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Publicado: 28/05/2008


 

TENER UN PERRO


Acaba de aparecer un libro para uso de los poseedores de mascotas. El autor, que posee una pitón a la que ha acostumbrado a comer carne muerta, fría de la nevera y deshuesada – una práctica contra natura para un animal de su condición-- considera un maltrato pasear a los perros sujetos con la traílla enfrentándose a la nueva ley de peligrosidad, porque sustenta que no hay razas caninas de riesgo como sugiere el legislador –lego en la materia como en casi todos los casos-- sino únicamente individuos que presentan comportamientos conflictivos a causa de los malos hábitos, una educación inadecuada, la falta de corrección adecuada e instantánea y la negligencia del dueño.

En ese sentido el comportamiento de los perros habla de la condición de los amos. Por eso opina que el perro no debe ser un juguete de los niños, por pequeño que sea, y a pasar de lo que pueda jugar con ellos y la complicidad que establezcan. El perro contribuye a la educación de los pequeños a condición de que él mismo esté educado. Y, sobre todo, no se le debe someter a órdenes caprichosas, arbitrarias y contradictorias porque eso los desorienta y des-educa.

A la luz de estos argumentos escuchados en el duermevela del amanecer, que es el horario que reservan los prebostes de la radio a los programas de interés, y de mi limitada experiencia con los perros, saco la conclusión de que los padres noveles deberían tener un perro antes de serlo. Y, naturalmente, las madres. No malpiensen que no voy a equiparar un gozquecillo a un cachorro humano; se trata mas bien de un ejercicio de aprendizaje para quienes deben asumir una responsabilidad que a veces les rebasa, como es la lectura de una voluntad que no sabe expresarse, y poder comunicarse con una inteligencia naciente mediante un lenguaje aún por convenir.

Tal vez el comportamiento de nuestros adolescentes sería distinto si hubiesen notado nuestro amor en la atención y el compromiso, más que en los “konguitos”, los “fosquitos”, los huevos “Kinder”, las “Piruletas” y los “Chupa-chups” que ellos, que no son tontos, interpretan como las baratijas, las cuentas de colores, los abalorios, los espejitos y la bisutería de los indiecitos con que queremos hacerles perdonar nuestras reiteradas ausencias. Háganle eso a un perro y se irá con el primero que encuentre por la calle –como nuestros chicos-- porque la relación se funda en el amor, como el liderazgo en el ejemplo. A principio de esta semana, Gabriel Elorriaga opinó refiriéndose a Rajoy algo que se aviene con lo aquí dicho: “El presidencialismo es lo contrario del liderazgo, como la imposición es lo contrario de la seducción”.

Mientras escribo, me siento observado por mi pequeño, desgreñado y travieso Shih-Tzú tibetano, de ojos grandes, penetrantes y escrutadores tras su crecido flequillo. Me mira, se sacude para atusar la pelambre y se pone a mi lado presto a alertarme de cualquier peligro. Porque la misión de un custodio del emperador consiste en prevenir a la Guardia, hacerse oír con todas sus fuerzas, y tirarse a los calcañares de los intrusos hasta roerles el hueso. Estoy enseñándole, para su frustración, que no debe ladrar ni atacar a nadie porque no tenemos enemigos, y parece que va entendiendo. Pero voy a comprarme el libro a ver si acierto con mis hijos.

Darío Vidal

28/05/2008

 

       Tener un perro (28/05/2008 20:19)