Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 26/09/2008


 

ESTRESAR ALGAS


Rodaba con la radio puesta, en esa especie de duermevela semiatenta, en esa suerte de indolente vigilia en que se sumerge uno cuando oye una emisora porque no se pueden escuchar las otras de pura lata que son, cuando, de pronto –y eso es lo bueno de la radio--, oí que algunos estaban investigando en algún lugar la posibilidad de crear alguna suerte de petróleo degradando ciertas algas. Un nuevo motivo para la estupefacción, en un momento no sé si de fe o incredulidad en que no pasa semana sin que se anuncian nuevos modos de energía, la detección de nuevas galaxias, otros enfrentamientos por la oposición Oriente-Occidente, amenazas de atentados de Al-Queda, novedosos remedios para el cáncer, fórmulas para controlar la galopante crisis financiera que nos aqueja, y un inevitable desastre planetario para el próximo siglo por causa del cambio climático producido por el hombre, que acaba de anunciar en Santiago de Compostela el físico británico Stephen Hawking a principios de esta semana.

A mi me parece que, por pura higiene mental, conviene blindarse el ánimo y ser un poco escéptico, porque de otro modo estamos condenados al pánico y la melancolía, que es como decían antes a lo que ahora llamamos depresión. Puesto que el científico inglés dice que, con lo que se está hallando, queda poco espacio para Dios, habremos de consolarnos diciendo que vamos a dudar de todo, incluidas las modernas teorías que nos quitan la esperanza en un ser mágico o real que hasta ahora llamábamos Dios y que constituía muchas veces la última instancia para continuar en este “convento”. Las religiones no nos han dado la dicha. Pero la nueva ciencia tampoco nos la va a dar y a la vez nos arrebatará la esperanza, igual que a los réprobos de Dante cuando accedían al Infierno, en cuya puerta se leía “Lasciate ogni speranza” .

En fin, que se me han quitado las ganas de bromear con las algas para sintetizar el petróleo. Aunque el sistema es como para encargarle una glosa a González-Ruano, a Jaime Capmany o a Paco Umbral. ¿Saben cómo es el proceso? Pues muy parecido al de aquel “chef” al que pidieron pato salvaje y, como no sabía qué bicho pudiera ser, se puso a cabrear a las gallinas. En efecto, según dijeron o yo pude entender, se trata de privar de luz a las algas durante ciertos momentos para que sufran anoxia y de privarles de alimento en otros para que se desnutran. Esa especie de tortura fitológica les crea, según parece, una suerte de “inseguridad”, “ansiedad” y estrés –así le llaman--, del mismo modo que si fueran empleados sometidos a acoso laboral, o amenazados por un expediente de regulación del empleo. Así es que las pobres se envejecen como el plancton carbonizado por la acción de los siglos y las bacterias anaerobias, en muy poco tiempo.

En fin, un prodigio del “mobing” botánico que nos acerca a la máxima optimista de que “no hay mal que por bien no venga”. De manera que si Hawking nos priva de Dios, algún otro asidero encontraremos si Dios quiere, para no desesperar y consolarnos.

Darío Vidal

26/09/2008



 

       Estresar algas (26/09/2008 00:50)


Publicado: 25/09/2008


 

JUECES SIN PARTIDO


La sociedad española esta conmocionada ante el caso del juez Carlos Dívar porque es un señor al que no se le conocen vicios, ni amigos, ni enemigos, ni ruindades, ni afinidades políticas. Se rumorea, eso sí, que es católico practicante y que va con frecuencia a comulgar. Una cosa hasta ahora mismo frecuente en España pero que es ahora un motivo de alarma entre algún sector del respetable. Señor ¿pues no se ha dicho que ni el pensamiento ni el sexo ni la religión supondrán traba alguna para el ejercicio profesional de los ciudadanos? Si fuera maoísta, espiritista, masón o hare-krishna no habría despertado tantos recelos. Y eso a pesar de que se le reconoce como persona culta, de cortesía exquisita y trato amable, que es lo que en realidad debe alarmar entre la garrulez ambiente. (“Joder, tío, que viene un juez que da los buenos días, cede el paso, y no blasfema ni eructa”. “Hostia, ¿y de donde han sacado ese ejemplar...?”) En algunos círculos comentan con asombro que no pertenece a ningún partido. “¡Ya será 'facha'!” --malicia un avisado. Y es que, claro, alguien tiene que tener detrás para que le aúpen a uno así.

