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Publicado: 29/11/2007


 

MONARQUÍA Y REPÚBLICA


No soy experto en Derecho Político. Tampoco lo pretendo: no deseo añadir otra ignorancia a la ya larga lista de saberes que he olvidado o nunca aprendí bien. No tengo, pues, ninguna cualificación académica para opinar sobre la disyuntiva entre Monarquía y República como la mayor parte de mis conciudadanos y no quiero sino “fer una prosa en roman paladino, en cual suele el pueblo fablar a su vezyno”.

Ocurre que las maniobras de obstrucción y dilación de los partidos, según sus intereses, cuando se aborda la renovación de las instituciones o se pone a votación el Consejo Asesor de Radiotelevisión Española o la composición del Tribunal Constitucional, me han hecho pensar en el colapso que podría generar en otros ámbitos de la convivencia cívica un presidente de la República, partidista y sometido a los dictados del secretario general de su grupo, que por principio no es imparcial, ni ecuánime, ni independiente, puesto que se orienta –lícitamente-- al logro de sus objetivos ideológicos. Lo vemos en las más altas instancias del Estado, porque un militante promovido a un alto cargo no debe fidelidad mas que a quienes lo han aupado. Y le es difícil ser ecuánime en esta situación.

Acabamos de asistir a la marginación de un presidente del Congreso que se propuso ser fiel a su cometido y al Estado, procurando ser ecuánime, equidistante y desapasionado: Fernando Marín. Pues bien, acaba de renunciar a repetir en la próxima legislatura, decepcionado por la actitud de la Cámara, y en parte cesado “in péctore” por el su propio grupo que lo ha juzgado poco entusiasta, tras haber desempeñado brillantemente otros cometidos. Así es que cuando ayer mismo José Bono, propuesto para sucederle, quiso esbozar un elogio de él, se alejó musitando con amargo despego: “Yo ya no soy de este mundo”. Ese puede ser, aquí y ahora, el tortuoso y efímero tránsito de un presidente de república.

Aunque su poder haya sido moderado por la Constitución, el monarca conserva su valor arbitral y su prestigio de símbolo, con independencia de los partidos, y con un poder de cohesión y una capacidad de liderazgo que dan consistencia a la nación. Y quien diga que esa representación es convencional habrá de aceptar que en política todo se funda en el pacto, hasta el modelo de Estado.

No pretendo demostrar nada. No quiera Dios. Hablar de la disyuntiva entre Monarquía y República es adentrarse en un piélago de sentimientos mas que de ideas. En España este debate, que ha enfrentado familias entre sí, está cargado con pólvora. Es como probar la existencia de un Ser trascendente: que para quienes tienen fe es innecesario y para los incrédulos, inútil.

Otra cosa es el afecto, diría que personal, que el pueblo profesa a don Juan Carlos al que el General despreciaba y postergaba, como a nosotros, y con el que parecía jugar a ponerlo y a quitarlo, según las cartas y el momento,

sometiéndolo a vejaciones en ocasiones simbólicas, que son las más sutiles, como la usurpación de la insignia del Toison de Oro, la Orden que crearon sus antepasados, que pertenece y debe ostentar el jefe de la Casa de Borbón.

Don Juan Carlos era uno de los nuestros, una opción que confirmo en la Transición. El debate ahora está en el futuro.

Darío Vidal

29/11/2007

 

       Monarquía y República (29/11/2007 20:37)


Publicado: 28/11/2007


 

EL EJEMPLO DEL “EJEMPLO”


Tal vez no sea conveniente decirlo. Acaso no es políticamente correcto. Pero las noticias negativas generan sucesos negativos. No me atrevo a decir que sin las noticias que nos enfrentan a nuestro peor rostro dejara de existir el mal, pero el relato de los hechos tiene cierto carácter apologético en uno y otro sentido. Aunque suene reaccionario, la publicidad de los hechos negativos los magnifica, y como el ser humano es un animal de tribu, rebaño y manada, vive de la imitación. Por eso es tan sensible al ejemplo, la crítica, y la opinión. Y tan vulnerable a la publicidad y la propaganda.

Cuenta cierta leyenda urbana que echaron a andar en Estados Unidos una publicación con el título de “Good news” y hasta tal punto no interesaron las buenas noticias, que se arruinó en pocos números. Eso dio pretexto al vaticinio de que “good news, not news” o sea que las buenos noticias no lo son, una máxima que hemos acogido con entusiasmo los periodistas y que se podría desbaratar con solo unos ejemplos: la adhesión de España al Mercado Común, las curaciones en España de los niños afganos, las medallas de oro olímpicas, la participación de astronautas españoles en tareas espaciales estadounidenses y rusas, cada uno de los éxitos en fórmula uno de Fernando Alonso, y las victorias deportivas de los equipos locales. Y aún puedo seguir...

