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Publicado: 29/05/2008


 

UNA DE “GESTAPO”


A veces el tumulto general y el eco de las voces no permite reparar en sucesos que aparecen, cuando aparecen, en las páginas impares de salida de los periódicos, al lado de la publicidad abigarrada y barata. Son noticias por las que ha luchado algún redactor de cierre alertado por el husmo del suceso, o ha colocado subrepticiamente haciéndose el ingenuo en el último momento.

Tal es el caso del espionaje al magistrado Roberto García-Calvo por parte de los servicios secretos españoles. Era juez del Tribunal Constitucional, una de las instituciones no renovadas en la última legislatura y fuente de polémica entre los políticos por aquello de las cuotas y pertenecía al “cupo” propuesto por el PP como todos recordamos. El señor García-Calvo murió hace unas semanas repentinamente y entonces supimos que estaba siendo vigilado y siendo objeto de seguimiento por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), una organización cuya función específica consiste en velar por la seguridad del Estado frente al exterior y la acción del terrorismo.

No es preciso decir que la utilización de los funcionarios del espionaje para averiguar datos de la vida privada o profesional de terceros mediante escuchas o yéndoles a la zaga con intereses partidistas, no solo entraña un comportamiento miserable sino también delictivo. Así es que, aunque no parece razonable que el juez recién fallecido conspirase contra el Estado, sería aconsejable que el presidente del Gobierno justificase públicamente las razones de ese acoso de los agentes secretos a un magistrado del Constitucional. ¿Qué buscaban y que pretendían emporcar?

La mayoritaria Asociacion Profesional de la Magistratura se ha mostrado “estupefacta, alarmada y preocupada” en boca de Antonio García, quien ha pedido explicaciones al Gobierno. Por su parte Jaime Tapia, portavoz de Jueces para la Democracia exhortó al Ejecutivo a que negase la información de “Epoca” si no era cierta, y Lorenzo del Río manifestó que “una imputación así era lo suficientemente grave como para despejar cualquier duda sobre ella”. Pero pasan los días y nadie respira. El miércoles terció en RNE el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, “e hizo mal tercio” como habría dicho Muñoz Seca en “La venganza de Don Mendo”. Sostuvo que tal imputación contra el CNI era “un disparate” y que “no todo lo que publican los medios es verdad”.

Muy bien, aceptemos que las dos afirmaciones sean verdad. ¿Pero de donde han salido, quién las ha filtrado y con qué fines, y finalmente es una filtración o un rumor? Justicia no puede despacharse con esa desautorización que es como no decir nada. Hay que ir al fondo.

Darío Vidal

29/05/2008

 

       Una de Gestapo (29/05/2008 20:57)