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Publicado: 31/10/2007


 

DESBARAJUSTE JUDICIAL


No creo en conspiraciones, conjuras ni contubernios. Supongo que no habrá manos negras detrás el juicio sobre el 11-M. Pero hace falta tener mucha fe para no tener fe: es preciso ser muy crédulo para no creer que el Juicio del 31 de octubre “trahe yerba secreta”.

Dejemos a un lado la insaciable y sanguinaria ETA, el tortuoso juego de los políticos, y las insinuadas relaciones y concomitancias entre una y otra bandas. Supongamos que son casuales los envíos de los dos cargamentos de explosivos, que no se manipuló la mochila de la furgoneta “Kangoo”, e incluso que no existió jamás tal vehículo. Pero que no coincidan las coartadas ni los tiempos, que no se quiera oír el testimonio de los testigos que va destapando la investigación, ni se contemple deducir testimonio en relación con los nuevos hechos, ni confrontar versiones para descubrir las contradicciones, que se desprecien indicios, se desechen pruebas, se silencien confidencias decisivas grabadas en soporte magnético que fueron guardadas durante meses en el cajón de un despacho, hasta que apareció fortuitamente en una mudanza, o que se adulterase un informe policial sobre los explosivos, culpando de prevaricación a dos funcionarios de conducta intachable, es algo que merece explicaciones. Y sobre todo, que “el malvado” de la trama, el supuesto cerebro del crimen, el “pívot” en torno al que giran los personajes, sea absuelto a pesar de que se acumulasen las sospechas y los testimonios en su contra, resulta apabullante, estupefaciente e increíble.

Pero sucede también que, al revés que la mujer del César, aquí no lo es y no lo parece. Cuando faltan piezas es difícil que encaje el rompecabezas, pero puede adivinarse lo que falta e intuirse la trama completa. Sin embargo me parece que, al margen de la complejidad y lo laborioso de la causa, el sumario del atentado del 11-M es un “totum revolutum”, un embrollo, un follón loco, un lío inextricable, un insondable desbarajuste judicial, que no ha resuelto, explicado, ni aclarado el horrible crimen de Atocha, y que a unas horas de haberse emitido el veredicto de los jueces, se desconoce quién lo perpetró, por qué en aquel momento, como se fraguó y sobre todo quién fue el cerebro e inspirador de la acción.

Renunciamos a fabular conjuras y a urdir sospechas, pero necesitamos convicciones, suguridades y certezas. Queremos saber qué pasó.

Darío Vidal

31/10/2007

 

       Desbarajuste judicial (31/10/2007 19:26)


 

SAMEÍN Y LOS DIFUNTOS


El mimetismo papanatas e iletrado que nos aqueja está a punto de dejar las festividades de Todos Los Santos y Los Fieles Difuntos sin contenido, en beneficio del espurio “Halloween” de los anglosajones, que resulta no serlo tanto porque es una traducción mala y una caricatura tosca de una tradición española --por lo menos española-- de origen probablemente celta, que hace años celebrábamos en muchos pueblos también de origen ibérico, en cuyas casas y rincones más oscuros se ponían secretamente calabazas vacías con aspecto de monstruo o de calavera, en cuyo interior una vela encendida movida por la brisa, daba vida y movimiento a sus facciones espantables y temibles.

En la noche del uno al dos, la de Todos Los Santos, las familias rezaban tres partes de rosario en torno a la camilla o arropadas por la fogata del hogar, y luego se comían ciertos dulces como “huesos de santo”, boniatos y castañas asadas y se contaban consejas, se referían leyendas, se narraban cuentos, casi siempre de almas en pena y aparecidos, que encantaban y aterraban a los niños a partes iguales. Hasta que llegada la hora de retirarse a los dormitorios, en que todos remoloneaban temiendo cualquier sorpresa macabra, se oían en las habitaciones los gritos de los embromados y las carreras de quienes no podían controlar el susto o el terror, a medida que se oían los ruidos de cadenas en el piso de arriba y guiñaba los ojos o sacaba la lengua la siniestra estantigua que aguardaba en la sombra.

Dicen que el origen de esa representación folklorizada debe rastrearse en la cultura céltica tan tocada de tanatofilia que no discierne suficientemente entre la muerte y la vida como sucede en Galicia, en que los camposantos conviven con los poblados o se reparten un jardín con la iglesia, como sucedía con los cementerios parroquiales en la Edad Media; un tierra donde perviven las procesiones de espectros y almas en pena como La Santa Compaña, o en la que perviven procesiones votivas, como la de los ataúdes ocupados por los que la voluntad de Dios impidió que muriesen antes de que Dios quisiese.

