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Publicado: 04/03/2008


 

PUNTUADORES DE DEBATES


No sé si ustedes recuerdan el chiste aquel del incauto al que un grupo de truhanes enseñaban un juego de cartas desconocido, y descubrió que las veces que apenas había dinero en la mesa ganaba él la partida, y que cuando los envites eran cuantiosos las perdía siempre. “Pero, coño, explíquenme mejor las reglas, porque con tanta excepción no me aclaro nunca”.

Pues bien, algo parecido sucede a los ponderadores de debates y a los recolectores de opiniones para encuestas de urgencia. No voy a entrar en el debate sobre el Debate de ayer, que a mi juicio nadie ganó, porque ZP se refugió medroso en las tablas para que no le sacasen de allí –bonita actitud para un dirigente-- y un incauto Rajoy que entró al trapo, o al engaño, para continuar con el lenguaje taurino, con una ingenuidad de neófito que le impidió desarrollar su argumentación; eso si no consintió que su contrincante negara continuamente con la cabeza, tapando los argumentos con su propia voz, mientras repetía la misma frase en el mismo tono, para impedir que se le oyera. Una comportamiento que hubiera debido atajar el moderador si lo hubiese habido pero que que rebasó por completo a Olga Viza.

El caso es que aunque ninguno ganó, el aspirante a cuerpo descubierto por bisoñez, y el presidente aculado en el burladero, haciendo que pasase el tiempo con marrullería para no mostrar que no tenía una solo idea, dieron un espectáculo que decepcionó a todos, según pudo confirmarse en las radios, muy a pesar del partidismo apologético e impúdico de Margarita Sáenz Díez, Calleja y el Elkázer en el programa “59 segundos”.

Y yo me pregunto quién es capaz de puntuar un debate como un árbitro de boxeo, al margen de las simpatías o antipatía previas. Que nos lo cuenten los sabios como demandaba el tristo incauto al que desplumaban los truhanes. “Que me lo expliquen que no se inglés”.

Vamos a ver. Una ocurrencia brillante, medio punto; un argumento, un punto; un razonamiento que desmonte la argumentación del adversario, dos puntos; denunciar una contradicción culpable o un renuncio, tres puntos arriba y en sentido inverso, podría sancionarse al que dijese una tontería con un cuarto de punto negativo; penarse las inexactitudes con medio punto negativo; una mentira, un punto menos; una mentira utilizando documentos, dos puntos abajo con amonestación; impedir que el contrincante hable, amonestación; evitar que se le entienda, un punto abajo y amonestación.. Y así sucesivamente.

Asimismo habría que valorar los gestos que denotan inseguridad, los “tics” que delatan la mentira, la disposición de las manos, la forma de sentarse, de gesticular y de conducirse, como la postura corporal, los gestos, las actitudes despectivas, las muletillas para ganar tiempo, las reiteraciones, etc. De ese modo podría hacerse un cómputo de aciertos y de errores, de razones y sinrazones. Treinta y siete puntos y tres tercios menos cuarenta y seis negativos, al hoyo. Treinta y seis puntos positivos menos menos veinticinco negativos, pasa por delante del rival, “ma non troppo”.

Así sería todo un poco más creíble. Pero ahora nadie garantiza nada. Y sería interesante anotar las razonas y los gestos en un papel. De otro modo ¿quiénes son los árbitros y quienes los arbitran a ellos?

Darío Vidal

04 / 03 / 2008


 

       Puntuadores de Debates (04/03/2008 21:53)