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Publicado: 27/09/2007


 

TROPEZAR DE NUEVO


Lo malo es que en la vida colectiva no rigen las mismas cautelas que en la individual. En la vida privada parece que aprendemos, mal que bien, cosas tal elementales como que el que corre con los ojos cerrados se estrella, que hay que desconfiar del que no confía en nosotros, que no hay que dar crédito al embustero y que quien te la ha hecho una vez no dudará en volvértela a hacer. Cosas elementales, consejos de abuela, primeras enseñanzas de colegio. Pero el comportamiento de personas que individualmente parecen tan avisadas, suele ser de un candor adolescente cuando se conducen en grupo.

El presidente Zapatero se ha manifestado contra el calentamiento global, frente a los países más industriales y algunos ingenuos han hecho la ola. En un momento de desprevenido entusiasmo yo mismo he estado a punto de hacerla. Pero me ha frenado recordar que sus decisiones no obedecen a una ideología sino al avatar coyuntural. Algo de eso sucede con ciertos políticos. Pero en este caso resulta escandaloso. Basta recordar las salidas y entradas en Iraq, las vacilaciones en Afganistán, las oscilaciones en la política de soberanía y la rotura de vínculos con los territorios, hasta convertirnos en un Estado fracto e infrafederal en el que se alienta el provincianismo cantonalista y enaltecen los plurales patriotismos convenientes en el momento.

Un ser que se mueve a impulsos del miedo, puede pactar con los terroristas una cosa y hacer la otra cuando piensa que los negociadores se han olvidado –desconociendo que ellos no tienen más que una idea-- o negarla para hacerla luego; y puede tolerar que se incumpla la Ley, y que haya territorios en la nación en que no se ice la bandera que la representa, o que pueda decir una y mil veces que la patria no tiene sentido y que él, el presidente de un gobierno, el representante de la nación, es simplemente un “ciudadano del mundo”. Una declaración “pour eppater les bourgeois”, de adolescente inmaduro, de bachiller no leído ni viajado ni escribido, capaz de transmitir desafección, desapego, inseguridad y desconfianza, aunque hoy haya andado tropezando con banderas en la recepción de los militares muertos en Afganistán, temeroso y con los ojos vueltos hacia los soldados.

Debería saber que hasta para presentarse a las elecciones a Delegado de Curso hay que inspirar confianza a los condiscípulos y no basta con hablar despacito y grave ahuecando la voz, si cada cual no se siente representado y defendido por el representante. Cosas elementales de guardería que parece no haber aprendido. El caso es que cuando se esta un tiempo ausente o ha caído uno con la gripe, no sabe ya en que tesitura hallara a Zapatero si a favor o en contra, o en trance de trenzar “un pasito p'alante y otro p'atrás” haciendo o deshaciendo la postura anterior. Pero tantas veces como se le aplaude una iniciativa, se queda uno con cara de tonto porque esta diciendo otra cosa. Y viceversa. ¿No tendrá este hombre recambio en su partido? Porque ha acometido ya la campaña electoral y nadie se cree nada.

Darío Vidal

26/07/2007

 

       Tropezar de nuevo (27/09/2007 00:12)