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Publicado: 22/06/2008


 

INOCENTES FORZANDO LA PUERTA


Mas de medio centenar de subsaharianos a la carrera han penetrado en tromba por la frontera melillense con Marruecos blandiendo piedras y palos con la determinación de los desesperados, a las cuatro de la madrugada de hoy primer domingo de verano de 2008. Antes, en las veinte horas precedentes han arribado a las costas andaluzas una patera con otros setenta negros o otra con treinta más. El continente africano tan vorazmente esquilmado y maltratado por los europeos, es desde hace años una botella de cerveza a punto de derramarse: una olla a presión en trance de estallar.

Mientras en la tierra prometida que se abre al norte del Mediterráneo hacia el brumoso y frío Septentrión nos entretenemos con empeños artificiales y objetivos inventados tales como ganar la Copa de Europa de fútbol o situar en los mejores puestos a sus pilotos de Fórmula Uno, los inocentes que huyen del Sur no tienen ocasión de distenderse con actividades lúdicas, porque su propósito es simplemente sobrevivir, comer una vez al día y hurtarse al hambre endémica que se está agravando con los despiadados juegos bursátiles de los frívolos “blancos” de siempre, y unos advenedizos musulmanes del desierto de cuyos pies ha brotado un líquido más preciado que el oro sin mérito ninguno de su parte, que les permite alcanzar los caprichosos arbitrarios de los fastuosos visires de sus cuentos.

Los tristes invasores de piel oscura probablemente no albergan malos sentimientos hacia los blancos invadidos, ni saben que estos han diagnosticado su mal y conocen ya los medios de remediarlo. Pero cuando sepan que también estamos en condiciones de rescatarlos de la hambruna y la miseria, dedicando parte de nuestro dinero mal ganado a dotarles de explotaciones agropecuarias, agua tratada, centros sanitarios y escuelas, ese día se romperá el mundo. Por eso tal vez algunos prefieren que se mueran y alimentan conflictos como el de Darfur. De ese modo amplían el mercado de productos de primera necesidad con la golosina de manufacturas ideadas para el Poder como son las armas de guerra. Mas algunos nos acusan ya de ser los emponzoñadores del “ezbolá” y los causantes del VIH, ideado por los EE.UU para aniquilarlos. Así explican por qué la industria farmacéutica no quiere proveerles de medicinas y vacunas si no pagan, sabiendo que ellos no tienen con qué.

Unos setenta hombres desesperados acaban de penetrar por la frontera de Melilla después de meses –tal vez años--, de caminar sin descanso por selvas y encharcados pantanales infectados de paludismo, poblados de insectos y alimañas en ocasiones mortales, de atravesar desiertos en los que el peor enemigo no son las bestias, las fieras y la fiebre. Este grupo es lo que queda de centenares de seres que partieron hacia la salvación y se quedaron en el camino; jóvenes cuyos restos son devorados por los gusanos y las moscas mientras se funden en comunión con la tierra. Y unos negros –poca cosa-- que cuando creían haber llegado a la meta, los han arrestado o están siendo buscados por todos los rincones del territorio --mientras España se enfrenta a Italia en Austria entre los cánticos de alegría de fanáticos y “tiffosi”--, para deportarlos de vuelta a su país. Tal vez no puedan quedarse pero es injusto expulsarlos. Habrá que desperezar a los políticos.

Darío Vidal

22/06/2008

 

       Inocentes forzando la puerta (22/06/2008 17:49)