Cuando era un jóven reportero agresivo, optaba por la crudeza y en los tiempos finales del General denunciaba la almibarada sociedad “perfecta” y “feliz”. Era una forma de oposición. Pero tal vez me equivoqué. Justo es reconocerlo y declarar mi modesta parte de culpa en periódicos y emisoras. Por eso fui uno de los pioneros en denunciar el deterioro ambiental y de vaticinar la desaparición de la capa de ozono, que no fiábamos para tan pronto pero llegó desgraciadamente ante los ojos de un mundo que estaba en babia. Y ahí nos quedamos cortos. No acertamos tampoco en que con la liberación de la sexualidad, que había estado aherrojada por la censura hasta la ridiculez, se acabaría con los crímenes entonces casi inexistentes relacionados con él, y ha sucedido lo contrario. ¿Por qué? --nos preguntamos-- Pues tal vez porque el hombre es un desconocido. Ahora ya no envidio a los promotores de revoluciones, porque las revoluciones como los cauces desbordados, toman siempre caminos imprevistos.

Después de denunciar lo negativo con el propósito de conjurarlo, tal vez ha llegado el momento de promover la tácita bondad silenciada y descubrir por ejemplo el valioso trabajo que misioneros y cooperantes desempeñan, pese a sus humanas flaquezas, sin esperar nada a cambio; las cesiones altruistas de órganos para prolongar la vida y mitigar el sufrimiento de enfermos sin esperanza; la generosidad, a veces heroica, que aflora en situaciones límite; la actuación benemérita de las ONG --o cuando menos de su mayoría, porque ahora acabamos de conocer las dudosas actuaciones de alguna de ellas contaminada por el barro de los hombres-- y la demanda de adopción de bebés desfavorecidos aunque padezcan incluso alguna lacra física, sin que en nuestro país importe la raza. Si se invirtiese esa relación de fuerzas, como parece que puede suceder con los Latin-kings, los Ninjas, y las bandas skins y nazis, que son el albañal de las frustraciones, el aire sería irrespirable.

Darío Vidal

28/11/2007

 

       El ejemplo del "ejemplo" (28/11/2007 18:10)


Publicado: 27/11/2007


 

ZAPATERO, NO NOS FALLES (CON “O”)


A mi me importa un pito, con perdón, que José Luís Rodríguez Zapatero sea marxista, franquista, anarquista, islamista, socialista o nacionalsindicalista. Me es indiferente que frecuente el centro, los extremos, el este o el oeste. Me tiene sin cuidado. ¡Pero que sea consecuente!

Lo que no puedo aceptar es que me guinde, me burle, me mienta y me engañe como a un chino. Y sobre todo que me traicione. Del mismo modo que puedo aceptar que una novia se funda la pasta, me coma el coco, me lleve de tiendas e incluso me deje porque soy un desastre. Pero no me avengo a llevar cuernos.

Por supuesto no incurriré jamás en la llamada Violencia de Género, que por cierto fue el santo patrón de ayer (qué primor de laicidad que hayamos pasado del Santo del día al Día del día) por respeto a mi mismo. Desdeño la agresión no sólo por razones éticas sino por repugnancia estética. Me limitaré a recoger la bufanda, recuperar los papeles –los de tomar notas porque los otros no pienso perderlos--, cerrar el ordenador y guardarme el móvil. Y no me verá nunca más. Si acaso, abandonaré en su mesilla de noche una rosa amarilla deshojada, para que se chinche.

Pero lo que no puedo entender, aunque me guarde de criticarla, es la contumacia en el error de tantos devotos que se aprestan a que les tome el pelo, resignadamente. Tenía yo un profesor en la universidad que, remedando a un maestro suyo, decía: “Cuando leo y no me entero, pienso que soy tonto; si vuelvo a leer y no lo entiendo, me asalta la duda de en quién residirá la cortedad; pero si a la tercera no he comprendido, no me cabe duda de que el tonto es él”. Pues bien, con relación a Zapatero, he llegado, en la esfera de lo moral, a la tercera conclusión.

No digo que los otros no lo hagan en muchas ocasiones, porque hace ya años que, en materia de política, hemos perdido la virginidad y no hay cirugía reparadora que enmiende el desaguisado. Pero en cuanto se refiere a él --” un pasito p'alante y otro p'atrás”-- esperar que sea fiable y consecuente en sus promesas es un imposible ontológico.

Ayer, Día de la violencia (sólo) machista, se postuló nuevamente como candidato para presidir el Gobierno con un argumento capaz de estremecernos. Dijo que continuaría, a petición de los compañeros, porque no había finalizado su proyecto y queda mucho por hacer. ¿No está aún satisfecho con lo hecho?

A mi me resulta inquietante la abnegación y la entrega que sugiere ese discurso. Es lo que le sucedía a Franco “el centinela de Occidente”, y lo mismo que al compañero Hugo Chávez, otro golpista también carismático y providencial, partidario como su amigo ZP del “cambio tranquilo” pese a que hace años quiso anticiparse a los comicios llevado de su carácter altruista y desinteresado; el mismo impulso filantrópico que este fin de semana ha sugerido proclamarse candidato a Zapatero, a toda prisa y antes de plazo, entre los vítores de los suyos y las aclamaciones de “¡No nos falles!”

