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Publicado: 16/05/2008


 

EL BAILE DE LOS TRASVASES


El gobierno de Cataluña ha autorizado ya a llenar las piscinas, regar los jardines y aspersar los campos de golf tras las recientes lluvias. Quienes no podrán regar sus campos de golf ni de cultivo, ni sus jardines porque no los tienen, van a ser los pueblos aragoneses de la margen izquierda del Ebro, que han de seguir recibiendo cada día la limosna del agua para beber, mediante camiones cisterna. Una situación injusta, vejatoria, humillante y colonial a la que no responde ningún político, ni siquiera en ese estado de merecer que es el de “candidato”. ¿Por qué y para qué siguen votando los aragoneses?

Decenas de pueblos de los secanos monegrinos de Huesca y algunos de Zaragoza, además de otros dieciséis de Teruel, seguirán padeciendo el suplicio de Tántalo viendo pasar el agua a sus pies, sin poder aplacar la sed de siglos y generando mano de obra barata para Cataluña, porque, no se si lo saben, pero el agua que se va abre cauce a los hombres que huyen, y Aragón sigue despoblándose. Solo queda un millón doscientas mil personas en un territorio de 47.669 km2, lo que supone una densidad demográfica sahariana que no ha descendido todavía más gracias al aporte de la inmigración.

Pese a ello, Aragón, que ha gustado contemplar las cuestiones con histórica ecuanimidad y “desde la óptica del otro”, ideó hace siglos un plan para dotar de agua a todos los territorios ribereños sin excluir a nadie, e incluso aquel gran hombre de Estado que fue don Ramón de Pignatelli se propuso no sólo eso sino también hacer navegable el Ebro desde el Mediterráneo al Cantábrico para permeabilizar toda la Península. Imagínese lo que habría sido la Historia económica de España, y no sólo de Aragón, si hubiese prosperado su sueño. Pero la cortedad del Conde de Villahermosa abortó el proyecto, y la cerrilidad analfabeta de la Casa de Ganaderos estuvo a punto de impedir hasta la ejecución del Canal Imperial de Aragón. Ya se sabe: “en Aragón, a buen servicio mal galardón”. Basta con una estatua coronada de gallinaza de paloma en cualquier parque y con el homenajeado bajo tierra para no darle ninguna alegría. Ya entrado el XIX, un ingeniero aragonés propuso un plan de regadíos para las comunidades de la cuenca asignando caudales de acuerdo con su superficie. Ahora ya, claro, con el desequilibrio demográfico que se ha generado, no tendría sentido ese justo criterio.

Menos mal que, tal vez porque los de Tarragona han reaccionado ante el abuso barcelonés diciendo que no quieren regar sus jardines a costa de la sed de la “Terra Alta”, el Gobierno aragonés que se escudó en un peritaje de expertos para ganar tiempo y dijo luego que estimaba conforme a Derecho el trasvase –perdón, la “conducción”--, acaba de declarar bizarramente que no está de acuerdo con el Real Decreto y que, en vistas de las copiosas lluvias recientes, va a impugnar el trasvase de agua. Pero, claro, dado el primer paso, el honorable Montilla --que además es andaluz y tiene nombre de vino-- dice que quién sabe si dentro de seis meses o un año Barcelona no va a volver a tener carencia de agua para su industria, sus urbanizaciones, sus parques, sus fuentes, sus chalets y sus campos de golf. Y tiene toda la razón del mundo. Que coño importan los desharrapados de los Monegros si son cuatro y el cabo: que les den sifón.

Darío Vidal

16/05/2008

 

       El baile de los trasvases (16/05/2008 00:39)


Publicado: 16/01/2008


 

EL SUICIDA CONCIENZUDO


Si no fuera trágico daría risa. Resulta que una amante esposa ha descubierto a su cónyuge desnudo y cuidadosamente suicidado en la bañera, con más de sesenta puñaladas. Ella por lo menos así lo denunció. Un suicidio insistente y contumaz. Pero lo más sorprendente es que el señor juez confirmó la hipótesis de la desconsolada esposa

¿Se han clavado alguna vez un alfiler, se han cortado con el cuchillo del jamón, se han hincado en la mano el diabólico puñalito de las ostras? No lo quiero ni recordar. Pues bien, eso mas de sesenta veces. Más de sesenta veces sin morirse, pese a que muchas de las heridas eran mortales. Luego, claro, le hicieron la autopsia al cadáver y el forense determinó que al finado lo había finado o finiquitado alguien que no sentía, cada vez que le herían, el pungente mordisco de las puñaladas. No sé que habrá pensado el juez que levantó el cadáver y si pensaba que el muerto iría al hoyo sin pasar el trámite enojoso del reconocimiento pericial. Pero no cabe duda de que fue muy optimista al evaluar su resistencia al dolor y el vigor de su decadente fortaleza física.

Es lástima que no sepamos el nombre de la víctima para encomendar su alma a Dios, ni nos hayan facilitado el de la esposa para ponernos a resguardo. Porque es que, al parecer, el hombre padecía una enfermedad degenerativa que había mermado su fuerza muscular y le había sumido en la depresión.

Finalmente un juez, no sabemos si el optimista u otro más pesimista, ha dejado en libertad con cargos a la compañera. No hay cosa que más deteriore la relación que relacionarse. Y aunque a esto no lo califique nadie violencia de genero, es evidente que el mas fuerte se impone al débil, sea la hembra, el macho o el compañero homosexual más robusto. Pero los tíos son tan pringaos por lo general, que se autoinculpan y se entregan a la Guardia Civil.

En cualquier caso, cada cual sabe si puede o le puede su relación y si la convivencia con su prójimo –o prójima, como diría Ibarretxe-- es tan desolada e inhóspita que no merece la pena vivirse. En ese caso, mejor tomar la toalla y el cepillo de dientes y decir amablemente adiós. Y si eso no es posible, la mínima cortesía aconseja ausentarse sin “ausentar” al compañero contra su voluntad, porque es posible que no halle la vida tan desprovista de propósito sin nuestra presencia. Me recuerda aquel hilarante pacto de suicidio que proponía el obstinado Don Mendo a la casquivana Magdalena: “No tal./ Resuelto está, ¡vive Dios! / Y si te parece mal, / aquí mismo este puñal, / nos dará muerte a los dos. / Primero lo hundiré en ti, / y te daré muerte, sí, / ¡Lo juro por Belcebú! / y luego tú misma, tú, / hundes el acero en mí”.

Dios quiera que, con el concurso de la ciencia, aclaren pronto el enigma abstruso de este misterioso multisuicidio reiterativo y contumaz.

Darío Vidal

16/01/2008

 

       El suicida concienzudo (16/01/2008 17:55)