Es “el extraño caso del juez que no pertenecía a ningún partido”. El juez que no debía favores, el juez sin compromisos, el juez independiente. Un título de novela para Miguel Mihura. Y ya ven, esa condición debería ser indispensable para impartir Justicia con justicia, con rigor y con equidad. Pero entre nosotros constituye un contrasentido, una rareza.

Sorprende hasta qué punto se ha subvertido el valor de las cosas de un tiempo a esta parte. En otro tiempo hubiese resultado escandaloso que un funcionario público se declarase partidario de un partido, valga la redundancia, y ahora no solo no nos sorprende sino que admitimos que se nombran por cuotas como los miembros de algo tan serio como el Consejo General del Poder Judicial, que, por ser tan serio, fija en sus estatutos que sus componentes han de ser apolíticos.

Por supuesto que nadie es quién para impedir a una persona que tenga sus propias ideas y su criterio formado sobre las cosas; ni siquiera el Estado. Pero sí puede demandar que cada cual reserve sus ideas para la hora del voto. No es una ingenuidad. Es una delicadeza, cuando se trata de personas que tratan con otros --excepción hecha de los políticos profesionales que es lógico y natural que exhiban su militancia-- y más si pueden influir o incidir en los demás. Nadie contrataría a un camarero que dijese: “Yo no saco el café a un tío del partido Tal porque los de ese partido son unos ladrones”. Ni al que dijera: “Que vayan preparándose los del partido Cual si ganamos las próximas elecciones”. Un elemental instinto mercantil desaconsejaría tales alegrías de “librepensamiento”.

Es muy probable, casi seguro, que el juez Carlos Dívar tenga su opinión y sus preferencias. Naturalmente. Pero será muy inteligente que, a la hora de aplicar la Ley, se atenga exclusivamente a la norma, como ha venido haciendo hasta hoy. Y esto es lo que habría que pedir a los funcionarios y sobre todo a los de la Justicia: Piensen ustedes lo que quieran, pero que no se les note. Sería su mejor servicio a la Democracia.

Darío Vidal

25/09/2008


 

       Jueces sin partido (25/09/2008 21:34)


Publicado: 23/09/2008


 

MORATINOS EN EL CIRCO


Un presidente con dignidad, un ministro de Exteriores con vergüenza, y un país que se preciase –o sea uno que no fuese España--, no habría tolerado que la repatriación de unos inmigrantes ilegales se hubiese convertido en un bochorno planetario. No es de recibo escudarse en que no se puede negociar con países sin formalidad y sin cultura, en los que todos quieren poner la mano. Una nación seria tiene que prevenir cualquier eventualidad y tener planes B, C y D para afrontar hasta la más impensada contingencia.

Qué sentido tiene que vinieran a España representantes del país de origen para conocer e identificar a sus connacionales retenidos aquí, y qué haber negociado, pactado y acordado las contrapartidas –que las habría-- para volver a hacerse cargo de ellos. Inaceptable. ¿Qué hubiera hecho Francia, qué Inglaterra es un caso así?