La algarabía de júbilo partidario parecía invadirlo todo, y nadie se percató, porque la diferencia prosódica es mínima, de que la mitad de los ciudadanos sustituía la “a” por la “o” y suplicaba quejumbrosa, pero clara y distintamente: “¡Zapatero! ¡no nos folles!”

Darío Vidal

26/11/2007

 

       Zapatero, no nos falles (con "O") (27/11/2007 02:55)


Publicado: 26/11/2007


 

NO NOS FALLES, CON “O”


A mi importa un pito, con perdón, que José Luis Rodríguez Zapatero sea marxista, franquista, anarquista, islamista, socialista o nacionalsindicalista. Me es indiferente que frecuente el centro, el extremo, el este o el oeste. ¡Me tiene sin cuidado! ¡Pero que lo diga!

Lo que no puedo aceptar es que me guinde, que me burle, me mienta, me engañe como a un chino y, sobre todo, que me traicione. Del mismo modo que, aceptando que una novia se me funda la pasta, me coma el coco con las intrigas de la oficina, se niegue a ver el fútbol y me lleve de tiendas --e incluso me deje porque soy un desastre--, nunca podré transigir con que me ponga los cuernos.

Por supuesto no incurriré jamás en la Violencia de Género, que fue el santo patrón de ayer –que primor de laicidad que hayamos pasado del Santo del día, al Día del día--, por respeto a mi mismo. Yo siempre desdeñaré la agresión no solo por razones éticas sino por repugnancia estética. Me limitaré a recoger la bufanda, recuperar los papales --los de escribir, porque los otros no los pienso perder--, cerrar el ordenador y guardarme el móvil. Y no dejaré verme nunca más. Si acaso, abandonaré en su mesilla de noche una rosa amarilla deshojada, para que se chinche.

Pero lo que no puedo entender, aunque me guarde de criticarla, es la contumacia en el error de tantos devotos ciudadanos que, no perteneciendo a su partido, se aprestan a que les tome el pelo resignadamente. Tenía yo cierto profesor de Filosofía que, remedando a un maestro suyo, decía: “Cuando leo y no entiendo, pienso que soy tonto. Si, ya despejado, vuelvo a leer y no entiendo, me asalta la duda de en quien residirá la torpeza. Pero si a la tercera no entiendo, no me cabe duda de que el tonto es él”. Pues bien, con relación a Zapatero he llegado, en la esfera de lo moral, a la tercera conclusión. No sé ya quién se atreve a confiar en él si no es con la pretensión de que le engañe. Alabado sea Dios, hay gustos para todo.

No digo que los otros no lo hagan en muchas circunstancias, porque ya hace años que, en materia de política, hemos perdido la virginidad y no hay cirugía plástica que enmiende el desaguisado. Pero esperar que Joseluís sea fiable y consecuente con sus promesas --”un pasito p'alante, y otro p'atrás”-- es un imposible ontológico.

Ayer, Día de la violencia sólo machista, se postuló nuevamente como candidato para presidir el gobierno por segunda vez, con un argumento capaz de estremecernos. Dijo que iba a seguir, a petición de los compañeros, porque no ha finalizado su tarea y le queda mucho por hacer. ¿No está ya satisfecho con lo hecho? Es lo que le sucedía a Franco. Y lo mismo que al compañero Hugo Chávez, otro golpista también carismático y providencial, aunque no sea providencialista, y partidario como él del “cambio tranquilo” pese a que quiso adelantarse impaciente a los comicios, como Joseluís que se ha apresurado a hacerse candidato ya, entre aclamaciones de “¡No nos falles!”.

La otra mitad de los españoles ha comenzado a echarse las manos a la cabeza, en vista de lo que le espera, y, en el tumulto, apenas se notaba la diferencia de la suplica: “¡¡Zapatero!! ¡¡No nos folles!!”

Darío Vidal

26/11/2007

 

       No nos falles, con "O" (26/11/2007 02:45)


Publicado: 25/11/2007


 

COHERENCIA DE MONTILLA


“Tengo una pregunta para usted” es un título incitante y prometedor. Una invitación al debate democrático diáfano, que casi todo el mundo rehuye porque es un trance no exento de riesgo.

El caso es que José Montilla, presidente de la Ganeralitat de Catalunya, se encerró con los leones el otro día para que el pueblo soberano inquiriera y le interrogara. Y bien fuera por puro azar o por el informe que publicaba “El Mundo” sobre los libros de texto en las autonomías, un estudiante quiso saber si los hijos del político cordobés acudían a la aulas particulares para soslayar el menú tóxico que administran en la educación pública, si bien no constituye ninguna novedad que los hijos de los “notables” catalanes estudien en centros privados, como los patriotas que se acogen a paraísos fiscales, reservando la cultura catalana para la tropa.

