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Publicado: 03/06/2008


 

UN POLIZÓN EN EL ARMARIO


¡Cielos, que asco: una mujer! --dijo estremeciéndose el dueño de la casa al abrir un armario. Y es comprensible. Porque que salga una cucaracha, mal; que salga un ratón, peor; que salga un cadáver como en el chiste de la abuelita, horroroso; pero que aparezca una contribuyente con rulos y todo, varios bidones de agua y un colchón enrollado, es para morirse del susto.

El caso es que, como la inquilina del armario era japonesa y el que pagaba el alquiler también, no se entendían y el que jugaba en campo propio llamó a la policía. “Pero, señora ¿a usted le parece correcto vivir en el armario de un caballero, y más si es desconocido?” “Pues, mire usted, la verdad es que no me lo había planteado, pero, tal como está la vivienda, una se agarra a lo que puede, que no crea que yo estaba cómoda: en cuanto oía la llave de la puerta apagaba el televisor y desaparecía en el armario”.

Pero comencemos por el principio. Japón es uno de los lugares con mayor densidad de población, alquileres más caros y apartamentos mas pequeños del mundo, con estancias separadas únicamente por biombos. Mas de 127 millones de almas se aglomeran en los 377 mil kilómetros cuadrados que no ocupa el agua y los honestos matrimonios con hijos tienen que alquilar un dormitorio en algún honorable meuble ad hoc regularmente para abandonarse con alguna intimidad al retozo carnal. No es de extrañar que los japoneses se caigan por los acantilados al menor descuido. Y así, muy muy apretados, y viviendo algunos en el armario de otros, cada kilómetro cuadrado sustenta a 336 habitantes. En tanto que en la superpoblada Alemania viven en ese espacio 230 moradores, 198 en Italia, en Francia lo hacen 96, y en España vivimos 89 por kilómetro cuadrado y aún así nos estorbamos.

Navegan en una flota de tres mil islas en torno a cuatro portaaviones, el Honshu, el Hokkaido, el Shikoku y el Kyushu, costeando Rusia, Corea, y China, rumbo a ninguna parte porque le cierran el paso hacia Poniente y Septentrión, así es que yendo siempre al encuentro del sol y a fuerza navegar hacia el Oriente se encuentra a Poniente con el Continente Americano, que así es de relativa, movediza y misteriosa la magia de las cosas.

Mas vayamos al inicio para acercarnos, porque mirando a esta distancia lo lograremos ver a los protagonistas de esta historia que ha sucedido en la ciudad de Fukuoda situada en la más meridional de las cuatro islas mayores.

Hacía meses que el propietario del piso, un desempleado de 57 años ... no notaba nada. Ni siquiera la presencia intuida de otra persona --así era de limpia, hacendosa, ordenada y primorosa la asaltante, una joya de mujer de 58 años--, pero con la relajación y la confianza, el varón, que no tenía los ojos cerrados aunque lo pareciera a primera vista, fue percatándose de que la nevera se vaciaba más deprisa que antes. Pensó que era aprensión: achaque de la soledad y la inflación. Pero un día debió hacer una señal en la botella de sake y contar los granitos de arroz, y, sin decir nada a nadie, emboscó varias cámaras de vídeo en el mínimo recinto –ardua tarea sabida la sobriedad y la escueta y diáfana decoración que tanto gusta en el país-- y hete aquí la gran sorpresa. Lo peor es que todo acabó mal. Llamó a la policía y se restableció el orden: o sea, él condenado definitivamente a la soledad, y ella malversando mimo, delicadeza y primor en la cárcel. Qué calamidad.

Darío Vidal

03/06/2008

 

       Un polizón en el armario (03/06/2008 10:16)