Si quieren meterse en el mundo mágico de la muerte sin la sordidez de lo macabro; de la muerte como tránsito y no como final; de la muerte como suceso de la vida, vayan a la villa gallega de Oleiros donde por estos días viven la jornada de Sameín como siempre, como en el reciente siglo XII cuando la Iglesia introdujo la festividad de Todos los Santos para honrar a los difuntos. Pero ríanse, búrlense, carcajéense a mandíbula batiente de esa tontería del “Halloween” a la que se apuntan los grandes almacenes, que mancillan y profanan lo que tocan, desde el Día de la Madre y San Valentín --que por cierto es para mí el hereje fundador del “valentinianismo”--, hasta la Navidad.

Sameín, hace cuatro mil años nació para anudar los vivos y los muertos, Halloween es un invento de mercachifles para ganar calderilla. Título para una desvergonzada canción de Manu Chao.

Darío Vidal

31/10/2007

 

       Sameín y los Difuntos (31/10/2007 03:02)


Publicado: 25/10/2007


 

EL ENERGÚMENO DEL “METRO”


Lo vimos todos, y algunos saltaron en su asiento de modo reflejo para propinar dos sonoras bofetadas al energúmeno del metro de Barcelona que le dio una patada en la cara a una niña ecuatoriana que estaba sentada junto a la ventanilla. Aunque nadie de los escasos presentes se movió, a los que vimos el vídeo nos alteró el pulso. Pese a que no somos quiénes para juzgar. Tal vez en esas ocasiones es difícil hacerse cargo de la situación, aunque indigne la desproporcionado y salvaje de la escena, porque no se sabe qué ha mediado entre agresor y agredido; si ha existido una provocación previa o se trata de una vieja cuenta pendiente en que no podemos mediar. Por eso es entendible, aunque sea criticable, la, al parecer, cobarde actitud de los presentes. Pero el americano que veía sin mirar la atroz agresión, tal vez no estaba en condiciones de prestar ayuda por su situación acaso precaria. En cuanto a algún eventual espectador, pudo paralizarse por la presumible paliza que podía esperar del matón, al que vio borracho y drogado hasta las cachas, o quién sabe si le detuvo el mal trato que depara la Justicia española a los inocentes.

El deterioro de la seguridad en nuestro país se debe, en buena medida, a la impunidad de los agresores y el castigo real de las víctimas. A raíz de este suceso, contó un caballero por la radio que salió en defensa de una señora asaltada precisamente en las Ramblas por un individuo, hubo juicio, la mujer no compareció y fue condenado a pagar las costas y a indemnizar con medio millón al agresor por los daños sufridos. Un taxista me decía desolado que repelió a un atracador que le había herido en el cuello con una navaja y le tiene que pasar todos los meses parte de su sueldo porque el malandrín aduce que le dañó la columna vertebral del puñetazo. Y es que los delincuentes de ahora carecen de dignidad, no poseen la mínima profesionalidad y no valen para nada. A una familiar mía, sin ir más lejos, se le presentó en casa la policía con un sujeto, le preguntaron si habían denunciado la desaparición de un coche, le pidieron los datos y le dijeron ante su estupor que el tipo era el autor del delito y qué quería que hicieran con él. “Eso lo sabrán ustedes y el juez; no es tarea mía”--respondió. Mientras, el tipo gritaba: “Señora, piense lo que dice que sé dónde vive, me he quedado con su cara y en una semana estaré en la calle” . Imagino que no se creerán tal despropósito que parece inspirado en la Guerra de Gila o en un desternillante “gag” surrealista. Pero es verdad. “¿Qué dicen ustedes a esto?” --preguntó la damnificada ante la amenaza proferida ante testigos tan cualificados como los agentes de la autoridad. “Pues qué quiere, señora, que la Ley está como está”. Y allí se despidió el duelo con la damnificada burlada, el garduño libre como un pájaro, y la policía, bien, por casa.

La impunidad aireada por las entrevistas de las cadenas de televisión, que dieron notoriedad a este energúmeno como si fuera un campeón y un cantante --en la calle, pese a contar con ficha y antecedentes--, alienta tanto el crimen como los vacíos legales.

Menos mal que, también en Cataluña, los viajeros de un ferrocarril se amotinaron contra un interventor que observó una conducta vejatoria con un ciudadano de color.

