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Publicado: 13/06/2008


 

IGUALDAD DISCRIMINADA


Mi querida doña Bibiana: es usted una mina. He leído con alguna calma las declaraciones que hizo en el “Congreso de los Diputados y las Diputadas” y promete depararnos hilarantes jornadas de esparcimiento y holgorio en competencia con su coterránea doña Magdalena Álvarez, que en relación con los problemas es como la miel para las moscas: que se quedan “presos de patas en ella” sin poder desembarazarse de ninguno. Solo que ella está aquerenciada y ha desarrollado sentido, tiene más trapío y posee una imagen más bronca y voz de caporal, en tanto que usted es como una gacela Thomson inquieta y juguetona, que pasaba por ahí al azar, y a la que Chaves ha querido gratificar incorporándola al grupo de “el cupo”. El caso es que entre una y otra van a hacer las delicias, por lo menos, de los periodistas parlamentarios.

No desearía dedicarme a sus ocurrencias de manera monográfica como llevo camino de hacer, ni escribirle una suerte de contra-blog, peri-blog o para-blog, porque usted ya lo hace muy bien. Pero es que Su Señoría (o Su Señorío) resulta irresistible y no va a ser fácil sustraerse a la provocación.

La primera cuestión que habría de plantearse –y no es un desaguisado que deba atribuírsele a usted aunque se lo encuentre ahí-- es si es justo, ecuánime, igualitario, democrático y lo que es más grave, constitucional, que la pena que grava una culpa sea distinta para un moro o un cristiano, un negro o un blanco, un homosexual o un heterosexual, un español o un comunitario, un europeo o un asiático. ¿Qué me responde? Porque lo mismo puede decirse si el criterio punitivo se funda en el sexo. El que delinque, sea quien sea, ha de ser reprimido según su culpa. Así de sencillo.

Sus santas compañeras mártires responden que los machos son más proclives a las actitudes violentas. Pues muy bien: en el pecado llevarán la penitencia. Y si reinciden, con recargo. No es de recibo la tesis de algunos que confunden la Democracia con el tocino, según la cual una vez purgado el delito, pelillos a la mar. No. El penado debe quedar limpio por completo si se rehabilita; pero si reincide deben pesar sobre él los antecedentes como una losa. Así es que si los delincuentes de género repiten, leña al mono, con el agravante de reincidencia. Pero que un mismo hecho sea tipificado como “falta” si lo comete una mujer y como “delito” si lo comete un varón, en virtud de una llamada “discriminación positiva” es algo que daría risa si no fuese asunto tan serio. Eso, Señoría (o Señorío) es algo que no lo suscribirían ni en Zululandia. Por eso ha sido el hazmerreír en los ámbitos jurídicos del Continente, y abunda en el prejuicio machista de que las mujeres carecen de sentido de la Justicia, de la equidad y la sindéresis. Y ha sumido en el ridículo y el descrédito a la Sección Femenina zapatera. Flaco servicio a la acusa.

Pero vayamos a lo que usted ha dicho. Se propone desarrollar hasta las últimas consecuencias la Ley contra la Violencia de Género, impulsar la Ley de Igualdad, e iniciar la redacción de la Ley Integral de Igualdad de Trato, para erradicar la discriminación por causa de las discapacidades, de la edad, la raza, la religión o el sexo. ¡Ahí te quiero, escopeta! La señora Aído está abocada a la esquizofrenia si no suprime la idea de “discriminación positiva” --para otros, negativa-- de la primera de ellas, para hacerla compatible con la lógica, la equidad y la Constitución. Mal rollo, piba.

Darío Vidal

13/06/2008

 

       Igualdad discriminada (13/06/2008 00:49)