Resumiendo: quiso saber el jóven por qué no acudían los trillizos presidenciales a la enseñanza pública catalana y hubo de escuchar que ésta no es una obligación sino “una opción personal” que tiene todo catalán. Mas si aceptamos que un padre desea lo mejor para sus hijos, se deduce que, para él, lo mejor no es la enseñanza pública que se imparte obligatoria y no opcionalmente en Cataluña.

En cualquier caso la pregunta creó incomodidad, porque las familias sin recursos y los ciudadanos de a pié no tienen otra alternativa que aceptar las asignaturas diseñadas a la medida del nacionalismo doctrinal, con sus embustes y recortes, con sus malformaciones, difamaciones y desinformación calculada, sin ninguna posibilidad de hallar salida. Lo mismo que mientras al principio convivían los dos idiomas oficiales en el aula, ahora nadie puede escoger el castellano que hablan quinientos millones de habitantes en todos los rincones del planeta, y han de estudiar en una lengua que no utilizan más que seis.

El señor Pujol no consiguió llevar adelante su proyecto de catalanizar los apellidos (Sabater por Zapatero, Ferrer por Herrero, Fuster por Carpintero, Castellá por Castellano y así sucesivamente) pero logró desterrar el idioma que hablan todos los nacidos en esta “pell de brau”, la piel de toro a la que tan emocionadamente cantó el poeta Salvador Espriú, motivo por el que se ha proscrito su memoria y se silencia su nombre.

Perdió Pujol la oportunidad de hacer apetecer el verbo jugoso de Joanot Martorell, el épico de Verdaguer y el exaltado de Maragall para que cada cual enriqueciese su universo con el modo de expresión que lo complementara, y terminó imponiendo una sola voz hasta a los hijos de los funcionarios que fatalmente terminarán estudiando en algún otro lugar. Siguió el dudoso criterio mercantil de quienes hacen campañas turísticas utilizando la lengua que sólo conocen los de casa. Esta torpeza terminará aislando a Cataluña y la condenará al solipsismo y la inmanencia cuando podría ser un faro para toda España. Triste destino para esa tierra que amamos y que fue tan abierta. Se condena así al fracaso, suicidándose por querer matar.

A algunos de sus apóstoles les convendría leer las memorias de Esther Tusquets, tan poco sospechosa de tibieza, y analizar sin pasión el último libro de Albert Boadella, ese gran cómico ahora vilipendiado.

Darío Vidal

25/11/2007

dario@singladura.com

 

       Coherencia de Montilla (25/11/2007 01:20)


Publicado: 24/11/2007


 

POLVO SÓLO


No se llamen a engaño. Si hablo de polvo no me refiero al polvo lúdico, generativo y gozoso, sino al polvo de siempre: al polvo polvo. No al polvo de la molinera sino al del molino, para que me entiendan. El polvo del camino hace suponer que el vehículo rinde menos a pesar de la nube que dejamos, los sofás adquieren un tacto como de terciopelo viscoso y ajado, y la visión más próxima se empaña con una bruma de lejanía.

A los varones nos parece que no mancha y, cuando nos quedamos unos días solos, nunca lo limpiamos porque eso no es suciedad: eso son futesas, mariconadas, manías de mujer. Pero a su contacto persistente, los plásticos se vuelven mates para siempre, la piel curtida pierde el brillo, el cuero se acartona, y, sin saber por qué, comenzamos a experimentar tristeza: no he conocido a un solo deprimido que no conviviese con él. No sé si es el efecto o la causa, aunque todo pudiera ser porque el polvo es la cifra del acabamiento y la muerte, sin ningún propósito metafórico ni estético (“pulvus eris...”), ya que el polvo son los escombros del Universo: lo que desechan por inservible los volcanes y las mantas, las hierbas secas y las plumas de los pájaros, las manoseadas escamas de nuestra piel seca y vencida, y las montañas. Además de los planetas y las galaxias. De modo que hasta en el escritorio en que me apoyo aterriza el polvo cósmico tras milenios de depuración y adelgazamiento a lo largo de un viaje que dura mil veces más que nuestras vidas.

El polvo es la lúgubre premonición de la muerte; el testimonio de que no solo la vida sigue, animosa, sucediéndose a sí misma, sino que también el morir nos sobrevive y nos precede poniendo huevos en la herida. Tal vez por eso, el polvo, esa hez de las cosas, nos entristece íntimamente aunque no seamos conscientes de ello, incluso antes de que se pusiera de moda la cremación, cuyas cenizas están poniéndonos perdidos. (“¡Por favor, déjame pasar a la ducha que hemos incinerado a Fernando y me ha dejado el cabello como la nieve!”)

No deja de ser humana, estúpida, miope, irracional, inexplicablemente incongruente, que en una hora presidida por la ecología, torzamos el rumbo de las cosas y, en lugar de fertilizar la vida con la muerte reposando debajo de un almendro como Eloísa, lo que puede constituir una remota fuente de esperanza, hagamos por rematar la muerte reduciéndola a menos que pavesas, que es la forma definitiva de convertirla en basura.