Ello restituye nuestra confianza en el género humano.

Darío Vidal

24/10/2007

 

       El energúmeno del metro (25/10/2007 00:30)


Publicado: 23/10/2007


 

RAJOY EN EL AVISPERO


El Partido Popular lo tiene chungo. Lo ha tenido siempre incluso cuando parecía que le iba bien. Como si obedeciera a un impulso fatal, da la impresión de bastarse a sí mismo para hacerse la guerra. Muchos recordarán que cuando Fraga creía recuperar alguna credibilidad tocado con el sombrero hongo de viejo demócrata británico en las primeras elecciones tras la guerra después de su discutible biografía, se enajenó el voto de mucha gente de orden en plena campaña, cuando dijo aquello de que “si para implantar la Democracia había que sacar los tanques a la calle, no dudaría en hacerlo”. Y algunas personas huyeron de él despavoridas.

Lo mismo sucedió con Hernández Mancha y con el propio Aznar cuando, pasado el primer mandato, se le subió la sangre a la cabeza al poner los pies sobre la mesa de Bush y empezó a creer lo que la gente no creía y a hacer cosas que no deseaba. Ayer, cuando pretendía tomar el relevo para La Moncloa, no se le ocurrió otra cosa a Mariano Rajoy que indisponerse con todo el mundo a cuenta del cambio climático.

Puede ocurrir que Mariano Rajoy haya perdido ya contacto con la realidad. En las alturas suelen cerrar las ventanas para que no les azote el viento, pero eso impide escuchar la viva voz de la calle. No quiere decir esto que haya que plegarse a la opinión más extendida pues pese a lo que decía San Agustín, no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios (“Vox pópuli, vox Dei”) pero tampoco hay que obcecarse por los colores de las personas que sustentan los puntos de vista, prejuicio al que no escapan muchas veces algunos científicos. Ahí tienen por ejemplo la Biorritmia, una ciencia incipiente sobre los ciclos biológicos animales, que no progresa porque la iniciaron los “nazis” en los Campos de Exterminio -un baldón histórico que en nada desmiente su eficacia- y por otro lado la Lógica Matemática que impartía de manera casi clandestina el profesor Manuel Sacristán Luzón en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, porque se consideraba una asignatura de inspiración marxista. Lo mismo pasa con las campañas anticontaminación, que estaban auspiciadas por grupos antisistema y ahora es Al Gore quien enarbola la bandera de la regeneración ambiental.

Probablemente Rajoy, que es gallego, tuvo la idea de dar la campanada porque, si bien se mira, en su discurso en el Congreso Nacional de la Empresa Familiar dijo lo mismo con otras palabras: que es más importante ocuparse de las emisiones de CO2 que del cambio climático. Pero haciendo ruido.

Me recuerda Rajoy a aquel alcalde de un pueblo de Galicia cuya escuela de niñas se había quedado sin maestras y recibió al inspector de Enseñanza Primaria sugiriendo que en el caso de que no hubiera suficientes tituladas cualificadas, les enviase unas cuantas prostitutas. Al terminar se le acercó el secretario congestionado: “Señor alcalde: que mal rato nos ha hecho pasar a todos; por lo visto se ha trabucado al final del discurso y en vez de decir sustitutas decía usted prostitutas”. “¡Qué coño voy a trabucarme! Si lo hubiera dicho bien como al otro inspector, no nos habrían hecho ni caso. Y ahora cuando llegue al despacho dirá: manden unas maestras al pueblo de aquel burro de alcalde que confunde a las sustitutas con prostitutas”. ¡No ha habido más remedio que escuchar a Rajoy!

Darío Vidal

23/10/2007

 

       Rajoy en el avispero (23/10/2007 19:52)


Publicado: 20/10/2007


 

EL ODIO DE CAROD


No voy a salir en defensa de Carod Rovira porque no me lo ha pedido y porque no tengo ninguna afinidad con él. Pero el que ayer noche estuviese atento al programa de TVE “Tengo una pregunta para usted” posiblemente adivinase que en su radicalidad separatista y en la intransigente negativa a dejarse llamar en castellano, apuntaba un resentimiento muy próximo al amor. Carod atajó intemperante y airado a cierto interlocutor porque no tenía derecho a cambiarle el nombre llamándole José Luis ya que se llamaba Josep Lluís “aquí y en la China”. La pugnacidad de la respuesta, como la impostación de la prosodia enfáticamente catalana, no me digan que no es la de un amante despechado, un amante dispuesto a matar. Aunque fuera incapaz de sobrevivir a la muerte de la amada. Algo que en modo alguno reconocería.

