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Publicado: 25/11/2007


 

COHERENCIA DE MONTILLA


“Tengo una pregunta para usted” es un título incitante y prometedor. Una invitación al debate democrático diáfano, que casi todo el mundo rehuye porque es un trance no exento de riesgo.

El caso es que José Montilla, presidente de la Ganeralitat de Catalunya, se encerró con los leones el otro día para que el pueblo soberano inquiriera y le interrogara. Y bien fuera por puro azar o por el informe que publicaba “El Mundo” sobre los libros de texto en las autonomías, un estudiante quiso saber si los hijos del político cordobés acudían a la aulas particulares para soslayar el menú tóxico que administran en la educación pública, si bien no constituye ninguna novedad que los hijos de los “notables” catalanes estudien en centros privados, como los patriotas que se acogen a paraísos fiscales, reservando la cultura catalana para la tropa.

Resumiendo: quiso saber el jóven por qué no acudían los trillizos presidenciales a la enseñanza pública catalana y hubo de escuchar que ésta no es una obligación sino “una opción personal” que tiene todo catalán. Mas si aceptamos que un padre desea lo mejor para sus hijos, se deduce que, para él, lo mejor no es la enseñanza pública que se imparte obligatoria y no opcionalmente en Cataluña.

En cualquier caso la pregunta creó incomodidad, porque las familias sin recursos y los ciudadanos de a pié no tienen otra alternativa que aceptar las asignaturas diseñadas a la medida del nacionalismo doctrinal, con sus embustes y recortes, con sus malformaciones, difamaciones y desinformación calculada, sin ninguna posibilidad de hallar salida. Lo mismo que mientras al principio convivían los dos idiomas oficiales en el aula, ahora nadie puede escoger el castellano que hablan quinientos millones de habitantes en todos los rincones del planeta, y han de estudiar en una lengua que no utilizan más que seis.

El señor Pujol no consiguió llevar adelante su proyecto de catalanizar los apellidos (Sabater por Zapatero, Ferrer por Herrero, Fuster por Carpintero, Castellá por Castellano y así sucesivamente) pero logró desterrar el idioma que hablan todos los nacidos en esta “pell de brau”, la piel de toro a la que tan emocionadamente cantó el poeta Salvador Espriú, motivo por el que se ha proscrito su memoria y se silencia su nombre.

Perdió Pujol la oportunidad de hacer apetecer el verbo jugoso de Joanot Martorell, el épico de Verdaguer y el exaltado de Maragall para que cada cual enriqueciese su universo con el modo de expresión que lo complementara, y terminó imponiendo una sola voz hasta a los hijos de los funcionarios que fatalmente terminarán estudiando en algún otro lugar. Siguió el dudoso criterio mercantil de quienes hacen campañas turísticas utilizando la lengua que sólo conocen los de casa. Esta torpeza terminará aislando a Cataluña y la condenará al solipsismo y la inmanencia cuando podría ser un faro para toda España. Triste destino para esa tierra que amamos y que fue tan abierta. Se condena así al fracaso, suicidándose por querer matar.

A algunos de sus apóstoles les convendría leer las memorias de Esther Tusquets, tan poco sospechosa de tibieza, y analizar sin pasión el último libro de Albert Boadella, ese gran cómico ahora vilipendiado.

Darío Vidal

25/11/2007

dario@singladura.com

 

       Coherencia de Montilla (25/11/2007 01:20)