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Publicado: 05/12/2007


 

EL MALTRECHO EGO DE HUGO


Hugo Chávez –Ego, como le llama certeramente la oposición-- no es un elefante en una cacharrería sino una especie de mamut, cuyo poco tacto y escasa inteligencia le ha llevado a menospreciar la de sus conciudadanos. El revolcón que ha supuesto su fallido refrendo constitucional significa que, por mucho que su vitalista e histriónica personalidad “enganche” a algunos, no es lo bastante como para entregarse, atados de pies y manos, a la voluntad voluble, movediza y cambiante de un personaje que no aporta más bagaje que la ignorancia y la audacia. La calamitosa imprudencia de representarse en una “Santa Cena” compartiendo manteles con Lenin, Stalin, Mao, Fidel, Daniel Ortega y otros paladines de la Libertad, no hubiese sido bastante para frenar su carrera, de no haberle propuesto al pueblo su perpetuación en el poder por los siglos de los siglos. Sus partidarios podían entender probablemente que les metiese en un berenjenal por fervor patriótico, puro idealismo y su pizca de desequilibrio emocional, pero los estudiantes percibieron que el propósito de quedarse a vivir perpetuamente en la Casa Rosada no estaba inspirado por el amor al pueblo sino por muy bastardos intereses personales.

Tampoco su propósito de erigirse en adalid de la gran Colombia soñada por Simón Bolívar, tranquilizó a los mandatarios de Nicaragua, Honduras, Bolivia, Colombia y Ecuador, que le fueron dando la espalda temiéndose lo peor, sobre todo tras la interferencia y el “puentéo” del presidente Uribe, para negociar por su cuenta la dudosa liberación de la diputada Betancourt, desde hace seis años secuestrada por las FARC. Un vecino alucinado y ambicioso no es precisamente una buena compañía, pero un chisgarabís imprevisible y un botarate caprichoso constituye un peligro cierto.

Por otra parte los desaforados ataques al rey de España, que le instó a callarse cuando perdió la paciencia después de soportar los zafios ataques a un ex-presidente de su gobierno que no se hallaba presente ni podía defenderse contribuyó a enajenarse el favor de los dignatarios de Iberoamérica que tienen profundo respeto por la Corona y un afecto mil veces confirmado. Sobre todo cuando un mequetrefe inculto e ineducado se pone a vociferar que “diera gracias el Rey a que no le había oído decir que se callara, porque se le habría caído la corona al suelo”

Bien, pues tampoco en Venezuela debieron gustar sus bravatas, ni que que cantase “México lindo” en las escalinatas de Elíseo ante el pasmo de un desconcertado Sarkozy, ni otras cosas de mayor calado para la imagen de la nación, y el Ego de Hugo ha rodado por el suelo tras un estrepitoso fracaso inconcebible, porque los refrendos se convocan para que los ciudadanos refrenden una política, esto es para ganarlos. Y no para pillarse los dedos.

Lo malo es que, horas antes del veredicto de las urnas, y cuando estaba exultante paladeando de antemano el éxito que había de darle la espalda, tendió a Zapatero un salvavidas de plomo pidiendo a los españoles que le votaran. Si es tan “gafe” como dicen, e iguala al que dio Zapatero a los correligionarios que apoyó en Italia, Francia y Alemania, mejor que vaya haciendo las maletas.

Darío Vidal

05/12/2007

 

       El maltrecho ego de Hugo (05/12/2007 20:01)