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Publicado: 29/02/2008


 

BISIESTO


Hoy es el día de más. El de sobra. El día de propina que nos regala la vida acumulando las horas ahorradas durante cuatro años. Un día que aparece de pronto, sin esperarlo, como si emergiese de algún oculto pliegue del tiempo. Es 29 de febrero. Y la contumacia de la Naturaleza, la Astronomía, la Matemática y la realidad, que no se dejan abarcar ni encorsetar por ese minucioso burócrata que es el hombre, se rebelan contra la uniformidad arbitraria de los que deseamos tranquilizarnos con mediciones inmensurables para poner orden en el cerebro ya que somos capaces de ponerlo en el corazón, con el número Pi y los años bisiestos que dejan veinticinco días de sombra cada siglo. Veinticinco espacios sin referencia histórica, sin que haya ocurrido nada ni pueda predicarse de ellos ningún suceso. No me extraña por ello que hayan creado la Asociación de los Bisiestos para agrupar en ella a los más desvalidos e indigentes de los hombres: a los más solos y desamparados de los seres, a los huérfanos de nacimiento, a los que fueron alumbrados a su hora pero sin día, a los huérfanos de nacimiento como los niños que no llegaron a tiempo de conocer a su padre.

Este es el primer año bisiesto del siglo y del milenio. Habrá que anotar con minucia de pendolista lo que sucede: las palabras usadas en dos campañas electorales, una en cada cara del mundo, muchas veces con burla de la verdad; la relación solemne de nuevas muertes en Iraq y Pakistán; la lista de víctimas femeninas inmoladas brutalmente en el ara sangrienta de Moloch; el desfile de ángeles inocentes condenados, algunos antes aún de nacer, por intereses ajenos que no tendrán ocasión ya de conocer. ¡Si fuera verdad que les espera no ya la Gloria --que nadie sabe para cuanto tiempo tiene ya-- sino un mundo limpio e incontaminado por los hombres cuando menos...!

El primer febrero de 29 días del primer siglo de un nuevo milenio sería un buen paréntesis para esperar algo mejor, pero el hombre sigue siendo un lobo para el hombre y no hace mucho apareció una relación de atrocidades cometidas por otros animales de la especie --nuestros antepasados desde la decimocuarta generación hacia atrás, chispa más o menos--, disuadiéndonos de toda esperanza. “Nihil novum sub sole”. La esperanza del día de hoy –magro consuelo-- es que lo malo que hoy suceda no habrá ocurrido nunca. No podremos dolernos de los muertos que nunca habrán muerto.

¿Y los nacidos? Recurrirán en su día al club de los Bisiestos. ¿Y los que se den hoy su primer beso? ¿Y los que se quiten la vida el día que nunca existió? ¿Y los que estrenen amor o deshagan lechos? Tal vez el de hoy será su amor eterno.

¿Como dejar 25 días sin historia cada siglo? Alguien habrá de enmendarlo. Es preciso crear cronistas para que den fe de lo que nunca ocurrió. Aunque hay cosas de las que es mejor no guardar memoria.

Darío Vidal

29/02/2008

 

       Bisiesto (29/02/2008 16:19)