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Publicado: 19/05/2008


 

LA BASURA QUE AMENAZA


Las autoridades chinas aseguran que los terremotos sucesivos no han generado escapes radiactivos. Dios lo quiera. Pero los legos no habíamos visto jamás esas enorme rocas de la altura de un edificio y de miles de toneladas que aparecían sobre los coches y las máquinas, esparcidas por las calles como si hubiesen irrumpido del seno de la tierra como proyectiles de un volcán gigante.

Sin embargo las autoridades comunistas chinas, que deben creer en Dios o cuando menos en sus milagros, dicen que los seísmos no han dañado los contenedores subterráneos de residuos nucleares. Qué suerte han tenido los chinos y cómo nos ha sonreído la fortuna a los moradores del Planeta. Los cementerios radioactivos alojados en el subsuelo de China han resistido el empuje de los millones de billones de toneladas de la placa tectónica asiática en su estrepitoso cataclismo. La energía equivalente a varias bombas de miles de kilotones no ha sido capaz de romper, fracturar, fisurar ni alterar las fosas subterráneas con residuos radiactivos. Es la teoría que sustentan entre nosotros los apóstoles de las nucleares contra la moratoria, las compañías eléctricas que pretenden que los usuarios radiactivos les financiemos los reactores y los miembros de la Junta de Energía Nuclear que predican el progreso a toda costa manejando el sofisma del avance científico, ocultando arteramente que no hay progreso si no es para el hombre. El incremento de las cuentas de resultados no es muchas veces progreso sino atropello, engaño, robo, estafa y fraude. Astutas socaliñas de las poderosas compañías monopolistas “sin responsables ni culpables” para enriquecerse con la necesidad de los más menesterosos.

Cuando los contadores Geigger detecten –si lo detectan y nos lo dicen algún día-- que la radiación en la provincia de Sichuan ha alcanzado niveles alarmantes en Chernóbil, pero que la energía liberada sigue difundiéndose, el mal seguirá creciendo pero nadie podrá repararlo ni tendrá la culpa.

Ahí tenemos el prolongado conflicto de la recogida de la basura en la ciudad de Nápoles, como metáfora de un problema no ya de abastecimiento sino de eliminación de residuos. Una situación desconocida surgida de la sociedad opulenta, para la que no solo significa un reto proveerse de alimentos sino también deshacerse de ellos. Antes no había plásticos ni apenas envases, se guardaba el cristal y se aprovechaban los recipientes. Apenas utilizábamos pilas como no fuese para las linternas; ahora no hay juguete infantil, artilugio domestico, teléfono, telemando u ordenador que no las lleve, y además con componentes radiactivos. Hasta en la intimidad del lecho las manos reusan las caricias porque se confían los juegos eróticos a chismes eléctricos que se estiran y encogen, general calor o vibran. Y todo eso se estropea mas pronto que tarde, y si no nos ha producido rampa, calambrazo o electrocución --en cayo caso pasa a manos del Juez--, termina tirándose a la basura, eso sí bien clasificado: por una parte el papel, por otra el cartón, por otra el plástico, por otra el vidrio y por otra los residuos orgánicos que apenas generamos ya.

Lo malo es que no sabemos ya dónde tirar todo eso. No lo sabe ni la Mafia napolitana, que es la que se encargaba de ganar dinero con este y otros negocios poco limpios.

Darío Vidal

19/05/2005

 

       La basura que amenaza (19/05/2008 23:57)