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Publicado: 16/11/2007


 

EL RIFIRRAFE


Cuando un elefante penetra en una cacharrería pueden preverse las consecuencias. Lo mismo que cuando un animal confunde la puerta del establo o del corral y se mete de rondón en domicilio de cristianos: las primorosas manufacturas de los seres civilizados terminan holladas por los brutos. Y así sucedió en la Cumbre Iberoamericana de Chile.

Bien es cierto que la culpa estuvo repartida, pues a las nalgadas instintivas de las bestias no supieron hacerles frente con razones o acciones razonables las personas que sintieron profanada su morada.

No se sabe por qué, el garañón que llevaba días arremetiendo contra el ex-presidente José María Aznar sin que nadie lo acallara --no por razones de afinidad ideológica sino por simple cortesía puesto que no se hallaba presente--se zafó del ronzal y se puso a tirar coces contra todo y contra todos, con el consiguiente estropicio, interrumpiendo al presidente del gobierno de España que estaba en el uso de la palabra y paralizando la solemne sesión plenaria ante el pasmo general.

El hecho insólito halló con el paso cambiado a la presidenta de Chile, la anfitriona de la cumbre y moderadora del evento, Michelle Bachelet quien temió enfrentarse al energúmeno vociferante y en lugar de silenciarlo aconsejó que no se enzarzasen en discusiones particulares, equiparando a agresores y agredidos como nos tiene habituados monseñor Setién que en paz descanse por siempre jamás.

Quiso el señor Zapatero preservar noblemente la memoria de Aznar su predecesor, con ánimo conciliador y un talante escasamente agresivo, mientras el venezolano insultaba al ex-presidente, a los españoles, a los navegantes y conquistadores del siglo XV, a las empresas actuales y al propio Rey Juan Carlos, al que al día siguiente culpó incluso de connivencia con el conato de golpe de estado que sufrió en abril de 2002. Y en vista de que don Juan Carlos no contaba con gente de más ánimo que le excusase de intervenir, alzó la voz por aquello de que quien calla otorga, y reclamó con voz tonante y encrespada: “¿Por qué no te callas?”, sin pedir tampoco la palabra, ni aguardar turno, ni encomendarse a Dios ni al diablo, porque no tiene la sangre azul sino roja y es de carne y hueso. Aparte de que esté hasta la corona con la que le está cayendo por la ingratitud de quienes le han utilizado tanto tiempo como paraguas, los disidentes republicanos emboscados y desaparecidos hasta ahora, los bromistas pirómanos catalanistas, y los que ahorcaron su imagen en la Universidad de Bellaterra, acogiéndose cobardemente a la inmunidad del recinto, sin poder aducir contra su persona motivos sino para la gratitud.

Allí quien no pió ni maulló fue el endeble, el medroso e inane Moratinos quien en un acto de doblez sin precedentes había acusado al Monarca de haber apoyado tal vez el fallido golpe contra Chávez en el curso de un programa de TV, lo que sin duda dio pretexto a éste para semejante salida de tono. Menuda ayuda para el Rey de España la de este desafortunado tipo sin reflejos, ineficaz, obtuso y desleal.

Tal vez hubiese sido más contundente un alegato que aquel exabrupto, pero el ganado no conoce más que ese lenguaje.

Darío Vidal

16/11/2007

 

       El rifirrafe (16/11/2007 12:20)