Y en otras dos ocasiones por lo menos, dio las claves de esa actitud que a algunos nos parece incomprensible pero que debería movernos a reflexionar. La una cuando dijo que la respuesta a una nación que nos desdeña es separarse de ella, y la otra cuando una participante volvió a llamarle Losé Luis aduciendo que no podía llamarle Josep Lluís porque ni sabía catalán ni tenía interés en aprenderlo, añadiendo el desprecio a la descortesía. El debate en relación con el catalanismo, el nacionalismo y el independentismo no alcanzó cotas más elevadas porque se quedó en lo visceral, que es probablemente el nivel en el que arraiga. Pero dio suficiente munición a quienes piensan como ERC y a muchos otros. De modo que el líder de los republicanos catalanes replicó, con razón, que no entendía que su interlocutora pudiese pronunciar sin dificultad nombres como Schwarzeneger y Shakespeare y hallase alguna para decir su nombre. Ese es el que llaman nacionalismo separador y excluyente de los castellanos, tomando el nombre de España en vano, que según algunos mueve y da aliento al separatismo catalán. El centralismo francés que importamos a finales del XVIII y nos impuso Napoleón, no es un traje que nos venga a medida y ha sido causa de un desencuentro dramático de dos centurias.


LOS MARAGALL

Algunos nos atreveríamos a decir que quien menosprecia y desdeña una lengua también española, aunque el señor Carod no suscribiría probablemente la españolidad del catalán, es dudosamente español aunque sea castellano. Pero esa actitud forma parte de la reacción del amor contrariado al que nos hemos referido.

Pasqual Maragall, nieto de Joan Maragall –al que llaman “Maragal” los que no tienen dificultad en pronunciar “Dvorshak” para nombrar a Dvorak-- es un ejemplo de la radicalización del catalanismo, alentado por la miopía del excluyente casticismo centralista. No hemos aprendido que “el Ser puede decirse de muchas maneras” como anunció Aristóteles, y que España puede verse desde muchas perspectivas. Un catalán de los que los catalanistas llaman “españolistas”, que son y se sienten arriesgadamente españoles, tienen una visión de la patria común muy diferente a la de un manchego por poner un ejemplo, lo mismo que difieren en carácter. Pero cierta cerrilidad uniformista no entiende el amor en distintos idiomas. La Iglesia, mucho más inteligente que la Castilla que ha pretendido dejarnos a todos sin Historia propia, fundó su férrea unidad en la más fragante y abigarrada diversidad.

Un parlamentario de la decadencia dijo amargamente que “español es el que no puede ser otra cosa”; pues bien, muchos nacionalistas catalanes se duelen de que no les han dado opción de ser españoles. De ahí su rechazo, a veces radical, a reconocerse tales. Y también su rencor y despecho de amante desairado que ha llevado a posturas catalanistas, nacionalistas y separatistas.

El gran poeta Joan Maragall mostró su españolidad en el Himne Ibéric y su dolor en la Oda a Espanya escrita en 1898, el año del desastre: “Escucha España la voz de un hijo/ que te habla en lengua no castellana.../ te han hablado mucho de los saguntinos / y de los que mueren por la patria.../ yo quiero hablarte de modo muy diferente: ¿Por qué verter la sangre inútil? En las venas la sangre es vida; vertida es muerte...”. Y tras dolerse por su desamparo, termina con un argumento desgarrador: “No entiendes esta lengua que te habla entre peligros? ¿Has des-aprendido a entender a tus hijos? ¡Adios, España!” Una despedida que ha puesto por obra su nieto Pasqual desde la presidencia de la Generalitat de Catalunya.


LA NOSTALGIA DE ESPAÑA

Otro poeta cien años más reciente, como Salvador Espriú, uno de los más excelsos del siglo XX, cantó con nostalgia a Sepharad, como un hebreo sin tierra y con el dolor de quien añora a una madre. Ningún otro en su tiempo ha escrito un poemario como “La pell de brau” (La piel de toro) que es una elegía a la patria anhelada a la que no tiene acceso, mientras el toro en la arena de Sepharad embiste la piel alzándola en bandera. “Contra el viento, esa piel / de toro, del toro cubierto de sangre,/ es ya harapo endurecido por el oro / del sol, para siempre entregado al martirio / del tiempo, oración nuestra / y blasfemia nuestra./ A la vez víctima, verdugo, / odio, amor, lamento y risa, / bajo la cerrada eternidad del cielo.” El cielo que se cierne sobre la vieja piel de toro que el sol no puede secar por “la sangre que hemos vertido todos / (y) la que mañana verteremos”. Una premonición escalofriante cuando ni la ETA ni Terra Lliure habían comenzado a matar.

