiento en combate entre iguales sino a la emboscada con explosivos, “impuesto revolucionario” a la extorsión coactiva de los que se estima que pueden financiar a la banda (“organización armada”) y “acción bélica” (“ekintza”) a darle a un cristiano desarmado un tiro por la espalda. De modo que lo que la gente percibe como recesión, es solo una “aceleración negativa” que es como un avance hacia atrás o un correr reculando. ¡A ver quién me ata esa mosca por el rabo! Es un discurso este no ya oscuro sino tenebroso, como las verdades cargadas de mentira, porque vacía las palabras de su significado con el propósito más descarnadamente demoníaco que pueda concebirse, y que la líder de “Unión Progreso y Democracia”, Rosa Díez, calificó de “perverso”. En realidad el empeño de Satanás según los teólogos es confundir, embrollar, ofuscar, trabucar, enredar, enturbiar y enmarañar, cuanto más si se utiliza esa divina destilación de la inteligencia que es la palabra. En ese punto fue unánime el rechazo de los congresistas, que dejaron a Zapatero completamente aislado, acusándole de negar la crisis y haber mentido para ganar las elecciones. Una acusación que si toma cuerpo puede tener graves consecuencias políticas. Porque un país entero no puede sentirse engañado ni defraudado por quien estima que ha de velar por su destino colectivo. Y el señor Presidente abusa de lo que él considera su buena estrella. Más un sistema planetario colapsa como cualquier estructura. Y el acoso al que están sometidos los ciudadanos por la realidad puede incidir sobre él. Darío Vidal 03/07/2008 |
Acoso (03/07/2008 21:23)
|
UN POLIZÓN EN EL ARMARIO
¡Cielos, que asco: una mujer! --dijo estremeciéndose el dueño de la casa al abrir un armario. Y es comprensible. Porque que salga una cucaracha, mal; que salga un ratón, peor; que salga un cadáver como en el chiste de la abuelita, horroroso; pero que aparezca una contribuyente con rulos y todo, varios bidones de agua y un colchón enrollado, es para morirse del susto. El caso es que, como la inquilina del armario era japonesa y el que pagaba el alquiler también, no se entendían y el que jugaba en campo propio llamó a la policía. “Pero, señora ¿a usted le parece correcto vivir en el armario de un caballero, y más si es desconocido?” “Pues, mire usted, la verdad es que no me lo había planteado, pero, tal como está la vivienda, una se agarra a lo que puede, que no crea que yo estaba cómoda: en cuanto oía la llave de la puerta apagaba el televisor y desaparecía en el armario”. Pero comencemos por el principio. Japón es uno de los lugares con mayor densidad de población, alquileres más caros y apartamentos mas pequeños del mundo, con estancias separadas únicamente por biombos. Mas de 127 millones de almas se aglomeran en los 377 mil kilómetros cuadrados que no ocupa el agua y los honestos matrimonios con hijos tienen que alquilar un dormitorio en algún honorable meuble ad hoc regularmente para abandonarse con alguna intimidad al retozo carnal. No es de extrañar que los japoneses se caigan por los acantilados al menor descuido. Y así, muy muy apretados, y viviendo algunos en el armario de otros, cada kilómetro cuadrado sustenta a 336 habitantes. En tanto que en la superpoblada Alemania viven en ese espacio 230 moradores, 198 en Italia, en Francia lo hacen 96, y en España vivimos 89 por kilómetro cuadrado y aún así nos estorbamos. Navegan en una flota de tres mil islas en torno a cuatro portaaviones, el Honshu, el Hokkaido, el Shikoku y el Kyushu, costeando Rusia, Corea, y China, rumbo a ninguna parte porque le cierran el paso hacia Poniente y Septentrión, así es que yendo siempre al encuentro del sol y a fuerza navegar hacia el Oriente se encuentra a Poniente con el Continente Americano, que así es de relativa, movediza y misteriosa la magia de las cosas. Mas vayamos al inicio para acercarnos, porque mirando a esta distancia lo lograremos ver a los protagonistas de esta historia que ha sucedido en la ciudad de Fukuoda situada en la más meridional de las cuatro islas mayores. Hacía meses que el propietario del piso, un desempleado de 57 años ... no notaba nada. Ni siquiera la presencia intuida de otra persona --así era de limpia, hacendosa, ordenada y primorosa la asaltante, una joya de mujer de 58 años--, pero con la relajación y la