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Agosto 2008
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Publicado: 15/07/2008


 

LA PERFIDIA DE DE JUANA


La actitud provocadora, arrogante y chulesca de la Eta pintando en el firme del Hautacam cerca de Lourdes su anagrama repetido en los últimos cien metros que preceden a la meta de etapa del Tour, es poco importante aunque más fácil de evitar que hechos tan vergonzosos como que el criminal confeso José Antonio Urritikoetxea Bengoetxea, alias “Josu Ternera”, haya sido vocal de Derechos Humanos en el Parlamento de Vitoria durante años con el apoyo de Ibarretxe y el PNV. Aunque no menos relevante.

Esperen al 2 de agosto y tendrán ocasión de confirmar la burla lacerante y el ludibrio de ver instalarse a José Ignacio De Juana Chaos en la calle donostiarra en que viven allegados y descendientes de sus víctimas, a veces en los mismos pisos que habitaron. Domicilios en que moran algunas de aquellas admirables familias ejemplares, cívicas y con suficiente temple como para ocuparse de la madre del etarra durante su última enfermedad y soportar, además del desgarro feroz del asesinato, la cruel negación de consuelo por parte de la Iglesia del señor Setién y la prohibición de celebrar las exequias en las parroquias regidas por el clero abertzale, que son las más, y soportar las insistentes llamadas telefónicas durante meses, preguntando por el muerto, pisoteando su nombre, mancillando su memoria, e insultando a quienes no habían tenido tiempo de enjugarse las lágrimas, incapaces de entender aquella tenaz persistencia del odio. Pero esas cosas solemos olvidarlas.

O sea que, en unos días, todo volverá a la “normalidad” gracias a los jueces –a los que Dios ilumine-- y a la laxitud del Gobierno: Ignacio de Juana Chaos vivirá en la calle en que lo hacen, entre otras víctimas escarnecidas, la madre y la viuda de Joseba Pagazaurtundua, pero sin apearse de la actitud arrogante, altiva y provocadora que observó en los juicios por sus 25 asesinatos y que ha mantenido a lo largo de su encierro, porque asegura ante los jueces y el mundo no solo no avergonzarse ni arrepentirse de los veinticinco hombres que ha matado, sino estar orgulloso de ello. De modo que no solo la enormidad de su culpa --no purgada con el cumplimiento de sólo 18 años de los 3.129 años a que ascendía su condena--, desaconseja su libertad que sería injusta, sino que la reiterada falta de arrepentimiento, manifestada verbalmente y celebrando los asesinatos de su banda con cava y langostinos durante su reclusión, demuestran que no merece la libertad porque no se ha rehabilitado. Y por ello, su excarcelación y la convivencia con las víctimas de los asesinatos, supondría un sufrimiento adicional para los humillados.

Es lamentable que el incontinente José Bono, cuyo papel en el Congreso tiene poco que ver con la aplicación de las leyes, diga a propósito del despropósito que sería dejar que el terrorista se instalase entre los familiares de sus víctimas, que “la Ley es la Ley y garantiza la libertad de domicilio”. Mas la Ley esta hecha para el ciudadano y no al revés. Y entre las víctimas hay tantos conservadores como socialistas. Cuando se repasa la lista de cadáveres que hoy vivirían entre nosotros y que “condenó” y “ejecutó” este ex-falangista burgalés “frío y narcisista”, hijo de médico que no pasó de enfermero, que se hizo “ertzaina” y se alistó en la Eta para escalar hasta el Poder y colmar su “ego”, es imposible no sentir repugnancia hacia él y desprecio por los Gobiernos que han claudicado a sus chantajes.

Darío Vidal

15/07/2008

 

       La perfidia de De Juana (15/07/2008 17:44)


Publicado: 15/05/2008


 

DESANGRARSE ASESINANDO


Otro hombre acaba de morir a manos de la ETA. Un guardia civil ha sido asesinado por los criminales ahogados en sangre, que ya no se arriesgan a empuñar las pistolas y delegan valientemente el horror de la muerte en los explosivos a distancia. Bravos “gudaris”, supuestos liberadores del pueblo vasco al que oprimen.

Han atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Legutiano y cosechando un muerto y cuatro heridos, uno de ellos con lesiones en la columna. Un herido de esos que no se nombran, como el otro que está en la UCI. Son las víctimas anónimas, los muertos que se mueren solo un poco, porque siguen conscientes de su limitación y sus mutilaciones: gente sana en la plenitud de sus fuerzas con un muñón en vez de mano, una espalda tronzada por la metralla, un hablar torpe como el de cierto periodista al que la bala rompió la mandíbula y destrozó la lengua para hacerle callar, hace unos años, aunque sigue denunciando valientemente con su trabajo sin rencor la miseria de sus verdugos.

En la casa cuartel de Legutiano descansaban sus casi treinta moradores, entre ellos cuatro niños, confiados a la custodia de Juan Manuel Piñuel que estaba de puertas cuando se apercibió de que acababan de dejar un coche a cincuenta metros de la entrada. Llamó a los artificieros para que reconocieran el vehículo según el protocolo, pero su voz se interrumpió sin acabar, y el teléfono quedó balanceándose sobre el suelo en que yacía su cuerpo destrozado, como negándole la razón al Partido Comunista de las Tierras Vascas --¡ pobres, bellas, nobles y honestas Tierras Vascas !-- que asume, asiente, jalea y apoya la unilateral y cobarde “lucha armada”, como todas las otras franquicias de la banda terrorista. Fue un minuto. El temporizador no esperó más.

Los ciento cincuenta kilos de explosivos han destrozado por completo el vetusto cuartel que ha de ser demolido por completo, y tres metros por debajo del cadáver de Juan Manuel ha aparecido entre los escombros un herido que solicitaba ayuda, además de otros tres que han tenido que ser ingresados. Este es el balance de una gloriosa “ekintza” perpetrada por unos fracasados que saben que lo son, pero que huyen alocadamente hacia adelante para no pensar en la derrota final. Cada día que pasa después de cada muerte se conceden un respiro para seguir esperando y alimentar entre la parroquia la ficción de que van a alguna parte. Y no van a ningún sitio. La estrategia del terror que pudo parecerles eficaz hace cuarenta años, se ha revelado contraproducente ante la firmeza de los españoles y la resistencia heroica de tantos vascos que conviven con las amenazas gracias a una dignidad fuera de toda ponderación y a tantas personas admirables que, de no serlo antes, se habrían hecho merecedoras del título de hidalguía que les concedieron los Reyes hace quinientos años.

La banda criminal ya no aspira a nada; no pretende más que seguir matando mientras le queden treinta kilos de cloratita, que le van faltando con el apoyo de los suyos. Y no tendrán un final wagneriano y grandioso como los islamistas de Leganés: se extinguirán hacinados en un “zulo” y chapoteando en la mierda. Como las ratas de cloaca.

Darío Vidal

15/05/2008

 

       Desangrarse asesinando (15/05/2008 01:09)