Lo dramático es constatar que esos testimonios de españolidad dolida se resuelven en despego y en rechazo hacia una España indiferente, miope, torpe, desdeñosa e insensible que no sé si tiene remedio.

Darío Vidal

18/10/2007

 

       El odio de Carod (20/10/2007 00:32)


Publicado: 11/10/2007


 

LA LEY DE LA MEMORIA Y EL DIABLO


Creo que lo dije ya una vez. Tuve combatientes en los dos bandos y uno de los republicanos murió durante un bombardeo de los nacionales en el frente de Lérida. Una hermana suya y su madre –mi abuela Carmen-- se pasaron la primera posguerra peregrinando por la zona de pueblo en pueblo siguiendo su rastro y nada consiguieron.

Produce cierto rubor confesar estas intimidades que a nadie deberían importar, pero no es ocioso hacerlo antes de atreverse a denunciar en público eso de la entronización zapatera de la Memoria Histórica, más que nada para no dar la razón a quienes quieran llamarme fascista o pretendan insultar a mi familia por si lo hubiese sido. Si algo no desearía revivir es el desgarro esquizofrénico de mis primeros años, cuando me mostraban las fotos jugando con unos y otros.

Quiero proclamar el derecho a guardar cada cual su alma en su almario, el recato de recordar cada cual a sus muertos en silencio, la libertad de pensar que cada cual luchó para alumbrar un futuro más próspero y vividero –me refiero a la gente del pueblo y no a los políticos-- y a reconocer que después de muchas penalidades y avatares, finalmente lo consiguieron, tras una dictadura, muchas injusticias, algunos aciertos y un generoso pacto de reconciliación entre todos. Un difícil empeño que, después de mucho esfuerzo, mucho tacto, mucho tiempo, mucha generosidad y una decidida voluntad política, pretende arruinar el señor Rodríguez Zapatero con denodado entusiasmo, apelando al rencor de los unos contra los otros --casi extinguido-- y a los sentimientos más bajos e innobles que anidan en el corazón humano.

Cabe preguntarse por qué razón y con qué propósito alimenta el jefe del Ejecutivo la alimaña del encono y el rencor, que habían dado ya por zanjados, fatigados de tanto sufrir, los que lucharon y sus hijos.

No diré que ese empeño por dividirnos sea diabólico, porque habría que concederle un rango superior de inteligencia, una sutileza sibilina que no descubriría lo dañino del plan. Lo diabólico está orlado de prestigio intelectual mientras que esta torpe ocurrencia que está enfrentándonos no pienso que obedezca a una estrategia inteligente –deseo pensarlo por bien de su inspirador cuando menos-- pero sí que resulta una añagaza diablesca en la acepción más maligna y perversa del término; en lo más puro de su significado etimológico. Porque “dia-bolé” es el que desune, el que enfrenta, el que separa, el que “se empeña en mantener el enfrentamiento caótico del universo” (Germain Bazin) erigiéndose en Príncipe de la Discordia frente a la Armonía, que Arquelao definió como “la unificación de lo discordante”. Esto es, en aquello en que debería consistir la tarea mediadora del político digno de tal nombre.

Actuar como el Príncipe de la Discordia, sobre todo si es avivando el rescoldo y las pavesas, es, como mínimo, irresponsable, si no suicida. Eso cuando no tenga ribetes delictuosos. A no ser que nuestro aprendiz de brujo revele la verdadera intención de su iniciativa.

Darío Vidal

10/10/2007

 

       La Ley de la Memoria y el diablo (11/10/2007 14:59)


Publicado: 09/10/2007


 

CREERSE A ZAPATERO


Daríamos algo por creer a Zapatero. Desearíamos pensar que supedita sus intereses a los de la nación y que ha llegado a la certeza de que se puede estar en el centro, la derecha o la izquierda siendo y sintiéndose español. Pero a quien no quiere renegar de la patria, su historia y sus símbolos, le insulta llamándole fascista. ¿Cómo culpar entonces al PP por apropiarse de lo que él rechaza?