Lo de menos, con ser mucho, es tragarse a los inmigrantes ilegales. Lo grave es hacer el ridículo en todas las cancillerías del mundo poniendo de relieve la miseria de nuestros recursos, la incapacidad de nuestra política --por llamarla de algún modo--, y la mediocridad de los cerebros –si es que hay alguno--, que idean, inspiran, conducen y orientan nuestras relaciones exteriores. Cómo han de tenernos en cuenta quienes presencian estos tristes espectáculos. Al mínimo e inefable Moratinos, conocido asimismo por Mantequilla, ínfimo paladín de las estrategias zapateras en el Tercer Mundo, le vendría grande la adjuntía al agregado de canciller en la embajada de Palikir, en lo más perdido y profundo de la Micronesia. Porque no es posible hacerse creíble ni respetable, con una mirada suplicante de perpetua sumisión y perplejidad, y el gesto de un anélido carente autoestima.

Uno de sus méritos consistía, según parece, en que hablaba swahili. Mas también lo hablan en Bujumbura y Dodoma, por no referirnos a las tribus y aldeas de las riberas del Tanganyka, y eso no les capacita para ser ministros de Exteriores. Aquí tampoco como se echa de ver. Y como la probada cerrazón, terquedad y contumacia castellana --”mantenella y no enmendalla”-- de su jefe Zapatero el del Talante, no nos autoriza a pensar que vaya a cesarlo, habrá que pedir a su partido que transfiera la presidencia a otro militante como por ejemplo, a María Teresa Fernández de la Vaga, y que ella elija a un jefe de la diplomacia con un cierto decoro patriótico y una pizca más de olfato, oficio, experiencia y mano izquierda. Su gestión hasta ahora podría haberla mejorado el conserje de casa, que no pasa de Graduado Escolar. Dicho sea con todo respeto a nuestro conserje, que no se ha graduado en la Escuela Diplomática ni habla idiomas exóticos.

Que no nos distraiga ZP moviendo los hilos de la señorita Aido con sus leyes de Igualdad, normativas sobre abortos, o campañas de exhumaciones cadavéricas, que es una macabra actividad contraria a las obras de caridad. Y que se preocupe y ocupe de la recesión económica para idear soluciones; que se dedique a solucionar los cientos de problemas que nos acucian y no a inventar otros que no nos desvelan. Y finalmente que reemplace a Moratinos por un diplomático normal –de los que han recluido en oscuras oficinas-- para que oriente nuestra política exterior con criterio, con habilidad, con mano de dama pero con firmeza. Y sobre todo con eficacia.

Darío Vidal

23/09/2008

 

       Moratinos en el circo (23/09/2008 23:57)


 

EL AYUNO DE 'PIRATA'


Alguna vez les he contado que tengo una perra albinegra y mimosa, una suerte de cojín de dócil plumón, una especie de osito de peluche que pocas veces se encrespa y porfía como si fuera una perra de verdad. Las más se adormece apoyada en mi pie como una gata. Le llamo Pirata porque tiene uno de sus ojillos apenas visible entre una fronda de pelo azabache como los parches de los bucaneros tuertos, pero igual le podía haber llamado Torera porque tiene la frente y las colgantes orejas negras como una montera. O haberla llamado eso, Montera, que habría sido mas certero.

Con los nombres de los animales nos sucede como con los de los hijos, sin pretensión de comparar: que les ponemos nombre antes de saber si van a concertar en género y número con su temperamento. El caso es que mi tierna, mi dulce, mi afable, mi cariñosa Pirata, que solo se desmanda y muerde cuando jugamos y pierde el sentido de la medida y el tiempo como los niños, me da una lección cada día.

Estas jornadas, a medias por el calor y las tareas que se habían quedado rezagadas y preteridas, apenas he comido. Y veía que Pirata parecía desmejorada y macilenta. Languidecía. Hasta que hoy me he dado cuenta de que tampoco ella había comido. Como yo no probaba bocado, ella ayunaba. Parece que quisiera expresar su solidaridad conmigo, su apoyo a no sabía qué, pero que debía de ser una causa justa puesto que era la que yo elegía. “¿Pero se puede saber por qué no has comido? ¿No te das cuenta de que si no comes vas a morirte, insensata? Y ella me miraba atentamente torciendo la cabeza o un lado y otro como esforzándose por entender, aunque estaba entendiendo la infinita dulzura que ponía en mi voz, que es más importante que las palabras, mientras agitaba frenéticamente la cola rizada como un surtidor de jardín. No se puede explicar la profunda ternura que este bicho me inspira, ni la idea de leal amistad que me comunica. Sé que puede parecer que desvarío y estoy dispuesto a cambiar las palabras para no atribuir a un animal “sacrílegamente” los más nobles sentimientos de las personas. Pero defenderé que un ser que toma partido por alguien, sin conocer obviamente las razones de la elección que él secunda, contraviniendo incluso la llamada del instinto y la proverbial sensación de hambre “canina” que le acomete, merece antes la consideración de amigo que el noventa por ciento de los humanos a los que damos ese nombre.