Lo digo pensando en mi admirado Fernando Fernán-Gómez, que no será ya una guardada reliquia, ni podrá descansar en paz, y al que tal vez hemos privado de ser siquiera polvo enamorado.

Darío Vidal

24/11/2007

 

       Polvo sólo (24/11/2007 02:24)


Publicado: 23/11/2007


 

CESAR A MORATINOS


Recuerdo ahora una viñeta de cierta revista ajada que encontré en el desván, en aquella edad en que todo resultaba hilarante, y donde un transeúnte preguntaba a un personaje arrebujado en su sarape y hecho un ovillo bajo un enorme sombrero mejicano:“¿Y usted, compadre, qué hace?”. “¡Pos ya ve...!”-- le respondía el interpelado ambiguamente. “¿Y usted?”-- porfiaba dirigiéndose a otra figurita insignificante acurrucada al lado. “Yo soy el ayudante, señor”. Es la imagen de Zapatero y su compinche Moratinos, ese tándem inseguro de incompetentes que no ha sido capaz de lidiar en otros frentes y se refugia en pintorescos dirigentes bananeros e iletrados contando con que serán más dóciles, pero que les mesan las barbas y les mean la cama.

El delicado Zapatero no ha aprendido todavía que, en determinadas circunstancias, hay que “envidar” con determinación y coraje, y que a los matones, como los de la ETA por poner un ejemplo, no se les puede tratar con timidez, con blandura, con paños calientes, ni con --¡hablemos claro!-- con miedo. Algunos aprendimos esto ya en la escuela, pero da la impresión de que el presidente aún no ha salido del parvulario.

Tal vez antes no fuera tiempo de adoptar medidas drásticas. No lo sé, porque de diplomacia se poco más o menos lo que Moratinos. Pero llegados a esta situación, sería preciso tomar decisiones sin hacer aspavientos y sin ensuciarse en los pantalones. La política es un ejercicio de tacto, prudencia y perspicacia. Y de dignidad. Pero cuando un salvaje la confunde con una porfía de rufianes, hay que dejarse de contemplaciones. La política es también hacerse respetar y, sobre todo, reducir a los otros a su verdadera dimensión. Por eso hay que poner en el suelo al Huracán del Caribe, que se ha crecido y ha encontrado una mina en las vejaciones al Rey y en los insultos a España, sobre todo ahora que se golpea el pecho para impresionar como los orangutanes, en vista de que la mayoría de los venezolanos se niega sensatamente a refrendar su proyecto de constitución para convertirse en presidente vitalicio de su país. Un proyecto de desmedida impudicia, un despropósito y una bellaquería que no está inspirada por el amor a la Patria.

“Tuvo suerte el Rey de que no le oyera –ha dicho ese mequetrefe--; si lo hubiera oído, su corona se le habría caído al suelo”. ¡Pero qué desvergüenza! ¿Qué amenaza es esa? ¿Y quién miraba boquiabierto al Rey cuando le afeaba su conducta? Este bocón sin crianza recuerda al pendenciero de Cervantes, y a aquel otro que se pasó la noche temblando, sujeto por una zarza en el cementerio, y al hacerse de día aseguraba que, si hubiese creído que era un hombre o un espíritu en lugar de un arbusto, le hubiese cosido a estocadas. ¿Tiene que esperar más la Diplomacia española –o lo que sea-- para pararle los pies a este chiquilicuatro? Aparte de oficio hay que tener dignidad y un mínimo decoro para ir por el mundo representando, aunque sea mal, a una nación como España. ¿Se imaginan lo que sucedería en Gran Bretaña si alguien se hubiese atrevido a humillar de ese modo a Su Graciosa Majestad? Este incidente no es una broma. No se le puede dar la espalda. Porque exige el cese inmediato del responsable de Exteriores.

Darío Vidal

23/11/2007

 

       Cesar a Moratinos (23/11/2007 01:47)


Publicado: 22/11/2007


 

LA VIDA ES SUEÑO


La información que apareció en El Mundo ayer y anteayer referida a las distintas versiones de los textos de Historia para escolares analfoautonómicos, es un ejemplo desgarrador de irresponsabilidad política y frivolidad intelectual de quienes ostentan –o más bien detentan-- la dirección del país. Una prueba de que no tienen otra aspiración ni más objetivo que perpetuarse aún a costa de llevarnos al despeñadero.

Y como “París bien vale una misa”, nada importa mutilar los manuales de Literatura, alterar algo tal sólido y telúrico como la Geografía, y falsear el relato de la Historia. Los vascos reclaman La Rioja, parte de la odiada Castilla y un trozo de Aragón; los catalanes toda la mitad oriental de Aragón, toda Valencia, Baleares y, entre otras tierras del Rey de Aragón, El Alguer. Los vascos rechazan como impuro a un pionero del pensamiento contemporáneo como el colosal Miguel de Unamuno. Y Boscán ha cedido su puesto al lado de Garcilaso porque fue un poeta catalán que traicionó la causa escribiendo en un primoroso español.