Nos daríamos con un canto en el pecho si pudiéramos creerle cuando le dice a la oposición que no insista porque “ya estamos de acuerdo” sobre el No al referendum de Ibarreche, sobre la ley de banderas, y sobre el reconocimiento del papel de la Corona en la implantación de la Democracia. Aunque antes dijo muchas veces durante en el trámite del “Estatut”, sin dejar de ser presidente del Gobierno, que “el concepto de nación es discutible y discutido” mientras hacía prestidigitación verbal definiendo la “nacionalidad” –que ridículo esperpento-- como nación, que a su decir son lo mismo. Aunque no sea lo mismo nación que nacionalidad, que es la condición de lo relativo a la nación.

No podemos creer que Zapatero esté de acuerdo, simplemente porque no lo está. Si lo estuviese, promovería las leyes para preservar la soberanía de la nación y haría que se aplicasen las ya promulgadas. Así es que habría hecho ondear la bandera constitucional en los mástiles de todos los edificios oficiales; advertiría a Ibarreche de que la Constitución permite suspender la autonomía de una comunidad ante el chantaje separatista, y se habría erigido en defensor del Rey –del jefe del Estado como él gusta decir-- en lugar de obligarle a que saliera él mismo a defender su labor después de vilipendiado, humillado y escarnecido. No basta con decir de boquilla que él no está de acuerdo con que quemen, ahorquen y arrastren la imagen del Rey ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero no me gustaría que me defendieran mis amigos como él al monarca.

Cómo podemos creer en su súbito entusiasmo por España, cuyo nombre no se le cae de la boca en las últimas semanas, y en la precipitada imagen de hombre de Estado que están apresurándose a confeccionarle los asesores. Cómo querríamos creer que nunca más volvería a negociar con HB, ETA y ERC si volviese a presentarse la ocasión. Pero todo induce a pensar que fiel a su talante, defendido “ad náuseam”, volvería a las conversaciones con los pistoleros bajo capa de “negociación política” y a jurar que Otegi y De Juana Chaos entre otros, no han sido nunca terroristas sino“hombres de paz”.

Va a ser muy difícil que el común de los españoles cambiemos de opinión sobre él. Y eso es lo que está percibiendo de los electores. Ha de cambiar de cara en solo seis meses. Lo malo es que en nuestro tiempo hay archivos sonoros, hemerotecas, y mucha incontinencia verbal por su parte, creyendo aún en que “a las palabras se las llevaba el viento”. Y ya no: las palabras las oye demasiada gente, aunque los allegados practiquen el olvido metódico y la amnesia selectiva, y ahora quedan escritas aunque no se pronuncien en presencia de taquígrafos. Y lo que es aún peor: quedan grabadas y aún filmadas. Es difícil creer lo contrario de lo que ha venido diciendo hasta hace tres meses. Lo sentimos señor Zapatero.

Darío Vidal

09/10/2007

 

       Creerse a Zapatero (09/10/2007 17:55)


Publicado: 05/10/2007


 

EL REY AHOCADO


El Rey que trajo la Democracia a este país y acalló el ruido de sables el 23-F favoreciendo la etapa mas larga de paz, convivencia y prosperidad que se ha vivido en la Historia, fue ahorcado ayer en imagen en el Campus de Bellaterra (Sant Cugat, Barcelona) con la bandera española cruzándole el pecho y una mancha de sangre a la altura del corazón, sin que lo impidiera nadie, ni siquiera la dotación de Mossos de Esquadra que estaba presente.

No quiero pensar lo que sucedería si una persona insegura, medrosa, con manía persecutoria y en tratamiento psicológico como Rodríguez Zapatero, se viese representado por un monigote de trapos, ensangrentado y colgado de una fachada bajo la pancarta en que se dijera que “la Universidad Autónoma de Barcelona también quema al presidente español”. Tampoco es fácil imaginar dónde pondrían el grito los bravos “escamots” de ERC –los mismos que huyeron de Barcelona por los cloacas como la ratas-- si alguien representase a uno de sus líderes adornado con los símbolos del Estat Catalá y en parecida tesitura. Pero es indudable que se habría puesto en marcha todo el aparato de propaganda de los respectivos partidos, y los medios de comunicación habrían tratado el asunto como un verdadero “casus belli”, que acaso lo sea.

