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Publicado: 23/10/2007


 

RAJOY EN EL AVISPERO


El Partido Popular lo tiene chungo. Lo ha tenido siempre incluso cuando parecía que le iba bien. Como si obedeciera a un impulso fatal, da la impresión de bastarse a sí mismo para hacerse la guerra. Muchos recordarán que cuando Fraga creía recuperar alguna credibilidad tocado con el sombrero hongo de viejo demócrata británico en las primeras elecciones tras la guerra después de su discutible biografía, se enajenó el voto de mucha gente de orden en plena campaña, cuando dijo aquello de que “si para implantar la Democracia había que sacar los tanques a la calle, no dudaría en hacerlo”. Y algunas personas huyeron de él despavoridas.

Lo mismo sucedió con Hernández Mancha y con el propio Aznar cuando, pasado el primer mandato, se le subió la sangre a la cabeza al poner los pies sobre la mesa de Bush y empezó a creer lo que la gente no creía y a hacer cosas que no deseaba. Ayer, cuando pretendía tomar el relevo para La Moncloa, no se le ocurrió otra cosa a Mariano Rajoy que indisponerse con todo el mundo a cuenta del cambio climático.

Puede ocurrir que Mariano Rajoy haya perdido ya contacto con la realidad. En las alturas suelen cerrar las ventanas para que no les azote el viento, pero eso impide escuchar la viva voz de la calle. No quiere decir esto que haya que plegarse a la opinión más extendida pues pese a lo que decía San Agustín, no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios (“Vox pópuli, vox Dei”) pero tampoco hay que obcecarse por los colores de las personas que sustentan los puntos de vista, prejuicio al que no escapan muchas veces algunos científicos. Ahí tienen por ejemplo la Biorritmia, una ciencia incipiente sobre los ciclos biológicos animales, que no progresa porque la iniciaron los “nazis” en los Campos de Exterminio -un baldón histórico que en nada desmiente su eficacia- y por otro lado la Lógica Matemática que impartía de manera casi clandestina el profesor Manuel Sacristán Luzón en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, porque se consideraba una asignatura de inspiración marxista. Lo mismo pasa con las campañas anticontaminación, que estaban auspiciadas por grupos antisistema y ahora es Al Gore quien enarbola la bandera de la regeneración ambiental.

Probablemente Rajoy, que es gallego, tuvo la idea de dar la campanada porque, si bien se mira, en su discurso en el Congreso Nacional de la Empresa Familiar dijo lo mismo con otras palabras: que es más importante ocuparse de las emisiones de CO2 que del cambio climático. Pero haciendo ruido.

Me recuerda Rajoy a aquel alcalde de un pueblo de Galicia cuya escuela de niñas se había quedado sin maestras y recibió al inspector de Enseñanza Primaria sugiriendo que en el caso de que no hubiera suficientes tituladas cualificadas, les enviase unas cuantas prostitutas. Al terminar se le acercó el secretario congestionado: “Señor alcalde: que mal rato nos ha hecho pasar a todos; por lo visto se ha trabucado al final del discurso y en vez de decir sustitutas decía usted prostitutas”. “¡Qué coño voy a trabucarme! Si lo hubiera dicho bien como al otro inspector, no nos habrían hecho ni caso. Y ahora cuando llegue al despacho dirá: manden unas maestras al pueblo de aquel burro de alcalde que confunde a las sustitutas con prostitutas”. ¡No ha habido más remedio que escuchar a Rajoy!

Darío Vidal

23/10/2007

 

       Rajoy en el avispero (23/10/2007 19:52)