Y no hablemos ya de la Historia. A los responsables de la Cultura no les importa adulterar la sagrada relación de los hechos para halagar los sentimientos separatistas de algunos necios perturbados, y negar incluso la existencia de personajes tan señeros, gigantescos y valerosos como el guipuzcoano Juan Sebastián Elcano (“Primus circumdedisti me”) que zarpó de Sanlúcar de Barrameda para circumnavegar la tierra con el almirante Magallanes, acompañado de 41 andaluces, 17 vascos, 12 castellanos, 6 gallegos, 2 navarros, un aragonés, un asturiano y un extremeño, todos, como él, bajo el pendón de los reyes de España.

Y así, unos reniegan de Urdaneta, Legazpi, Urbina, Garibay, Oquendo, Lezo y Churruca, entre muchos, y los de acá no citan a Requesens, Gaspar de Portolá, Capmany i Montpalau, el excelente poeta contemporáneo Salvador Espriú, por considerarlos tibios cuando no descaradamente críticos. Aunque es cierto que los mediterráneos no son tan cerriles y por ello más capaces de transigir, como sucede con el franquista Dalí, si los proscritos consiguen el reconocimiento exterior.

Parece evidente que si los secesionistas fueran inteligentes reivindicarían a estos navegantes, poetas, militares, escritores y artistas, alardeando tal vez de que España no sería nada sin esas cumbres de civilización. Pero como niegan pertenecer a nuestra estirpe, rechazan su parentesco con ellos, privándose de lo más honroso de su participación en la Historia.

Sin embargo, todo esto, con ser grave, es solo el síntoma de un mal de mayor calado. Que los que mandan estén construyendo –o lo hayan hecho ya-- una intrincada Torre de Babel para que no nos entendamos, es motivo de preocupación. Pero es la medida de la calidad de la enseñanza en todos los ámbitos del saber. Como todo es relativo, todo es lo que se quiere que sea, y predicar el esfuerzo, el compromiso y el imperio del deber es de “fachas” en lugar de la exigencia ética previa a todo obrar, no vamos a poder competir en el mundo cada vez más competitivo que nos anuncian China y todo Oriente. En este consolidado clima de molicie, la vida es sueño.

Darío Vidal

23/11/2007

 

       La vida es sueño (22/11/2007 00:42)


Publicado: 20/11/2007


 

VERDADES A LA CARTA


Me ocupé de ello en varias ocasiones y no recogí más que el eco denso y espeso del más sobrecogedor silencio. Hay cosas más crueles que el insulto, la difamación y la injuria: la conciencia de la Nada expresada en el silencio. Sucedió en vida del señor Aznar, cuando cayeron en mis manos libros de texto para escolares en los que se falseaban hechos y se ocultaba la verdad según la comunidad a que estuvieran destinados. Una práctica que denuncié como una dasvergüenza y una infamia para las editoriales, y como un crimen y una traición desde la perspectiva del Estado. Pero la titubeante LOCE del Gobierno Anar ha sido rebasada ampliamente por la Ley Orgánica de Educación (LOE) de Zapatero como casi todo.

Había editoriales que, con el apoyo de las subvenciones de aquél y la aquiescencia del Gobierno de turno, han estado destilando un producto tóxico destinado a generar disensión, enfrentamiento y desunión entre los españoles, a mayor beneficio del accionariado, la cotización en bolsa y el capital.

Es cierto que el dinero no entiende de sentimientos, pero hay barreras que no es honesto rebasar. No es lícito hacer burla de la verdad ni enfrentar a las distintas comunidades de una nación que podría ser grande, por un puñado miserable de monedas. Resulta inconcebible tanto cinismo, y es inexplicable que la sociedad parasitada no haya expulsado a los arrabales de la clandestinidad a un cuerpo extraño capaz de aniquilarla. Sería fácil acabar con las editoriales implicadas pero la actitud general habla de la miseria moral de la clase intelectual mas allá de la anécdota. Sucede como con aquella pintoresca Enciclopedia Soviética que silenciaba hechos, inventaba científicos, desviaba paternidades, y se apropiaba de hallazgos científicos que se ha convertido en la rechufla de la humanidad y un testimonio doloroso del complejo de inferioridad nacional de un territorio oprimido siempre por el zarismo más oscuro.

Confío en que tras la información que difundía ayer “El Mundo”, las autoridades académicas que no se habían percatado de nada hasta el momento, no tendrán más remedio que darse por aludidas. Pero me temo que muchos padres jóvenes de buena fe, ya no sean capaces de discernir, si han sido de-formados en las “ikastolas”, el grado de mutilación de su cultura. Instruir en el nacionalismo de cualquier signo y género es un crimen porque constituye una mutilación para los propios y porque margina a los demás, pero cuando para ello es necesario blandir la mentira –como casi siempre-- resulta una torpeza cara, y en ocasiones perdurable, porque se fija en la conciencia del niño e invade lo que Rof Carballo ha llamado la “urdimbre constitutiva” del individuo.

