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Publicado: 09/10/2007


 

CREERSE A ZAPATERO


Daríamos algo por creer a Zapatero. Desearíamos pensar que supedita sus intereses a los de la nación y que ha llegado a la certeza de que se puede estar en el centro, la derecha o la izquierda siendo y sintiéndose español. Pero a quien no quiere renegar de la patria, su historia y sus símbolos, le insulta llamándole fascista. ¿Cómo culpar entonces al PP por apropiarse de lo que él rechaza?

Nos daríamos con un canto en el pecho si pudiéramos creerle cuando le dice a la oposición que no insista porque “ya estamos de acuerdo” sobre el No al referendum de Ibarreche, sobre la ley de banderas, y sobre el reconocimiento del papel de la Corona en la implantación de la Democracia. Aunque antes dijo muchas veces durante en el trámite del “Estatut”, sin dejar de ser presidente del Gobierno, que “el concepto de nación es discutible y discutido” mientras hacía prestidigitación verbal definiendo la “nacionalidad” –que ridículo esperpento-- como nación, que a su decir son lo mismo. Aunque no sea lo mismo nación que nacionalidad, que es la condición de lo relativo a la nación.

No podemos creer que Zapatero esté de acuerdo, simplemente porque no lo está. Si lo estuviese, promovería las leyes para preservar la soberanía de la nación y haría que se aplicasen las ya promulgadas. Así es que habría hecho ondear la bandera constitucional en los mástiles de todos los edificios oficiales; advertiría a Ibarreche de que la Constitución permite suspender la autonomía de una comunidad ante el chantaje separatista, y se habría erigido en defensor del Rey –del jefe del Estado como él gusta decir-- en lugar de obligarle a que saliera él mismo a defender su labor después de vilipendiado, humillado y escarnecido. No basta con decir de boquilla que él no está de acuerdo con que quemen, ahorquen y arrastren la imagen del Rey ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero no me gustaría que me defendieran mis amigos como él al monarca.

Cómo podemos creer en su súbito entusiasmo por España, cuyo nombre no se le cae de la boca en las últimas semanas, y en la precipitada imagen de hombre de Estado que están apresurándose a confeccionarle los asesores. Cómo querríamos creer que nunca más volvería a negociar con HB, ETA y ERC si volviese a presentarse la ocasión. Pero todo induce a pensar que fiel a su talante, defendido “ad náuseam”, volvería a las conversaciones con los pistoleros bajo capa de “negociación política” y a jurar que Otegi y De Juana Chaos entre otros, no han sido nunca terroristas sino“hombres de paz”.

Va a ser muy difícil que el común de los españoles cambiemos de opinión sobre él. Y eso es lo que está percibiendo de los electores. Ha de cambiar de cara en solo seis meses. Lo malo es que en nuestro tiempo hay archivos sonoros, hemerotecas, y mucha incontinencia verbal por su parte, creyendo aún en que “a las palabras se las llevaba el viento”. Y ya no: las palabras las oye demasiada gente, aunque los allegados practiquen el olvido metódico y la amnesia selectiva, y ahora quedan escritas aunque no se pronuncien en presencia de taquígrafos. Y lo que es aún peor: quedan grabadas y aún filmadas. Es difícil creer lo contrario de lo que ha venido diciendo hasta hace tres meses. Lo sentimos señor Zapatero.

Darío Vidal

09/10/2007

 

       Creerse a Zapatero (09/10/2007 17:55)