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Publicado: 02/10/2007


 

GRAVE Y BONITO


Cuando Zapatero se postuló para secretario general de su partido, ya que nadie había pensado en él, un amigo mío conocedor de las mujeres, el mundo y la política, vaticinó que don José Luis iba a ser el próximo presidente del gobierno pese a que nadie lo conocía.“Bueno, habrá que saber como piensa”,- le dijimos. “Con su planta y sobre todo con esa voz, dalo por hecho. La gente no escucha los argumentos sino el murmullo de la voz y no olvides que el cincuenta por ciento del electorado es femenino”. Y lo echamos a broma. Pero se cumplieron punto por punto sus predicciones.

Ha pasado el tiempo y se han sucedido los hechos, pero la realidad ha venido a confirmar aquellas predicciones. No importan los errores cometidos en el modelo de Estado, las vacilaciones en la política exterior, ni la rendición a los nacionalismos (“la mejor manera de no caer en la tentación es sucumbir a ella”). Tampoco tienen en cuenta sus contradicciones y sus argucias de seductor. También lo fue Felipe González del que éste ha tomado prestados gestos, desplantes y latiguillos. ¡Pero qué diferencia!

Para comenzar, es difícil suponer un atractivo a una persona que toma la personalidad prestada, porque lo que querría ser de mayor ZP es FG y no ZP. Pero lo cierto es que a pesar de llevar el papel cambiado y después de renuncios, embustes y falacias, sigue estando 2'5 puntos por encima, en intención de voto, que Mariano Rajoy que puede que tampoco tenga chispa, ni hipnotice, ni arrebate a los electores, pero formula propuestas plausibles, utiliza datos, emplea argumentos y da razones, aparte de transmitir una sobria imagen de honestidad y sustentar la eficacia política de la españolidad.

No sé que dirá mi amigo de la candidata Rosa Díez –he de preguntarle-- cuando acaba de presentar el nuevo partido de centro-izquierda UPD con Savater, Boadella, Vargas Llosa y el apoyo de Ciutadans de Catalunya. Que tengan vientos prósperos y a ver si, de paso, a la derecha se le cura el complejo de culpa tan eficazmente alimentado por la izquierda y se arriesga a decir que se puede ser de derecha, izquierda o centro siendo español. Azaña decía que prefería una España roja --es un decir-- que una España rota, planteando la opción como una alternativa entre lo progresista y lo “carca”; pero ahora ya ven: resulta que lo más “fashion”, moderno, glamouroso y “progre” es el esperpento decimonónico de los separatismos, que son una modalidad fósil de nostalgia de lo que nunca existió, alentada por ciertos políticos bonitos y de voz grave, con el propósito de sucederse.

Ya va siendo momento de no hurtarse a los debates de nuestro tiempo y no detenerse en polémicas falsas y cuestiones inventadas por ciertas minorías que desean usurpar nuestro futuro. Los españoles se interesan por el cambio climático, el equilibrio entre crecimiento sostenible y preservación del medio ambiente; por nuestro alineamiento estratégico en un nuevo orden mundial forzado por desequilibrios económicos planetarios, migraciones incoercibles y la predicación medieval de la “yihad” y el odio religioso por parte del Islam.

No nos preocupan –¡todo lo contrario!-- ni un Rey al que debemos la Democracia, ni las falacias con que quieren desviar nuestra atención, sino los políticos de vuelo corto cuyo ideario son ellos mismos.

Darío Vidal

02/10/2007

 

       Grave y bonito (02/10/2007 02:47)