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Publicado: 30/05/2008


 

LOS MONEGROS CONTRA NEVADA


Que un grupo de especuladores, ventajistas y logreros; que una banda de traficantes, de rufianes y proxenetas; que una organización delictiva, mafiosa y turbia dedicada a la paidofilia y la prostitución pretendiese “colonizar” Los Monegros con el complejo “Gran Escala”, como otros hicieron en Nevada con Las Vegas, habría sido un empeño hasta cierto punto entendible. Una operación especulativa de lucro inmediato, cuya secuela sería una concentración de bandas organizadas en torno al tráfico de drogas, el sexo, la prostitución y el juego, que a su vez generaría un ingobernable semillero de crimen, un polo de atracción de lo más abyecto y lo mas corrompido, que crecería parasitando a la naciente Zaragoza. Desde ese punto de vista puede ser una excelente inversión a corto plazo. Pero lo que sorprende es que esa propuesta surja de los dirigentes políticos de una comunidad humana como Aragón. Algo que resulta, como mínimo, preocupante. ¿Hay alguien entre los promotores de la idea que, al margen de evaluar el problemático beneficio económico, haya estudiado la repercusión sociológica de Las Vegas en el desierto de Nevada? ¿Que conclusiones han sacado los que hayan paseado la mirada por lo que hay más allá de los lujosos decorados para deslumbrar provincianos?

Cuando, tal como nos sucede a nosotros, no se es pionero en nada, y ha dado tiempo a estudiar las consecuencias de las iniciativas imitadas, es injustificable equivocarse, al revés de lo que sucede con los que no tuvieron experiencia previa. Tropezar donde antes han caído otros no tiene perdón.

Habrá algún diletante, algún esnob, algún modernillo, algún disparatado que tal vez me acuse de alinearme en ese frente inmovilista que impidió el aprovechamiento del Ebro ya en el s. XVIII o el progreso del ferrocarril en el XIX. No me cuento entre ellos. No me opongo a esa iniciativa por negarme al avance de Aragón, sino porque su asunción significa malversar el escaso caudal humano que aún nos queda y convertir nuestra tierra en un foso de inmundicia. Eso es peor que convertirse en la “reserva de caza” que nos anunciaron cuando el ministro Ullastres diseñó su Plan de Desarrollo. Vean en qué ha parado la sociedad civil en los lugares escogidos por el turismo. Pues bien, imaginen lo que puede ser de un lugar sin playa, sin mar, sin nieve ni bosques, cuando no quedan sino unos tugurios con putas y alcohol.

Conozco Los Monegros, los he vivido y he escrito sobre ellos. Y se que posee una tierra agradecida, un lecho de mucho fondo del que brotan las planta con solo el perfume del agua. Esas tierras que nos han acostumbrado a llamar “desierto” los turistas, sin saber lo que dicen, y que algunos juzgan que están bien aprovechadas promoviendo “happenings” o descarnándolas con el caucho de las motos de trial y los coches preparados para aventureros de disfraz, esas tierras digo, pueden rendir en algunas zonas varias cosechas al año sin agotarse mientras las desdeñamos sin conocer que estamos pisando un verdadero tesoro, como nuevos ricos desnortados y papanatas.

Hay una solución más modesta que nos descubrirá un día cualquier multinacional anglosajona sin luminosos de neón, pero capaz de favorecer el despegue económico a gran escala y de sustentar el crecimiento sostenible de una industria sólida de agricultura y transformación de productos hortícolas que están siendo más demandados de día en día.

Darío Vidal

30/05/2008

 

       Los Monegros contra Nevada (30/05/2008 21:03)