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Publicado: 27/11/2007


 

ZAPATERO, NO NOS FALLES (CON “O”)


A mi me importa un pito, con perdón, que José Luís Rodríguez Zapatero sea marxista, franquista, anarquista, islamista, socialista o nacionalsindicalista. Me es indiferente que frecuente el centro, los extremos, el este o el oeste. Me tiene sin cuidado. ¡Pero que sea consecuente!

Lo que no puedo aceptar es que me guinde, me burle, me mienta y me engañe como a un chino. Y sobre todo que me traicione. Del mismo modo que puedo aceptar que una novia se funda la pasta, me coma el coco, me lleve de tiendas e incluso me deje porque soy un desastre. Pero no me avengo a llevar cuernos.

Por supuesto no incurriré jamás en la llamada Violencia de Género, que por cierto fue el santo patrón de ayer (qué primor de laicidad que hayamos pasado del Santo del día al Día del día) por respeto a mi mismo. Desdeño la agresión no sólo por razones éticas sino por repugnancia estética. Me limitaré a recoger la bufanda, recuperar los papeles –los de tomar notas porque los otros no pienso perderlos--, cerrar el ordenador y guardarme el móvil. Y no me verá nunca más. Si acaso, abandonaré en su mesilla de noche una rosa amarilla deshojada, para que se chinche.

Pero lo que no puedo entender, aunque me guarde de criticarla, es la contumacia en el error de tantos devotos que se aprestan a que les tome el pelo, resignadamente. Tenía yo un profesor en la universidad que, remedando a un maestro suyo, decía: “Cuando leo y no me entero, pienso que soy tonto; si vuelvo a leer y no lo entiendo, me asalta la duda de en quién residirá la cortedad; pero si a la tercera no he comprendido, no me cabe duda de que el tonto es él”. Pues bien, con relación a Zapatero, he llegado, en la esfera de lo moral, a la tercera conclusión.

No digo que los otros no lo hagan en muchas ocasiones, porque hace ya años que, en materia de política, hemos perdido la virginidad y no hay cirugía reparadora que enmiende el desaguisado. Pero en cuanto se refiere a él --” un pasito p'alante y otro p'atrás”-- esperar que sea fiable y consecuente en sus promesas es un imposible ontológico.

Ayer, Día de la violencia (sólo) machista, se postuló nuevamente como candidato para presidir el Gobierno con un argumento capaz de estremecernos. Dijo que continuaría, a petición de los compañeros, porque no había finalizado su proyecto y queda mucho por hacer. ¿No está aún satisfecho con lo hecho?

A mi me resulta inquietante la abnegación y la entrega que sugiere ese discurso. Es lo que le sucedía a Franco “el centinela de Occidente”, y lo mismo que al compañero Hugo Chávez, otro golpista también carismático y providencial, partidario como su amigo ZP del “cambio tranquilo” pese a que hace años quiso anticiparse a los comicios llevado de su carácter altruista y desinteresado; el mismo impulso filantrópico que este fin de semana ha sugerido proclamarse candidato a Zapatero, a toda prisa y antes de plazo, entre los vítores de los suyos y las aclamaciones de “¡No nos falles!”

La algarabía de júbilo partidario parecía invadirlo todo, y nadie se percató, porque la diferencia prosódica es mínima, de que la mitad de los ciudadanos sustituía la “a” por la “o” y suplicaba quejumbrosa, pero clara y distintamente: “¡Zapatero! ¡no nos folles!”

Darío Vidal

26/11/2007

 

       Zapatero, no nos falles (con "O") (27/11/2007 02:55)