Cuando ha visto que me servía algo de comer y ponía la música, “Pirata” ha roto el ayuno y se ha dedicado a comer con fruición, alzando de vez en cuando la mirada mientras se relamía el hocico.(“¿Verdad que está rico?”).

Ahora está a mis pies sesteando, y de vez en cuando lanza un largo, un profundo suspiro de satisfacción, entreabriendo un ojo. Entiende que el mundo está en orden. Ha permanecido unos días malcomiendo o sin comer como yo hacía, porque era tiempo de no comer. Ahora que se puede, lo hace conmigo, con su amigo y ha comido deleitosamente. En este momento dormita a la sombra difusa de un estor, apoyando la leve cabecita despeinada en mi zapato con el rumor de voces y los olores familiares.

Me dirán que los perros no piensan estas cosas. Nosotros tampoco, pero las sentimos. Como ellos.

Darío Vidal

18/09/2008

 

       El ayuno de Pirata (23/09/2008 23:38)


Publicado: 15/09/2008


 

LOS JUECES SE HAN VUELTO LOCOS


El Consejo General del Poder Judicial, que está agotando su gestión en espera de que tome posesión el recientemente nombrado, ha querido dejar al que le suceda el terreno expedito y libre de la fea sospecha de partidismo, corporativismo, sectarismo y parcialidad. Tal vez para hacerlo bueno. Pero no era precisa tal abnegación.

El caso es que “en horas veinticuatro”, lo que queda del antiguo CGPJ ha despachado la chapuza del juez Tirado con 1.500 eurillos de multa, 250.000 pesetas para que me entiendan. Eso es lo que cuesta a los jueces –a criterio de los jueces-- una falta grave por la negligencia de no haber hecho ingresar en prisión al despreciable Santiago Del Valle, condenado por violar a su propia hija, lo que posibilitó que mientras tanto violase y asesinase a Mari Luz Cortés.

Y, en el mismo acto, el CGPJ saliente sancionó por una falta calificada de “grave” como la anterior, a un juez desaliñado que seguía dictando sentencias mientras utilizaba los lavabos con la bonita multa de 7000 euros. O sea que hay gravedades graduales, calificadas con tanta subjetividad que van desde los 1.500 euros por no encarcelar al culpable de un crimen repugnante, que quedó libre para delinquir nuevamente y asesinar esta vez a su víctima, a otras gravedades al parecer más graves --de 1.500 a 7.000 euros-- por hurgarse la nariz, tener mal aliento, dictar mientras se hace pipí y ser desatento con los funcionarios. Que yo no digo que no merezca un apercibimiento privado pero que no puede compararse al caso de Mari Luz. Ni tampoco parece creíble que el mismo CGPJ dejase impune la imprudencia y el comportamiento negligente del juez que, contra el criterio de la Fiscalía, concedió un permiso carcelario al abogado Emilio Rodríguez Menéndez, recluso peligroso y fuguista reincidente.