Pero lo cierto es que el Gobierno de la nación se inhibe de la defensa del Rey como si fuese algo que no va con nosotros o se tratase de la Reina de Inglaterra, y lo que me parece muy significativo es leer en los periódicos que frente a las banderas republicanas que blandían los republicanos se alzó la bandera española que portaba un ultraderechista. La artera falacia de confundir nuestra enseña con el derechismo es una apreciación completamente deformada por la propaganda antisistema, pues, como nadie ignora, entre los republicanos ha habido personas católicas y de derechas como José Bergamín y la mayoría de los falangistas eran republicanos. ¿Por qué había de ser ultraderechista el que agitaba la bandera de España? Pues porque de ese modo se le desautoriza.

No quiero por nada del mundo el enfrentamiento irracional entre unos y otros, pero echo de menos que cuantos se sienten insultados por esos y otros actos contra los símbolos y las instituciones no reaccionen de manera adecuada y convincente en lugar de refugiarse en la mudez. Y así pasa lo que pasa y por no ponerse roncos de discutir y aún de gritar, acumulamos presión unos y otros hasta estallar en un fogonazo de violencia irreparable que enfrenta a los hombres en los campos y arruina el progreso y el futuro de dos generaciones.

Basta de esa actitud cobarde de Montilla echando pelillos a la mar al asegurar que los actos contra las instituciones no tienen mayor trascendencia, y del culpable comportamiento de Zapatero que nos conduce como un beodo irresponsable hacia el precipicio. Cada día que pasa se ahonda una sima entre unos y otros –lo saben muy bien los agitadores profesionales--, dando lugar a que, desplazando a los republicanos teóricos, que no se sienten inclinados por ahora a cuestionarse el régimen, se agrupen en torno a la banda de Terra Lliure, los aburridos, los desarraigados, los ociosos, los resentidos y los que pugnan por salir el el periódico.

Y luego dicen que el partido de Rajoy se apropia de los símbolos de la nación. ¿Quién los ha de sustentar si nadie los quiere?

Darío Vidal

05/10/2007

 

       El Rey ahorcado (05/10/2007 23:02)


Publicado: 04/10/2007


 

EL DILUVIO


La ficción tecnológica nos hace vivir con la ilusión de que hemos dominado a la Naturaleza. Puentes de varios kilómetros, muros imbatibles, altísimos edificios, potentes aeronaves, ingenios espaciales y siniestras armas de destrucción masiva, nos permiten soñar que hemos vencido a los elementos, cuando no hemos ideado mas que un “puzzle”, un “meccano”, un juego infantil de construcciones tan llamativo como vulnerable. Pero como “los dioses ciegan a los que quieren perder”, en esta esquina de mundo en que hemos progresado tal vez porque la Creación parece que ya ha concluido, tenemos la soberbia y la arrogancia de creernos a salvo de los rigores del clima y las catástrofes naturales.

Yo estuve en Ecuador –El Ecuador como dicen allí con razón-- al poco de ser barrido por El Niño y pude ver el espectáculo grandioso y sobrecogedor de una tierra en formación, los destrozos en provincias como Manabí, Azuay, Pichincha, Tunguraua, Napa, Pastaza, e incluso la aparición de un río de unos cuarenta metros de anchura en Chimborazo, hasta entonces inexistente, a pocos kilómetros de Riobamba. Y, aunque imagino que experimentarán cierta aprensión a creerme, vi cómo se había desplazado parte de una montaña e invadía “el carretero”, engullido abruptamente por una muralla de tierra, peñascos y árboles, que se elevaba hasta el cielo envuelta en una niebla espesa y húmeda, obligándonos a retroceder.

Aquí nos creemos a salvo de esas incidencias fortuitas porque nos hemos encaramado en la cúspide del poder político y tecnológico. Eso no reza con nosotros. Aunque este verano hemos sabido que en nuestro país varias personas han muerto heridas por el rayo, si bien en el campo no habían tenido ocasión de olvidarlo. Hace dos años un tifón arrancó de cuajo algunos olivares, sólidos como muelas del juicio, en Aragón. A finales de verano y naciendo el otoño, han conocido el Diluvio en Almuñécar primero y luego en Loja, Alcalá de Guadaira, en poblaciones de Granada y Sevilla, y algunas de Extremadura como Ribera, donde las avenidas han estado a punto de tirar al suelo el nuevo Instituto de Enseñanza Media, construido no hace mucho en lo que todos sabían que era el cauce de una riera.

