Hemeroteca:


Junio 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
 
       

Publicado: 06/12/2007


 

ANALFABETISMO FUNCIONAL


Nadie pedía al señor Zapatero que diera explicaciones sobre el último Informe Pisa que deja a nuestros escolares peor que malparados. Cuando se carece de argumentos, se calla uno, se trata con los ministros de Educación y acaso de Ciencia y Tecnología, se estudia la situación y se proponen soluciones urgentes porque la cosa no es para postergarla. Es el diagnóstico severo de un problema realmente muy grave: acaban de decirnos que los escolares españoles de entre catorce y dieciseís años son los adolescentes europeos con menos comprensión lectora, esto es: los que peor leen y entienden un texto.

¿Saben cómo se llaman quienes no saben leer? Se llaman analfabetos. Y la UNESCO distinguió hace ya muchos años dos clases de analfabetos: los que no conocen las letras del alfabeto y los que, aún conociéndolas, no comprenden el significado de los mensajes. A estos se les llama analfabetos funcionales. Pues bien, en esa parcela yacen y pacen la mayoría de nuestros escolares, quienes reconocen que no leen porque les aburre. ¿Y cómo no les va a aburrir la lectura si no se enteran de nada? ¿Cómo no se van a aburrir si comprenden las palabras pero no entienden los conceptos? ¿Como van a querer leer, si desconocen el léxico más elemental y se manejan con doscientas palabras, las mismas que en inglés? Estos son los escolares que están a dos años de la Universidad para convertirse en estudiantes. Estos muchachos de parvulario a los que se ha estafado diciéndoles que todo el monte es orégano, que las cosas se aprenden solas, que se rebelen contra el estudio, el esfuerzo, la constancia y los profesores –¡y ay de ellos si les reprenden o afean su conducta!-- tienen que conseguir entender en dos lo que no han entendido en quince años, y aprender a estudiar, que tampoco es tarea fácil, para bucear en el Derecho Romano, la Física Cuántica, la Anatomía Humana, la Química Orgánica o la Filosofía de Aristóteles.

Pues bien, al presidente del Gobierno, que tiene dos niñas un poco más jóvenes, no se le ocurre decir otra cosa que la culpa de que los chicos no entiendan, la tienen los padres que son unos burros. Que puede que también. Pero para eso están los planes de estudio, la implantación de la disciplina en las aulas –que no es una práctica “fascista” sino una exigencia de la eficacia pedagógica-- y el apoyo a los docentes como condición para que no deserten de su vocación, ya que no son domadores de hombrecitos en ciernes sino expertos en la noble tarea de instruir a futuros ciudadanos. El señor presidente, que se mueve por impulsos, ha tirado un “boomereng” que puede acertarle en la cabeza, en lugar de dedicarse a buscar salidas inmediatas a la situación, por muy cerca que asomen las orejas de las elecciones. Y que no diga tampoco, como afirmó con cínico desparpajo la ministra del Negociado, que la cosa viene de antes, porque sí y no. Desde la transición a acá ningún Gobierno está exento de culpa, unos por irreflexión y otros por cobardía que no se sabe que es peor. Pero no conviene olvidar que la LOGSE del señor González fue el campo de minas que ha hecho saltar por el aire lo que quedaba medianamente aparente del bachillerato de otros tiempos, cuyo examen de ingreso no se aprobaba con una sola falta de ortografía. Porque hablamos de comprensión lectora, pero no hemos dicho nada de la incompetencia escribidora.

Darío Vidal

06/12/2007

 

       Analfabetismo funcional (06/12/2007 02:32)