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Publicado: 03/10/2008


 

LA TARASCA EN CELO


Resulta que la venenosa hidra asesina, la tarasca sanguinaria, la gomia que tantas veces ha inducido a cercenar la vida de inocentes y contribuido a que otros mataran fría, ciega e indiscriminadamente, quiere ahora parir. Esa zarrapastrosa estantigua preñada de odio y de rencor, que tantas vidas ha truncado, quiere dar la vida a un ser tan inocente como los que ella condenó. A no ser que su perversidad le inocule el odio en el huevo, desde el útero estéril de machorra que tiene que recurrir a la preñez prestada y asistida en la hora en que el organismo se niega ya a concebir.

Elena Beloki, dirigente de “Batasuna” y de “Xaki”, y por consiguiente responsable política de sus fechorías tal como su compañero Juan María Olano, que ha sido dirigente de las Gestoras Pro Amnistía y está también en prisión, no han tenido ocasión de engendrar una criatura. Así han estado de ocupados y de tal modo tienen las entrañas estériles y secas. Pero nunca es tarde. Cuando va a cumplir 47 años y tiene que permanecer 13 en prisión, la etarra acaba de tener una ocurrencia que le exima de la pena. Unos políticos inseguros e incapaces y algunos jueces pusilánimes y medrosos permiten que burle el encierro para que “la inseminen”. Y dado ese paso, ya algunos de ellos sugieren que no ingrese en la cárcel para que en ese estado no se deprima ni entristezca.

Tal vez esas cautelas humanitarias podrían tener algún sentido en una criminal, aunque dirigiese una banda que mata, si la hubiesen arrestado en estado de gravidez, pero facilitar a posteriori el embarazo de una delincuente para dar ocasión a que sus cómplices exploten los sentimientos de humanidad, comprensión y compasión, con que blindarla ante la sociedad biempensante y políticamente correcta, es del género idiota. Y es, sobre todo, una cara cobardía de hipócrita de los que quieren no hacerse visibles a los matones de la banda.

Por eso no se le deniega el tratamiento con cargo a las Seguridad Social de las posibles víctimas aunque es prácticamente ineficaz a su edad, pese a que la propia “Osakidetza” (Servicio de Salud) cifra en menos de 40 años el límite de las mujeres a tratar, y por eso su libertad no se limita a los días en que pueda determinarse si el embarazo se ha consumado, con los controles periódicos necesarios, sino que se propone prácticamente la libertad de la paciente sine díe, tal vez hasta el improbable parto mientras se repiten las inseminaciones.

Si una pobre “mechera”, si una mujercilla que hubiese pasado “maría”, si una desgraciada sin nombre hubiese tenido la audacia de expresar ese súbito deseo de maternidad, le habrían aplicado enérgicamente el empeine a las posaderas y la habrían restituido a su celda. Pero este es un caso distinto. Hay que permitir que la fiera procree para que, convenientemente adiestrada, su cría también se reproduzca, odie y mate.

Hay que garantizar la libertad y hasta el capricho de los parásitos. ¿Pero quién garantiza la libertad y la seguridad de los ciudadanos? ¿Los jueces tal vez?

Darío Vidal

03/10/2008

 

       La tarasca en celo (03/10/2008 22:32)