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Publicado: 02/06/2008


 

SAHARAUIS ESPAÑOLES


“Yo nací español y fui a la escuela de mi pueblo mientras había una bandera de España; haré todo lo que pueda para no morirme marroquí”,- decía por la radio uno de los saharauis que acababan de obtener el D.N.I en la policía de Córdoba.

No sé hasta qué punto ésta manifestación será sincera, aunque aquí no ocultamos nuestros sentimientos hacia los hijos del desierto cuyos niños son acogidos como propios, verano tras verano, en los hogares de la Península. Otra cosa es el comportamiento de los políticos tan de espaldas a nuestros sentimientos. Pero son muchos los testimonios de reconocimiento hacia la antigua metrópoli o por lo menos hacia su gente. No sabremos en mucho tiempo si les traicionó el franquismo declinante delegando en el ministro José Solís Ruiz, representante de los intereses privados de la dinastía alauí, quien se dirigía “de cordobés a cordobés” al rey Hassán II de Marruecos; si les abandonó la torpe y medrosa diplomacia española que no supo defender su territorio; o si fue la delicada coyuntura de la transición lo que no permitió dar cauce a una descolonización que nos infama. Pero España está obligada a defender los legítimos intereses de los saharauis uno a uno, y del Sáhara en su integridad, favoreciendo el referendum aplazado “sine díe” por las maniobras dilatorias del vecino del sur que infiltra familias marroquíes en el desierto para desvirtuar la consulta, si finalmente se produce, por lo que tenemos la responsabilidad de denunciar la pasividad, la lenidad y la ineficacia probada de la ONU que se muestra como una institución enmohecida, costosa, sin autoridad e inútil, cuando no fraudulenta.

Ignoro cuándo Exteriores ha adoptado esa medida de protección con los antiguos españoles, pero me parece una cautela imprescindible para ponerlos a salvo de los servicios secretos marroquíes, que en ocasiones los hacían desaparecer como los conejos de la chistera. Y no puedo olvidar a Abdelkéder, mi amigo Abdelkáder que un día faltó a la cita en una población del Rif y del que todos me juraban no saber nada, mientras los que el día anterior porfiaban por venderme sus baratijas me rehuían en el zoco. Me fui sin saber de él, sin poder hacer nada y sin conocer cual había sido su suerte, mientras notaba que era seguido por unos individuos que iban relevándose, hasta que logré colarme en un autobús vestido con una chilaba parda y la capucha calada como un “hombre santo”, no sé si porque los burlé o porque se dieron por satisfechos con que me fuera.

En las últimas fechas ya no basta con el testimonio de quienes pretenden acogerse a la doble nacionalidad, porque comenzaba a haber “polizones” que podían desvirtuar el perfil de la población llamada a votar en un eventual referendum. Pero tengo entendido que nadie se opone a concederles nuestro pasaporte si demuestran fehacientemente que son hijos del Sáhara como aquel noble, piadoso, hospitalario, generoso y fraterno Abdelkáder, que encomiendo tantas veces a Alláh para que no le acarreara consecuencias nefastas su limpia amistad y su hospitalidad con un infiel.

Darío Vidal

02/06/2008


 

       Saharauis espaņoles (02/06/2008 20:07)