Hemeroteca:


Agosto 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
           
         

Publicado: 10/12/2007


 

CODEX SERAPHINIANUM”


Aún hay lugar para el ingenio gracias a Dios; todavía hay sitio para al broma y el humor en el sórdido mundo de las amenazas globales, como acaba de demostrar un italiano de nuestros días con vocación renacentista y un lúdico espíritu boccaciano. El dicho urdió una chanza inocente y blanca, sin ánimo de lucro ni propósito de fraude –eso es lo meritorio y gratificante--, que volvió locos a algunos curiosos investigadores autodidactas, cuando llego a sus manos un manuscrito con grafía desconocida, ilustrado con máquinas incomprensibles y gráficos indescifrables, planos de ciudades y animales nunca descritos.

El vetusto volumen, acabado ahora mismo –es un decir--, comenzó a inquietar a los estudiosos, si bien era evidente que el papel, aunque viejo no era antiguo. Pero mientras los unos se dedicaban a los análisis y las pruebas con carbono catorce, otros pretendían averiguar qué Serafín podía ser el autor o el compilador de aquel corpus hasta entonces desconocido y cuál el origen de aquella enciclopedia con abundantes referencias a ciudades incógnitas que incluía sus respectivos planos, prolijamente explicados, al parecer, mediante signaturas y abundantes leyendas historiadas en las que no se reconocía ni una letra. No era abecedario latino por supuesto, ni alfabeto griego, ni alifato árabe, ni hebreo, ni cirílico, ni hindi, ni chino mandarín ni cantonés. No se sabía en que estaban escritas los cientos de páginas de exhaustivas explicaciones.

Y todo el mundo “cultureta”, con la razonada duda de historiadores y filólogos pensaba que nos hallábamos a las puertas de una civilización perdida. Lástima que fue un bromazo del italiano Franco María Ricci, que ha salido nuevamente a la luz veinte años después. Algo parecido al recetario de cocina del genial Leonardo que “descubrieron”, compilaron, anotaron y editaron Shelagh y Jonathan Routh en 1987, que por desgracia fue otra tomadura de pelo, brillante y suntuosa pero tomadura de cabello al fin, contra la credulidad acrítica de los consumidores de novedades culturales.

Sin embargo estas travesuras un poco blasfemas de la gente realmente culta, nos traen el aire refrescante de la cordura y el aura purificadora del sentido común, para que los eruditos no pierdan el norte como le pasó a José Carlos Capel cuando prologó las apócrifas “Notas de Cocina” del portentoso pintor italiano del Renacimiento. Digo que esas impías diabluras intelectuales me parecen felices cuando, como la de Ricci, no pretenden confundir sino a los sabidos, los enterados, los eruditos a la violeta, y no obtener beneficios del artificio. Porque a eso se llama fraude y no se cosecha en los rumorosos vergeles de la broma sino en las eras polvorientas de la delincuencia. Esa es la gracia del “Codex Seraphinianum”.

Darío Vidal

10/12/2007

 

       "Codex Seraphinianum" (10/12/2007 18:54)