Si los delincuentes que la policía detiene no caben en los cuartelillos y salen por la otra puerta después de declarar –y haber proferido muchas veces amenazas contra sus denunciantes--; si la Legislación es tan comprensiva y benevolente con los que la contravienen; si el Gobierno es tan demagógico y garantista que los verdaderos amenazados son los ciudadanos decentes que son por el momento los más, y nadie se ocupa de que ingresen en prisión los criminales convictos, juzgados y condenados, o se les da vacaciones aunque tengan antecedentes por reincidencias, fugas y sobornos, y finalmente el órgano rector y la instancia disciplinaria de la Judicatura es tan comprensiva, tan cómplice, tan corporativista y “coleguilla” de los jueces por encima de todo pudor, de tal manera que a los dispensadores de Justicia no los juzgue más que el Cielo, entonces va a ser cuestión de promover aquellos tribunales populares de aficionados del Lejano Oeste, con la esperanza de que, por lo menos, se imponga el sentido común que es lo que parece que les falta a los actuales responsables del tinglado.

Descontados el revanchismo y la venganza, que por supuesto tienen poco de jurídico, de equitativo y de justo, no es posible que la técnica jurídica diste tanto del sentido común de la Justicia y los veredictos descontenten tantas veces a tantos.

Darío Vidal

15/09/2008

 

       Los jueces se han vuelto locos (15/09/2008 23:46)


Publicado: 09/09/2008


 

VAYA MIERDA


Vaya mierda. Vaya mierda, con perdón. Todo lo que son capaces de consensuar los mediocres politicastros de este desdichado país, deja tamañito al Parto de los Montes. ¿Recuerdan ustedes la fábula?

Pues nada: que un día los bosques y los campos, las dehesas y los huertos se despertaron con el sobresalto de un intermitente estremecimiento de la tierra, un temblor persistente acompañado de estremecedores gritos, voces penetrantes, insistentes gemidos capaces de poner espanto en el ánimo y quebrar la determinación del más valiente. “Qué sucede”, se preguntaron hombres y animales. Y una voz medrosa advirtió: “Recogeos todos, que los Montes están de parto y se teme que alumbren un monstruo gigante, voraz y carnicero”.

Todos se pusieron a resguardo hasta que cesó el estrépito, el temblor y los gritos. Y cuando el más audaz se asomó a la falda de los montes venciendo el miedo, vio a un atemorizado ratoncito tembloroso y muerto de frío.

Pues bien, eso es lo que han parido socialistas y populares al consensuar la lista del Consejo General del Poder Judicial después de dos años de quejidos lastimeros, gritos lacerantes y rugidos sobrehumanos. Una mierda. Una mierda inservible para el Estado, concebida al margen de sus intereses e insensible a la traición que está minando sus fundamentos. Un obsequio de tómbola al PNV y a CIU por parte del acomodaticio PSOE y el cobarde PP encaramados en la desconfianza mutua. Con la actual configuración del CGPJ se consolida el poder decisorio de seis millones de separatistas catalanes y vascos contra cuarenta y cinco millones de españoles --incluidos catalanes y vascos--, que son, se sienten y quieren seguir siendo decididamente españoles.

Zapatero auxiliado por Rajoy como un acólito servil, ha consentido que los miembros del Consejo pertenezcan a sus respectivos partidos o a asociaciones partidistas –a pesar de que fue creado para evitar interferencias de la política en el terreno de la Judicatura-- Así que serán nueve miembros del PSOE y otros tantos del PP. Y dos miembros de los partidos nacionalistas PNV y CIU. Con lo que esos dos miembros serán los que inclinen las decisiones de los 9 + 9 restantes, y habrá que portarse bien con los nacionalistas.

A los que no somos expertos en Leyes nos parece, entre otras cosas, un fraude de ley o una decisión inválida de pleno derecho, porque repartir cuotas de poder según ideologías en una institución en que están excluidos los partidos es una burla o si se prefiere un sarcasmo.

Así es que si unimos al pasteleo la impudicia de mostrarlo, mejor será que en lo sucesivo nos ahorremos la molestia de votar y el sonrojo de sentirnos estafados, engañados y burlados. Ahora ya sabemos sin ampararnos en la duda, que el Consejo General del Poder Judicial no está al servicio de los ciudadanos sino de los partidos dominantes, para repartirse la razón con el arbitraje imparcial de los separatistas. Para eso dos años de pugnas, insultos, denuestos y bravatas. Confío en que los militantes honestos de una y otra formación sientan vergüenza y los jueces independientes e imparciales, desprecio como nosotros.