La torpeza provinciana de esos intelectuales a la violeta, que fubulan la historieta de su barrio a capricho, sobre ocuparse en construir una falsedad que como todo falsedad termina desmoronándose sin tardar, están erigiendo una intrincada Torre de Babel en la que nadie va a entenderse y, lo que es peor, va a conseguir mantenernos ocupados y distraídos un siglo más, mientras Europa avanza y prospera.

Los nacionalismos se han inspirado en la instrucción de la Doctrina impartida en las parroquias, que empaña el criterio y se funda en patrones aleatorios y subjetivos. Creo que vamos a llegar tarde para remediar lo que fray Bartolomé de las Casas llamó “la destruyción de Indias”.

Darío Vidal

20/11/2007

 

       Verdades a la carta (20/11/2007 21:52)


Publicado: 17/11/2007


 

UN POLACO EN CANADÁ


No hay diferencia entre los malos y los buenos. Todos los días nos muestra la más oscuro de la vida, lo más sórdido de la existencia, el objetivo alerta de una cámara. Hemos visto psicópatas ametrallando a compañeros de instituto y rastros de vísceras y miembros ensangrentados que testimonian la vesania diabólica del hombre, tras los cientos de atentados que se perpetran en nuestro país y fuera de él. Mas en casi todos ellos nos muestran ya muertos a los muertos, o desplomándose inertes de un disparo certero, tal como nos enseñan la muerte en el cine, sin compasión, culpabilidad, angustia ni agonía: una muerte indolora y “light”, con excepción del insufrible pistoletazo en la sien del prisionero de Mi-Lay arrodillado y humillado, que se desplomó pesadamente como un saco de arena ante la impasibilidad de su ejecutor. Imagino que lo recuerdan.

Pero esas salvajadas del hombre contra el hombre ocultaban los detalles del tránsito, el horror y los gritos del animal que se siente herido de muerte. Se trata de no remover las conciencias. Es lo que hacía herr Joseph Goebels, el melómano e hipersensible cultivador de flores y de pájaros, cuando valoraba el aumento de producción en Auswitz y Maunthausen ocultando que se refería a las fabricas de muertos del Reich.

Ayer sin embargo presenciamos con ojos atónitos el asesinato del emigrante polaco en un aeropuerto de Canadá y no podemos creerlo. Es posible que el pobre diablo no estuviera muy allá porque, desesperado por no encontrar a su familia que supuestamente había venido a esperarlo, y en vista de que nadie entendía su idioma, rompió una mesa de oficina y derribo un ordenador, hasta que apareció la policía, de la que no huyó pensando que tal vez alguien le entendería. Pero, no. Comenzaron a disparar contra él sus modernos y sofisticados subfusiles láser, sin mediar palabra. Unas armas inocuas según dicen, no agresivas, humanitarias e incruentas, pero que lanzan haces de descargas eléctricas de alto voltaje que se fueron sumando después de sucesivos disparos mientras el desgraciado se revolvía primero gritando y luego gimiendo lastimeramente desde el suelo, hasta que tres o cuatro salvajes uniformados se avalanzaron sobre él hasta que dejó de moverse. No sé qué podían temer de él aquellos valientes cibernéticos. Pero lo acabaron. Eso sí, limpiamente. No vertió ni una gota de sangre. No dejó rastro. Un desahogo para la Autoridad.

¿Cómo se puede dotar de armas a funcionarios que se asustan de una rata y temen a un hombre desarmado hasta perder el juicio? Y esperen lo peor porque USA ha descubierto que sus aeropuertos siguen siendo vulnerables.

Si me pierdo en un intrincado aeropuerto laberíntico e inhumano, pido a Dios que la policía me dispare con humanitarias armas convencionales y benignas balas de plomo, que ya habrá quien me las extraiga mientras alguien traduce la información que deseo. Pero suplico que no me traten con el mimo de una persona, paralizándome el corazón, el cerebro y el sistema nervioso. No me traten con tal consideración. Gracias. En el caso de no hacerlo, prometo aparecérmeles todas las noches en sueños, hurgar en las puertas cuando retocen con sus novias, mover los vasos en que vayan a beber y no darles reposo durante el resto de mi muerte.

Darío Vidal

17/11/2007

 

       Un polaco en Canadá (17/11/2007 01:15)


Publicado: 16/11/2007


 

EL RIFIRRAFE


Cuando un elefante penetra en una cacharrería pueden preverse las consecuencias. Lo mismo que cuando un animal confunde la puerta del establo o del corral y se mete de rondón en domicilio de cristianos: las primorosas manufacturas de los seres civilizados terminan holladas por los brutos. Y así sucedió en la Cumbre Iberoamericana de Chile.