Puede que parte de este desconcertante comportamiento de “Gea” se deba al controvertido cambio climático. Sin duda. Y esa es una culpa del hombre que el hombre esta empezando a pagar. Pero no es menos culpable de querer manipular los montes o los ríos –como en Nueva Orleans-- y los cursos de los torrentes y las ramblas, como sucedió en las famosas inundaciones del Llobregat en Cataluña, o los cauces secos por donde desaguan los montes como en el “camping” oscense de Ordesa. Porque con independencia del rigor de los elementos que parecen desatados, antes nadie se aventuraba a hacer una casita, y menos un edificio de pisos, en el camino del agua, y ahora sorprenden la buena fe de los vecinos ignorantes, ciertos constructores que no ignoran el riesgo del terreno en que edifican, y la rapacidad culpable de Ayuntamientos y ediles venales, logreros y trincones, que permiten lo impermisible a cambio de lo que saben, confiando en echarle la culpa al tiempo si algo sucede.

Pero cuando pecamos contra la Naturaleza en el castigo llevamos la penitencia.

Darío Vidal

04/10/2007

 

       El Diluvio (04/10/2007 01:44)


Publicado: 02/10/2007


 

GRAVE Y BONITO


Cuando Zapatero se postuló para secretario general de su partido, ya que nadie había pensado en él, un amigo mío conocedor de las mujeres, el mundo y la política, vaticinó que don José Luis iba a ser el próximo presidente del gobierno pese a que nadie lo conocía.“Bueno, habrá que saber como piensa”,- le dijimos. “Con su planta y sobre todo con esa voz, dalo por hecho. La gente no escucha los argumentos sino el murmullo de la voz y no olvides que el cincuenta por ciento del electorado es femenino”. Y lo echamos a broma. Pero se cumplieron punto por punto sus predicciones.

Ha pasado el tiempo y se han sucedido los hechos, pero la realidad ha venido a confirmar aquellas predicciones. No importan los errores cometidos en el modelo de Estado, las vacilaciones en la política exterior, ni la rendición a los nacionalismos (“la mejor manera de no caer en la tentación es sucumbir a ella”). Tampoco tienen en cuenta sus contradicciones y sus argucias de seductor. También lo fue Felipe González del que éste ha tomado prestados gestos, desplantes y latiguillos. ¡Pero qué diferencia!

Para comenzar, es difícil suponer un atractivo a una persona que toma la personalidad prestada, porque lo que querría ser de mayor ZP es FG y no ZP. Pero lo cierto es que a pesar de llevar el papel cambiado y después de renuncios, embustes y falacias, sigue estando 2'5 puntos por encima, en intención de voto, que Mariano Rajoy que puede que tampoco tenga chispa, ni hipnotice, ni arrebate a los electores, pero formula propuestas plausibles, utiliza datos, emplea argumentos y da razones, aparte de transmitir una sobria imagen de honestidad y sustentar la eficacia política de la españolidad.

No sé que dirá mi amigo de la candidata Rosa Díez –he de preguntarle-- cuando acaba de presentar el nuevo partido de centro-izquierda UPD con Savater, Boadella, Vargas Llosa y el apoyo de Ciutadans de Catalunya. Que tengan vientos prósperos y a ver si, de paso, a la derecha se le cura el complejo de culpa tan eficazmente alimentado por la izquierda y se arriesga a decir que se puede ser de derecha, izquierda o centro siendo español. Azaña decía que prefería una España roja --es un decir-- que una España rota, planteando la opción como una alternativa entre lo progresista y lo “carca”; pero ahora ya ven: resulta que lo más “fashion”, moderno, glamouroso y “progre” es el esperpento decimonónico de los separatismos, que son una modalidad fósil de nostalgia de lo que nunca existió, alentada por ciertos políticos bonitos y de voz grave, con el propósito de sucederse.

Ya va siendo momento de no hurtarse a los debates de nuestro tiempo y no detenerse en polémicas falsas y cuestiones inventadas por ciertas minorías que desean usurpar nuestro futuro. Los españoles se interesan por el cambio climático, el equilibrio entre crecimiento sostenible y preservación del medio ambiente; por nuestro alineamiento estratégico en un nuevo orden mundial forzado por desequilibrios económicos planetarios, migraciones incoercibles y la predicación medieval de la “yihad” y el odio religioso por parte del Islam.

No nos preocupan –¡todo lo contrario!-- ni un Rey al que debemos la Democracia, ni las falacias con que quieren desviar nuestra atención, sino los políticos de vuelo corto cuyo ideario son ellos mismos.

Darío Vidal

02/10/2007

 

       Grave y bonito (02/10/2007 02:47)