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Publicado: 21/02/2008


 

A QUIÉN VOTAMOS AL VOTAR


Muchos votantes se sienten defraudados cuando el partido que eligen decide pactar con otro por razones estratégicas. Lo mismo que cuando una formación incumple su programa al contar con representación, en beneficio del aparato. Si un grupo ha vendido al electorado un proyecto de gestión, no debe sorprenderle que le exijan su cumplimiento, aunque el profesor Tierno Galván calificase de ingenuos a quienes creen que las promesas electorales están para ser cumplidas.

Pero no hay perplejidad semejante a la suscitada por ZP cuando dijo que le insistieron tanto para que se reuniese con los asesinos que destruyeron la T-4 de Madrid, desde dentro y fuera de España, que no tuvo más remedio que hacerlo. Por lo visto tuvieron más fuerza esas instancias secretas que las que le obligaban a cumplir la palabra dada, aunque no fuera más que por decencia. Así es que tendríamos que preguntarnos quién manda en el Presidente, para votarle en su lugar.

Pero hete aquí que ya apareció el peine. En nuestro caso no es que ZP faltase a la palabra sino que jamás la dio, aunque creyésemos oír otra cosa, ya que nunca se apeó de la “negociación” con los criminales, y Pérez Rubalcaba continuó secretamente los contactos epistolares y mediante persona interpuesta como la Fundación Henri Dunant, mientras juraba que la relación con la banda estaba “rota, liquidada y acabada”. Después, a la puerta de las elecciones, ZP reveló el secreto en previsión de que fuera a hacerlo la ETA en el peor de los momentos. ¿”Manda” entonces en el Presidente, y por lo tanto en España, la Fundación Henri Dunant, la Unión Europea, la Masonería acaso? Esta es la clave del asunto. ¿Quién encadena la voluntad de quien dirige el Gobierno?

En cualquier otro lugar que no fuese “different” sería suficiente para recusar a un político, aparte de haber mentido, el hecho de que otros gobiernos u organizaciones internacionales se hubiesen interferido en sus decisiones. Lo malo es que acudió en su defensa María Teresa Fernández de la Vega corroborando que efectivamente a ZP no le quedaba más remedio que mentirnos en la calle, en los medios y en el Parlamento, porque muchos se lo pedían. Parece ser que las solas peticiones que no atiende el risueño presidente son las de sus votantes, aunque después de una legislatura sin norte se han aficionado a las veletas, se han hecho adictos a la ruleta y corren el riesgo de caer víctimas de la rusa.

Hay que agradecer que no llegara a tiempo de sucumbir a las presiones de Herr Adolf Hitler para que le ayudásemos a achicharrar judíos y gitanos, y haya eludido así compartir con los “nazis” la dudosa prerrogativa de exterminar a parte del género humano, si bien aún está a tiempo de ceder a una insinuación de Fidel, Chávez, Morales, los pupilos de América del centro o los chantajistas de la España periférica. Un personaje que blasona de talante pero que resulta tan escaso de carácter como falto de coraje y de criterio, no está en condiciones de dirigir un país, que debe protegerse con un “empeachement” fulminante como el que acabó con Nixon. Y si no fuese bastante la dejación de soberanía, sobraría la mentira machacona, reiterada y repetida para que lo apartásemos del poder. La primera vez que nos engañan es culpa del embustero; la segunda es culpa nuestra.

Darío Vidal

21/02/2008

 

       A quién votamos al votar (21/02/2008 17:15)