confianza, el varón, que no tenía los ojos cerrados aunque lo pareciera a primera vista, fue percatándose de que la nevera se vaciaba más deprisa que antes. Pensó que era aprensión: achaque de la soledad y la inflación. Pero un día debió hacer una señal en la botella de sake y contar los granitos de arroz, y, sin decir nada a nadie, emboscó varias cámaras de vídeo en el mínimo recinto –ardua tarea sabida la sobriedad y la escueta y diáfana decoración que tanto gusta en el país-- y hete aquí la gran sorpresa. Lo peor es que todo acabó mal. Llamó a la policía y se restableció el orden: o sea, él condenado definitivamente a la soledad, y ella malversando mimo, delicadeza y primor en la cárcel. Qué calamidad. Darío Vidal 03/06/2008 |
Un polizón en el armario (03/06/2008 10:16)
|
LOS LOBOS DE CAPERUCITA
Ese no implicarse de la población austriaca de Amstetten, donde un ser diabólico ha robado la vida, y tal vez el alma para siempre, a los hijos que engendraba, arroja alguna luz sobre el temperamento de un pedazo de la aria Europa que quiso erigirse un tiempo en conductor y paladín del Continente. Hay muchas cosas sobre las que la sociedad de esta pequeña población debería de interrogarse en relación con la tortura de los hijos-nietos de Josef Fritzl en el sótano bajo el garaje. Pero son muchos más los interrogantes a los que habría de responder la policía por no averiguar la desaparición de Elizabeth hace veinticinco años; no realizar ninguna pesquisa tras las numerosas cartas que ésta envió desde su “paradero desconocido” situado en un zulo del jardín, ni averiguar el rastro de los tres niños que sucesivamente depositó alguien en la puerta de su casa. Ni llamarles la atención que los inquilinos de su casa tuvieran que comprometerse a no tener perro, y qué éstos aullasen y escarbaran cuando se acercaban al zulo insonorizado; por que aparecían botellas de leche y desaparecían bolsas de basura, y por que el panadero, que reconoce ahora que consumían mucho pan, no se preguntó que hacían con él; y por qué la policía niega ahora que Fritzl tuviese antecedentes por paidofilia –que los tuvo-- y cuando los periodistas insisten, argumenta que durante este tiempo, de todos modos, hubieran prescrito según la legislación del país. Y sobre todo es imposible que en 25 años --9.125 días de cautiverio, una cadena perpetua-- una distracción, algún descuido, no hayan aportado indicio alguno de lo que estaba ocurriendo. ¿Se trata de pura desidia, de incompetencia, o de un pacto de “omertá” entre viejos camaradas? La maldad no es patrimonio de nadie, pero Einstein, nacido en el sureste de Alemania cerca de la frontera austriaca, encontró muy pronto irrespirable el ambiente que irradiaba el cercano país ya en los albores del nazismo, y fue alejándose a medida que se extendía la ideología, ya preexistente pero asumida por Adolf Hitler, también austriaco por cierto. Un compromiso ideológico que explica por qué el 40% del personal de los campos de exterminio y el 75% de sus oficiales eran austriacos, un hecho que se esfuerzan en disimular. Y que el 80% del personal que trabajaba en la deportación de gitanos, lisiados y judíos para el cerebro logístico de la “Solución Final”, Adolf Heichman, también eran austriacos. Puede que sea casual pero el célebre Heinrich Gross, que en nombre de la ciencia experimento durante el III Reich con miles de niños y supervisó sus campañas de eutanasia, ostentaba la misma nacionalidad, como la madre de María K. La niña confinada por 1996 en un ataúd de madera no se cuantos meses, o la que en 1998 tuvo a sus tres hijas encerradas durante siete años. Si tuviésemos memoria no nos sorprendería tanto, aunque nos siguiera aterrando, que un megalómano mediocre como Wolfang Priklopil mantuviese secuestrada como esclava sexual, durante años, a la niña Natascha Kampusch, que apareció el año pasado hecha ya mujer. Comienzo a entender la obsesión por el sexo infantil del vienés Sigmund Freud. El caso es que, a propósito de estas cosas, John Müller escribía que la Europa de Caperucita Roja, Pulgarcito, y Hansel y Gretel, que nos aterraban de niños, debería someterse al diván del psicoanalista, no vaya a ocurrir que esos argumentos, en vez de fábulas, sean historias del pasado. Darío Vidal 03/05/2008 |
Los lobos de Caperucita (03/05/2008 23:36)