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Publicado: 26/09/2008


 

ESTRESAR ALGAS


Rodaba con la radio puesta, en esa especie de duermevela semiatenta, en esa suerte de indolente vigilia en que se sumerge uno cuando oye una emisora porque no se pueden escuchar las otras de pura lata que son, cuando, de pronto –y eso es lo bueno de la radio--, oí que algunos estaban investigando en algún lugar la posibilidad de crear alguna suerte de petróleo degradando ciertas algas. Un nuevo motivo para la estupefacción, en un momento no sé si de fe o incredulidad en que no pasa semana sin que se anuncian nuevos modos de energía, la detección de nuevas galaxias, otros enfrentamientos por la oposición Oriente-Occidente, amenazas de atentados de Al-Queda, novedosos remedios para el cáncer, fórmulas para controlar la galopante crisis financiera que nos aqueja, y un inevitable desastre planetario para el próximo siglo por causa del cambio climático producido por el hombre, que acaba de anunciar en Santiago de Compostela el físico británico Stephen Hawking a principios de esta semana.

A mi me parece que, por pura higiene mental, conviene blindarse el ánimo y ser un poco escéptico, porque de otro modo estamos condenados al pánico y la melancolía, que es como decían antes a lo que ahora llamamos depresión. Puesto que el científico inglés dice que, con lo que se está hallando, queda poco espacio para Dios, habremos de consolarnos diciendo que vamos a dudar de todo, incluidas las modernas teorías que nos quitan la esperanza en un ser mágico o real que hasta ahora llamábamos Dios y que constituía muchas veces la última instancia para continuar en este “convento”. Las religiones no nos han dado la dicha. Pero la nueva ciencia tampoco nos la va a dar y a la vez nos arrebatará la esperanza, igual que a los réprobos de Dante cuando accedían al Infierno, en cuya puerta se leía “Lasciate ogni speranza” .

En fin, que se me han quitado las ganas de bromear con las algas para sintetizar el petróleo. Aunque el sistema es como para encargarle una glosa a González-Ruano, a Jaime Capmany o a Paco Umbral. ¿Saben cómo es el proceso? Pues muy parecido al de aquel “chef” al que pidieron pato salvaje y, como no sabía qué bicho pudiera ser, se puso a cabrear a las gallinas. En efecto, según dijeron o yo pude entender, se trata de privar de luz a las algas durante ciertos momentos para que sufran anoxia y de privarles de alimento en otros para que se desnutran. Esa especie de tortura fitológica les crea, según parece, una suerte de “inseguridad”, “ansiedad” y estrés –así le llaman--, del mismo modo que si fueran empleados sometidos a acoso laboral, o amenazados por un expediente de regulación del empleo. Así es que las pobres se envejecen como el plancton carbonizado por la acción de los siglos y las bacterias anaerobias, en muy poco tiempo.

En fin, un prodigio del “mobing” botánico que nos acerca a la máxima optimista de que “no hay mal que por bien no venga”. De manera que si Hawking nos priva de Dios, algún otro asidero encontraremos si Dios quiere, para no desesperar y consolarnos.

Darío Vidal

26/09/2008



 

       Estresar algas (26/09/2008 00:50)