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Publicado: 24/04/2008


 

EL ENANO TRANSFORMISTA


Hace tiempo que no me comunico con mis lectores de Internet. Decidí callar porque, a un paso de los comicios, la extensión del fraude, la mentira y el engaño, y la magnitud de la tergiversación, el impudor y el cinismo de quienes no son capaces de mantener la palabra ni sostener su opinión, hacen imposibles y supérfluas la ironía y la crítica.

No es la primera vez que me hago el “harakiri” al descubrir que el paisaje no nos devuelve ni el eco. Y el impúdico espectáculo de los políticos, negando lo que afirmaron y afirmando lo que habían negado para acomodarse a lo conveniente, y la miserable danza de afiliaciones, adhesiones y apostasías de funcionarios, pretendientes y paniaguados en el vals de las colas, mueven al desprecio y el desdén. No es cosa reciente. Movía estos días unas fichas de periódicos del XIX y lo que aquí afirmo se queda en pura broma. Claro que entonces los sinvergüenzas tenían un barrunto de honor, los diaristas “cargaban revólver”, y en las afueras de las poblaciones se oían disparos cada amanecer.

Ya no me aventuro a asegurar que no me iré otra vez, para no sufrir el sonrojo de reaparecer como hacen algunos matadores de toros en cuanto despunta la primavera. Es la verdad que, hoy por hoy, parece que me aguantan por los sobacos como a los diestros malheridos y, si me pongo nuevamente en pie, es porque no quiero sufrir mi silencio como una afrenta.

Todas las invenciones de los hombres ruedan cuesta abajo. Hasta los negocios familiares --y aún puede que esos en mayor medida-- se desvirtúan y desfondan con el paso de tiempo. ¿Lo han advertido alguna vez? Todas la iniciativas humanas no solo nacen con fecha de caducidad sino con plazo de de deterioro y decadencia. Siempre que un empeño surge con determinación de pervivir y un poco menos cargado de defectos que la media, cosa harto difícil y costosa, “la Muerte pone huevos en su herida” como refería García Lorca a propósito de la cornada que sufrió su amigo el torero Rafael Sánchez Mejías “a las cinco en punto de la tarde” para acabar con él.

Unas veces la decadencia surge por incuria y abandono, otras por incompetencia; otras por no pararse a contar las piezas que faltan si es que falta alguna, por no reparar cómo está constituido el artificio, o por el deseo de borrar la huella de los primeros, si no es por soberbia y desconocimiento de los límites de las propias fuerzas. El que no puede cazar, se contenta con los despojos, aunque la ingestión de carroña impregne de su hedor cuanto se toca.

Siempre, en esos casos, hay un enano transformista que se aúpa sobre las puntas de los pies para alcanzar a tirar la mermelada que otros guardaron sobre el anaquel de la alacena. Y siempre suele alcanzarla. “Imposible la dejasteis para vos y para mi”, suena entonces la voz de don Luis Mejía refiriéndose a doña Inés de Pantoja. El segundón alimenta su encarnizamiento contra el creador --del mismo modo que Salieri con Mozart--, con la envidia que destila su admiración impotente y rendida. Mientras que el partero de la ocurrencia no entiende por qué chapotean en el barro de lo que fue una idea hermosa, desvirtuándola acaso para siempre. Pero se limita a despreciar con el corazón todo, al enano transformista.

Darío Vidal

24. abr. 2008

 

       El enano transformista (24/04/2008 12:27)