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Publicado: 14/11/2008


 

EDAD DE MORIR


Lamamos “invidente” a quien antes era un ciego; “trabajadoras del amor” o del sexo a las que se conocía habitualmente como putas, y usamos la expresión “tercera edad” para nombrar a los que en otro tiempo nombrábamos ancianos y anteriormente, viejos. Las nuevas expresiones quieren suavizar la dureza, la contundencia y rotundidad de ciertas palabras, como estas últimas, que nos remiten cruda e impúdicamente a la edad de morir. Por eso ahora comienzan a hablar de “cuarta edad” los que acaban de entrar en la tercera, con objeto de alargar los plazos. Aunque el numeral no hace más que enfatizar la meta.

Pero cuál es la edad de morir. De adolescentes pensábamos en una muerte temprana y azañosa, al tiempo de descubrir un continente, un nuevo río en la Amazonía, o probando una vacuna recién descubierta por nosotros. Con el tiempo hemos comenzado a pensar que no es preciso madrugar para ese viaje. Por eso a estas alturas de la función me desasosiegan los niños que quieren morir. Cuando tenía 16 años, una niña italiana dijo a todo el mundo que si le sucedía algo no quería vivir en coma. Y le sucedió. Un accidente. Y los allegados no hicieron ni caso. Pero de aquel suceso han pasado diecisiete años de coma irreversible y ahora tiene 33, así es que incluso los padres han pedido a los jueces que permitan que obre la Naturaleza evitándole ese atroz encarnizamiento terapéutico sin esperanza. Y la Justicia ha decidido que le dejen morir como hubiese querido.

Pero he aquí que una parte de la sociedad que no vive la angustia de su deterioro diario reclaman un sufrimiento “pagado” por sus deudos día a día, que están mas comprometidos con su vida y su bienestar que las cofradías pías, las gentes devotas y las damas piadosas, incluidos los estrictos custodios de la ortodoxia del Vaticano.

Otra cosa es la niña inglesa de 13 años enferma de leucemia hace varios, que tiene que operarse de corazón. Al margen de consideraciones de carácter religioso, que respeto, no sé si puede decidir sobre su vida aunque todo el dolor lo tenga que sufrir ella --por lo menos el físico que ya conoce por desgracia-- porque desde el horizonte de su edad y su mala experiencia, no tiene elementos para valorar qué es lo que podría depararle la vida. Aunque no sabemos hasta qué punto tiene nadie autoridad moral para forzarle a un sufrimiento cierto, después de tantos años de dolor, para someterse a una operación de corazón “con escasas posibilidades de éxito”.

Ninguna de ellas tiene edad para morir, pero la Naturaleza desconoce el sentimentalismo. Hay muchachos de veinte e individuos de treinta años que han malversado su existencia o sencillamente jamás han vivido. En tanto que estas dos muchachas jamás se debieran ir, igual que José Luis Sampedro, José Luis Borau que esta semana ingresa en la Real Academia, o ese portentoso buscador de mundos llamado Stephen Howking, que sigue vivo e investigando gracias a su voluntad de hacerlo, comunicándose con el exterior mediante el ordenador con solo el movimiento de los ojos, sin dejarse vencer por una enfermedad nerviosa degenerativa que ya le ha paralizado y dejado sin voz y sin palabra.

Darío Vidal

14/11/2008

 

       Edad de morir (14/11/2008 23:50)