Para un anémico ratón raquítico, inválido y medroso, tanto aspaviento. Que mierda, amigos míos.

Darío Vidal

09/09/2008

 

       Vaya mierda (09/09/2008 14:27)


Publicado: 03/09/2008


 

ESPAÑA HUELE A CEBOLLA


Cuando el verano moroso se empereza y el calor nos permite ya percibir otras sensaciones, puede detectarse el aroma del aire. Y el observador menos atento puede descubrir que las calles de nuestros pueblos y los zaguanes de las honestas casas de comidas no huelen a la contundente “fritanga” con acento de mil cosas que detestaban los “guiris” ignorantes –torreznos, pisto, costillitas, empanadillas, fritadas, firigolla, roscones de sartén o sartenada de mondongo-- sino que atufan a cebolla insípida, dulzona, saciante y poderosa, a la cebolla hervida de hospicios, internados y cuartelas de los años del hambre; a aquel condimento para no comer que nos hacía temer ir al internado con que nos amenazaban por no estudiar o hacer novillos.

Era la triste cebolla de Miguel Hernández que aparecía cuando la incuria administrativa y culinaria de los hospitales o el Auxilio Social no hacía por enmascarar la pobreza de recursos de los hogares, como aquellas abnegadas amas de casa que porfiaban, peleaban y discurrían para obsequiar a los suyos con aromas y sabores que hicieran parecer distintos los reiterados alimentos del Racionamiento de cada día.

El aire de España huele a mugre, a miseria y a pobreza, que es el hedor detestable de los “fast-food” en otro tiempo patrimonio de internados, hospicios y cuarteles, establecimientos en que no se cocinaba para el deleite de los comensales sino para remediar la hambruna del personal. Y por lo visto, la manera más eficaz, económica y satisfactoria de saciar el apetito es administrar a los comensales cebolla cocida a pasto, ese honesto bulbo jugoso, salutífero, desinfectante renal y diurético, pero insufrible si no se administra con tino. Este es el presente ultramarino con que nos obsequian los “cow-boys”, junto al inefable “ketchup” y las palomitas de maíz que por fortuna casi no huelen. El aire de España huele, desde hace unos años, al cuarto del cerdo, la zahurda o “la corte” --como decía en Aragón algún republicano recalcitrante-- en que mi abuela y sus asistentas colocaba todos los días el “gazpacho” --con perdón del delicioso y sabio gazpacho del Sur-- que cocinaban con patatas cocidas, panizo, frutas pasadas de sazón, mondas, peladuras o “pelarzas” de todo lo mondable y cebollas, muchas cebollas, cuyo aroma plebeyo y ramplón se imponía a todos los demás

Así como el aire de las calles del norte de África sabe y huele a espacias aperitivas y fragantes, el del sur de Francia a hierba segada y vino del año, y España a paja, fruta y trigo, ahora lo impregna todo la fetidez indisimulada y obscena de la cebolla hervida, humeante y fecal, que es la que le cuadra a la comida basura. Ni los figones menos exigentes de antaño se hubiesen atrevido a tan provocadora y disuasora invitación a la huida. Pero en el arrabal de la prosperidad insultante, cuando la recesión amenaza con poner fin al sueño utópico del progreso sostenible, nos orientamos para hallar lugar donde comer, por el olor infame, ordinario y detestable de la triste cebolla hervida, si acaso con un ligero aroma de rojo “achiote” maya oxidado del que usan los “indios coloraos” para teñirse, y que ahora invade con su agrio eructo, para gozo de todos, hogares, calles, restaurantes y avenidas.

Darío Vidal

03/09/2008



 

       Espaņa huele a cebolla (03/09/2008 19:44)