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Publicado: 12/07/2008


 

MAS PATERAS


Mientras los bañistas invaden las playas, este año sin desbordar alegría, las olas nos dejan los restos del naufragio del Sur. Los despojos de un Continente empobrecido por la despiadada avaricia y el egoísmo inhumano de sus vecinos del norte, que han esquilmado durante siglos sus recursos y sus hombres, deportados como esclavos para colonizar el Nuevo Mundo.

No sé hasta que punto los europeos somos responsables del hambre de África, pero somos cuando menos culpables de que no haya sabido remontar las condiciones adversas de la Naturaleza y el clima mediante su propio impulso. La hipócrita experiencia colonial sobre todo con los negros se limitó a darles peces, pero no a enseñarles a pescar. Otra cosa fue la actitud de los costeños del Mediterráneo, en perpetuo contacto con Europa y más inclinados a guerrear y piratear que a acometer una actividad productiva. Pues hay que distinguir entre los islamistas norteños que no han querido, y los animistas del sur que no han podido, y para los que la colonización supuso una catástrofe histórica y un fraude económico.

Pero los europeos ya hemos comenzado a pagar la deuda de humanidad contraída desde hace tres centurias por lo menos con los hombres negros, a los que después de calificarlos de “morenos” y “personas de color” llaman ahora “subsaharianos” para negar tardíamente la connotación de racismo y la culpa como si “la negritud” fuese una lacra, remitiéndonos a la inocente condición geográfica para no tropezar con los no superados prejuicios étnicos.

Mas la contrición de las palabras no nos exime de la responsabilidad histórica, el pecado contra el hombre, ni el desdén por el color de su piel. Ahora ya es tarde. Pero todos los días se quedan desairados, ante la puerta que les cerramos, una legión de estas personas a las que un día hicimos esclavos de plantación y mano de obra gratuita.

Los que entonces no convertimos en ganado se han multiplicado y vienen a demandar la parte que les corresponde por el sacrificio de sus abuelos: las deudas de la vida como las del juego se pagan irremisiblemente. Y están aquí sin que les podamos dar la espalda, aunque nuestro empedernido corazón no se conmueva con la deforestación de sus selvas y el hambre que les dejamos en herencia, ni se conduela por los que llegan tan azarosamente o se quedan bajo el mar para alimento de los peces. Como los nueve niños menores de cinco años que fueron tirados por la borda de una patera a la deriva sin combustible, comida ni agua, esta semana porque habían muerto, o los dos bebés de pocos meses que perecieron cuando una ola gigante se los llevo con su madre al mar, y ella no se resigna a reconocer que los ha perdido a la vista de la costa después de haber cruzado Africa durante meses caminando de norte a sur y haber cedido a la humillación, a las violaciones sucesivas, al hambre y la sed. Todo para nada.

Alguien dijo hace tiempo lo que el Presidente manifestó públicamente hace unos días con toda cordura: que Occidente debía contraer el compromiso de apoyar el desarrollo de Africa como no hizo el Colonialismo, y ello si no por razones de justicia, por puro egoísmo. Ojalá. Pero la vieja Europa, bruja y ajada alcahueta puta pintarrajeada, lleva tiempo sin entender nada, tanto de esto como del cambio climático.

Darío Vidal

11/07/2008

 

       Mas pateras (12/07/2008 00:20)