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Publicado: 26/11/2007


 

NO NOS FALLES, CON “O”


A mi importa un pito, con perdón, que José Luis Rodríguez Zapatero sea marxista, franquista, anarquista, islamista, socialista o nacionalsindicalista. Me es indiferente que frecuente el centro, el extremo, el este o el oeste. ¡Me tiene sin cuidado! ¡Pero que lo diga!

Lo que no puedo aceptar es que me guinde, que me burle, me mienta, me engañe como a un chino y, sobre todo, que me traicione. Del mismo modo que, aceptando que una novia se me funda la pasta, me coma el coco con las intrigas de la oficina, se niegue a ver el fútbol y me lleve de tiendas --e incluso me deje porque soy un desastre--, nunca podré transigir con que me ponga los cuernos.

Por supuesto no incurriré jamás en la Violencia de Género, que fue el santo patrón de ayer –que primor de laicidad que hayamos pasado del Santo del día, al Día del día--, por respeto a mi mismo. Yo siempre desdeñaré la agresión no solo por razones éticas sino por repugnancia estética. Me limitaré a recoger la bufanda, recuperar los papales --los de escribir, porque los otros no los pienso perder--, cerrar el ordenador y guardarme el móvil. Y no dejaré verme nunca más. Si acaso, abandonaré en su mesilla de noche una rosa amarilla deshojada, para que se chinche.

Pero lo que no puedo entender, aunque me guarde de criticarla, es la contumacia en el error de tantos devotos ciudadanos que, no perteneciendo a su partido, se aprestan a que les tome el pelo resignadamente. Tenía yo cierto profesor de Filosofía que, remedando a un maestro suyo, decía: “Cuando leo y no entiendo, pienso que soy tonto. Si, ya despejado, vuelvo a leer y no entiendo, me asalta la duda de en quien residirá la torpeza. Pero si a la tercera no entiendo, no me cabe duda de que el tonto es él”. Pues bien, con relación a Zapatero he llegado, en la esfera de lo moral, a la tercera conclusión. No sé ya quién se atreve a confiar en él si no es con la pretensión de que le engañe. Alabado sea Dios, hay gustos para todo.

No digo que los otros no lo hagan en muchas circunstancias, porque ya hace años que, en materia de política, hemos perdido la virginidad y no hay cirugía plástica que enmiende el desaguisado. Pero esperar que Joseluís sea fiable y consecuente con sus promesas --”un pasito p'alante, y otro p'atrás”-- es un imposible ontológico.

Ayer, Día de la violencia sólo machista, se postuló nuevamente como candidato para presidir el gobierno por segunda vez, con un argumento capaz de estremecernos. Dijo que iba a seguir, a petición de los compañeros, porque no ha finalizado su tarea y le queda mucho por hacer. ¿No está ya satisfecho con lo hecho? Es lo que le sucedía a Franco. Y lo mismo que al compañero Hugo Chávez, otro golpista también carismático y providencial, aunque no sea providencialista, y partidario como él del “cambio tranquilo” pese a que quiso adelantarse impaciente a los comicios, como Joseluís que se ha apresurado a hacerse candidato ya, entre aclamaciones de “¡No nos falles!”.

La otra mitad de los españoles ha comenzado a echarse las manos a la cabeza, en vista de lo que le espera, y, en el tumulto, apenas se notaba la diferencia de la suplica: “¡¡Zapatero!! ¡¡No nos folles!!”

Darío Vidal

26/11/2007

 

       No nos falles, con "O" (26/11/2007 02:45)