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Publicado: 29/09/2007


 

BUSH DESPIDE A ZP


Fue un episodio mortificante y vejatorio que nos cubrió de vergüenza, si bien debemos reconocer que no alcanzó los niveles del desprecio que infirió el señor Zapatero a la bandera de los Estados Unidos, cuando no imaginaba que sería presidente. Lo de ahora ha sido un desdén hacia la persona, en tanto que aquello lo fue al símbolo de la nación.

Estoy refiriéndome al encuentro/desencuentro --más bien encontronazo-- de Bush y Zapatero en los pasillos de Naciones Unidas. Un evento que debió preparar Moratinos, hay que suponer que cuidadosamente, y que salió como un siete en la camisa. Una tentativa pensada en el contexto de la precampaña electoral, situando a Zapatero en el lugar de paso con la inocente presencia de la televisión, para dar la impresión de que hacían las paces con el gendarme universal antes de los comicios y “pelillos a la mar”, aunque salió tan mal como cabe esperar de un diplomático de las trazas y la sutileza del ministro de Exteriores.

En otro país, un revolcón como el sufrido por el prodigioso Zapatero habría significado la remoción del culpable, aunque el desaire no se hubiera producido con tanta publicidad. La negligente desenvoltura del tejano dejó al pobre “muchachito de Valladolid” -o de León- avergonzado, corrido, cortado, azorado, sonrojado y confuso, rehuyendo la mirada y sin saber qué hacer con las manos. Un mal rato, de esos de tierra trágame, que tardará a olvidar y puso en evidencia su falta de vuelos, su carencia de recursos y su extrema cortedad.

El amo del imperio le tendió la mano con cara de guasa, le dedicó la atención justa, le dijo en español “¿Qué tal, cómo está?” sabedor de que no conoce otro idioma, y siguió adelante sin darle tiempo a contestar queriendo hacerlo, hecho un lío, farfullando unas palabras ininteligibles y pagando así su arrogancia de adolescente iletrado, cuando quiso ir de díscolo y mala cabeza no levantándose al paso de la bandera de una nación amiga en el desfile al que nuestro gobierno había invitado. (Claro que él no le dio demasiada importancia porque eso de las banderas es una bobería. ¡Será por banderas! Aquí las tenemos por decenas). Tal vez ahora aprendió, si es capaz de aprender, que el jefe del Gobierno y el de la oposición deben un trato exquisito a todas las representaciones nacionales haciendo abstracción de lo que en cada momento les pida el cuerpo. Y si hubiese querido perseverar en la descortesía, tampoco se trataba de mantener la silla pegada al culo, sino de haber dicho con mirada impertinente --puesto que en esta ocasión ya no era su anfitrión y se hallaban en campo neutral-- : “Yo estoy perfectamente ¿y usted? ¿Cómo le va con la oposición birmana de Sein Win en contra de Than Shwe; cómo le va con la barrera balística, y qué tal con el grano que le ha salido en Irán por culpa de Mahmud Ahmadinayed que quiere borrar a Israél del mapa?”.

Todo menos quedarse confuso tal que un párvulo, sin saber qué hacer y a quién mirar, a dónde llevar el cuerpo y cómo poner las manos. Eso nunca. ¿Es que en ese partido no hay otra alternativa?

Darío Vidal

29/09/2007

 

       Bush despide a ZP (29/09/2007 02:15)