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Publicado: 28/11/2007


 

EL EJEMPLO DEL “EJEMPLO”


Tal vez no sea conveniente decirlo. Acaso no es políticamente correcto. Pero las noticias negativas generan sucesos negativos. No me atrevo a decir que sin las noticias que nos enfrentan a nuestro peor rostro dejara de existir el mal, pero el relato de los hechos tiene cierto carácter apologético en uno y otro sentido. Aunque suene reaccionario, la publicidad de los hechos negativos los magnifica, y como el ser humano es un animal de tribu, rebaño y manada, vive de la imitación. Por eso es tan sensible al ejemplo, la crítica, y la opinión. Y tan vulnerable a la publicidad y la propaganda.

Cuenta cierta leyenda urbana que echaron a andar en Estados Unidos una publicación con el título de “Good news” y hasta tal punto no interesaron las buenas noticias, que se arruinó en pocos números. Eso dio pretexto al vaticinio de que “good news, not news” o sea que las buenos noticias no lo son, una máxima que hemos acogido con entusiasmo los periodistas y que se podría desbaratar con solo unos ejemplos: la adhesión de España al Mercado Común, las curaciones en España de los niños afganos, las medallas de oro olímpicas, la participación de astronautas españoles en tareas espaciales estadounidenses y rusas, cada uno de los éxitos en fórmula uno de Fernando Alonso, y las victorias deportivas de los equipos locales. Y aún puedo seguir...

Cuando era un jóven reportero agresivo, optaba por la crudeza y en los tiempos finales del General denunciaba la almibarada sociedad “perfecta” y “feliz”. Era una forma de oposición. Pero tal vez me equivoqué. Justo es reconocerlo y declarar mi modesta parte de culpa en periódicos y emisoras. Por eso fui uno de los pioneros en denunciar el deterioro ambiental y de vaticinar la desaparición de la capa de ozono, que no fiábamos para tan pronto pero llegó desgraciadamente ante los ojos de un mundo que estaba en babia. Y ahí nos quedamos cortos. No acertamos tampoco en que con la liberación de la sexualidad, que había estado aherrojada por la censura hasta la ridiculez, se acabaría con los crímenes entonces casi inexistentes relacionados con él, y ha sucedido lo contrario. ¿Por qué? --nos preguntamos-- Pues tal vez porque el hombre es un desconocido. Ahora ya no envidio a los promotores de revoluciones, porque las revoluciones como los cauces desbordados, toman siempre caminos imprevistos.

Después de denunciar lo negativo con el propósito de conjurarlo, tal vez ha llegado el momento de promover la tácita bondad silenciada y descubrir por ejemplo el valioso trabajo que misioneros y cooperantes desempeñan, pese a sus humanas flaquezas, sin esperar nada a cambio; las cesiones altruistas de órganos para prolongar la vida y mitigar el sufrimiento de enfermos sin esperanza; la generosidad, a veces heroica, que aflora en situaciones límite; la actuación benemérita de las ONG --o cuando menos de su mayoría, porque ahora acabamos de conocer las dudosas actuaciones de alguna de ellas contaminada por el barro de los hombres-- y la demanda de adopción de bebés desfavorecidos aunque padezcan incluso alguna lacra física, sin que en nuestro país importe la raza. Si se invirtiese esa relación de fuerzas, como parece que puede suceder con los Latin-kings, los Ninjas, y las bandas skins y nazis, que son el albañal de las frustraciones, el aire sería irrespirable.

Darío Vidal

28/11/2007

 

       El ejemplo del "ejemplo" (28/11/2007 18:10)