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Publicado: 22/09/2007


 

BAZAR DE TÍTULOS


Lo había escrito alguna vez cuando algunas universidades han decidido, por respeto a si mismas, actuar contra esos truhanes que expiden títulos por Internet a doscientos euros, para vestir vanidades, confeccionar “curriculos”, apabullar a crédulos, arropar a vagos, encumbrar caraduras, facilitar empleos, y estafar, en una palabra, “a todos los siervos de Dios”. Yo no espero nada desde este humilde rincón, ni confío en la difusión de lo que digo más allá de lo que alcanza la curiosidad del curioso internauta que da milagrosamente conmigo. Pero era evidente que no solo yo recibía los mensajes que me proponían doctorarme sin hacer el doctorado, lo que agrega un punto mas de desvergüenza a quienes preparan la tesis previo pago y por encargo de otro.

No sé si es obra de bergantes o de guasones porque la publicidad no engañaba. En lo que se refería a las supuestas universidades norteamericanas –no leí ninguna oferta de una española-- decía: “Si usted posee la formación que cree necesaria acuda a nosotros, y sin estudiar, sin exámenes ni pérdidas de tiempo, en un mes puede obtener el grado de licenciado o doctor por las más prestigiosas universidades no reconocidas....” ¿Quién podría acusar de estafa al que nos ofrece titulaciones en una “prestigiosa universidad no reconocida”? El juez podría confirmarnos que los promotores son unos redomados cínicos, pero no que nos hubiesen engañado más de lo que estábamos dispuestos a engañar a los demás.

Ya ven, por unos seiscientos euros podíamos colgar en nuestro despacho, por ejemplo, unos títulos surtidos de doctor en Economía, doctor en Filosofía y doctor en Derecho Internacional. Casi nada. El éxito era ya cuestión de pico, de fantasía y de puesta en escena. En unos pocos años, para no despertar más sospechas de las imprescindibles, podíamos hacernos con toda la “colección”: másters, licenciaturas y doctorados en Ciencias Químicas, en Física Cuántica, en Cirugía Cardiovascular, en Ingeniería Nuclear y pida usted por esa boca. Y para felicidad completa de nuestros estudiantes tardo-zapateristas, sin estudiar, ni examinarse, ni hojear un libro. El complemento ideal de nuestro competitivo bachillerato y nuestra docta Universidad, poblados de chicos con asignaturas pendientes mientras pugnamos por todos los medios para que no se cansen ni se estresen, facilitándoles exámenes trimestrales liberatorios de cada materia para que no sobrecarguen la memoria, al tiempo que Bruselas alerta del fracaso escolar español, y el Ministerio, del éxito de los estudios universitarios. La gran contradicción que no podría superarse aún con la contribución de toda la ingeniería filosófica acopiada en siglos de cultura, si no fuera por la astuta operación de márketing copiada de los inventores estadounidenses del bazar de títulos. Así se explica que de bachilleres lerdos e iletrados que escriben incluso palabras juntas, surjan esas lumbreras universitarias versadas en varias disciplinas.

Ahora vamos a ver si la Comisaría Política de Educación “vuelve sus ojos misericordiosos” a los estudiantes, que deberían ser su único objetivo, y se deja de lecturas partidarias para conseguir que aprenden, que compitan con los de otros países en plano de igualdad, mientras pone los medios para que no exista ese hiato entre lo que dicen en Bruselas y lo que afirma ella. Que si no valemos para Europa no aprovechamos para nadie.

Darío Vidal

22/09/2007

 

       Bazar de títulos (22/09/2007 16:16)


 

EL CIRCO DE LOS MAC CANN


Con los padres de Madelein Mac Cann hemos ido desde la condolencia, la compasión, la solidaridad, la simpatía y la oración, al estupor, el desconcierto, la perplejidad y el rechazo. No sabemos si son lo que nos parecían entonces o si lo que nos parecen ahora pero nos sentimos confusos. Y también sorprendidos por que el primer ministro británico el señor Brown les haya “prestado” a su jefe de prensa y que hayan contratado al abogado más caro del Reino Unido para que les defienda. Tal vez eso tiene que ver con que el padre de Madelein iba a ser llamado por el primer ministro para que integrase en un segundo escalón de su gobierno. Aunque no sé si la Sanidad justifica tan grandes dispendios económicos y de imagen.

Pero de momento parece que se han producido contactos entre los gobiernos de Londres y Lisboa, y por ahora no tendrán que regresar a Praia da Luz, ni la policía lusa va a volverles a interrogar siquiera a distancia. ¿A qué se debe esa mudanza en poco más de cuarenta y ocho horas? Hasta el Ministerio del Interior ha enviado sus agentes y sus perros sabuesos, con objeto de que esta pareja de médicos, al parecer bien relacionada, no estuviese a merced del capricho y las arbitrariedades de una policía tercermundista y dictatorial. ¿Imagina alguien la historia al revés? ¿Hubiera permitido la Gran Bretaña que hubiesen entrado policías en el país para investigar un caso parecido?

No han tenido bastante con que los restos orgánicos obtenidos se hayan analizado en laboratorios ingleses, ni con que hayan detectado que la sangre y los fluidos personales de la desaparecida porten su mismo ADN el mismo que impregna sus vestidos y sus juguetes. No basta. Al muy poco tiempo, no se sabe quien insinuó que los exámenes no eran definitivos, estaban incompletos y podían pertenecer a otra persona. Si ese informe se hubiese encomendado a cualquier otro país es fácil adivinar que hubiese pasado.

Como el jefe de investigación, un profesional con formación, prestigio y experiencia de años en Portugal no ha variado en lo más mínimo su opinión sobre los hechos, mientras se iba modificando la versión inglesa, los abyectos “tabloides” británicos han querido cargar la culpabilidad de este crimen al jefe de la investigación que, según dicen, es un mafioso y “capo” de cierta organización de pederastas raptores de criaturas. Y además es un tipo rechoncho, bajito y calvo, con “look” poco anglosajón al parecer, pero no muy diferente al de los moradores de Israel, Malta, Palermo, Marsella y Barcelona. ¡E Inglaterra!

Pero es que el hombre, que es muy largo, ha encarecido a su equipo objetividad y no confía en el dolor de los que representan dolor, ni de los que en vez abandonarse a su pena se ocupan de su imagen, ni de los padres que tardan cuarenta minutos --un montón de kilómetros de huida con un niño-- a presentar la denuncia de su desaparición a la policía, ni de los que anteponen dar la noticia a la televisión de su país a la eficacia de la búsqueda, ni de los que tienen que pedir las llaves de la iglesia para poder rezar (?), ni de los que exhiben el muñeco preferido de una niña desaparecida –que huele a muerto después de varias lavadas injustificadas-- como la madre de Madelein.

Tampoco nosotros podemos creer en ese circo y sentimos un hondo dolor por una niña preciosa a la que nadie llora.

Darío Vidal

21/09/2007

 

       El circo de los Mac Cann (22/09/2007 01:38)