Bien es cierto que la culpa estuvo repartida, pues a las nalgadas instintivas de las bestias no supieron hacerles frente con razones o acciones razonables las personas que sintieron profanada su morada.

No se sabe por qué, el garañón que llevaba días arremetiendo contra el ex-presidente José María Aznar sin que nadie lo acallara --no por razones de afinidad ideológica sino por simple cortesía puesto que no se hallaba presente--se zafó del ronzal y se puso a tirar coces contra todo y contra todos, con el consiguiente estropicio, interrumpiendo al presidente del gobierno de España que estaba en el uso de la palabra y paralizando la solemne sesión plenaria ante el pasmo general.

El hecho insólito halló con el paso cambiado a la presidenta de Chile, la anfitriona de la cumbre y moderadora del evento, Michelle Bachelet quien temió enfrentarse al energúmeno vociferante y en lugar de silenciarlo aconsejó que no se enzarzasen en discusiones particulares, equiparando a agresores y agredidos como nos tiene habituados monseñor Setién que en paz descanse por siempre jamás.

Quiso el señor Zapatero preservar noblemente la memoria de Aznar su predecesor, con ánimo conciliador y un talante escasamente agresivo, mientras el venezolano insultaba al ex-presidente, a los españoles, a los navegantes y conquistadores del siglo XV, a las empresas actuales y al propio Rey Juan Carlos, al que al día siguiente culpó incluso de connivencia con el conato de golpe de estado que sufrió en abril de 2002. Y en vista de que don Juan Carlos no contaba con gente de más ánimo que le excusase de intervenir, alzó la voz por aquello de que quien calla otorga, y reclamó con voz tonante y encrespada: “¿Por qué no te callas?”, sin pedir tampoco la palabra, ni aguardar turno, ni encomendarse a Dios ni al diablo, porque no tiene la sangre azul sino roja y es de carne y hueso. Aparte de que esté hasta la corona con la que le está cayendo por la ingratitud de quienes le han utilizado tanto tiempo como paraguas, los disidentes republicanos emboscados y desaparecidos hasta ahora, los bromistas pirómanos catalanistas, y los que ahorcaron su imagen en la Universidad de Bellaterra, acogiéndose cobardemente a la inmunidad del recinto, sin poder aducir contra su persona motivos sino para la gratitud.

Allí quien no pió ni maulló fue el endeble, el medroso e inane Moratinos quien en un acto de doblez sin precedentes había acusado al Monarca de haber apoyado tal vez el fallido golpe contra Chávez en el curso de un programa de TV, lo que sin duda dio pretexto a éste para semejante salida de tono. Menuda ayuda para el Rey de España la de este desafortunado tipo sin reflejos, ineficaz, obtuso y desleal.

Tal vez hubiese sido más contundente un alegato que aquel exabrupto, pero el ganado no conoce más que ese lenguaje.

Darío Vidal

16/11/2007

 

       El rifirrafe (16/11/2007 12:20)


Publicado: 04/11/2007


 

EL REY EN LA OTRA ORILLA


¿Qué va a hacer el Rey en la otra orilla del Mediterráneo? ¿Quién y con qué propósito lo ha enviado? ¿Para desgastarlo? ¿Para destronarlo? ¿Para poner aún en mayor riesgo la integridad de los españoles ante la vesania islamista? Sería interesante conocer los motivos de esta iniciativa de Zapatero y su escudero Moratinos.

Nadie renuncia a Ceuta ni a Melilla, ciudades españolas – y antes aún portuguesas-- cuando no existía Marruecos como entidad política, pero todo el mundo se pregunta qué va a ganar España con este viaje real a las dos ciudades autónomas que los marroquíes consideran parte de su territorio. Y es fácil barruntar que Zapatero, presidente de sí mismo, haya urdido una nueva campaña de distracción para encubrir alguna maniobra que todavía ignoramos. Y que por supuesto no ha sido concebida a mayor gloria de España.

¿Qué sentido tiene exacerbar ahora los sentimientos magrebíes, después del juicio por el atroz atentado de Atocha --un suceso mal juzgado según toda la prensa europea--, con la creciente presión yihadista sobre al trono alauíta y las amenazas explícitas de Al Qaeda contra los paises meridionales del Continente? Nadie lo sabemos, pero destapar caprichosamente la caja de Pandora, como califica la prensa marroquí tal iniciativa, no augura buenos tiempos. Y, en cualquier caso, utilizar la figura y el prestigio del Monarca no en apoyo del Estado sino en beneficio propio o del partido, como hizo ZP en el desfile del 12 de octubre protegiéndose de los abucheos de la multitud, constituye una cobardía y una indignidad.

El gobierno no puede echar al Rey y al país a los leones para alcanzar un objetivo partidario. El gobierno debe estar al servicio de la nación y no la nación al del gobierno

Darío Vidal

04/11/2007


 

       El Rey en la otra orilla (04/11/2007 11:18)