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Publicado: 19/09/2007


 

COLORANTES HIPERACTIVOS


Lo que faltaba. Unos investigadores británicos acaban de descubrir que un par de colorantes alimenticios –un malva y un no sé qué-- ponen a los infantes como motos. En cuanto ingieren un pastelito o un caramelo con trazas de ellos, se suben por las paredes.

No sé cómo ha trascendido pero el caso que los responsables del centro se han apresurado a mitigar la alarma asegurando que no son tóxicos ni tienen efectos nocivos pero que van a investigarlos. Y ya huele raro que un producto recién comercializado tenga esos efectos secundarios. ¿Es que no había ya en el mercado otro malva y otro no sé qué, que permitiese a los de la bollería industrial aviarse sin acabar con las generaciones que vienen?

Pero eso casi es lo de menos. Lo de más es que disminuye notablemente la atención. Y eso es un torpedo en la linea de flotación de los escolares.

Los docentes saben que los niños están perdiendo la curiosidad y la capacidad de interesarse por las cosas, no digamos ya las más abstrusas y difíciles y que los más pequeños pierden el hilo incluso con los cuenta-cuentos. Las clases de una hora son ya cosa del pasado; algunas no llegan a la media. ¿Qué se puede meter en una cabeza infantil, y lo que es peor, en un cerebro adolescente, si cuando el profesor ha concluido el planteamiento, los alumnos se han quedado sin fósforo para la exposición o sin curiosidad para saber en qué para la cosa?

Eso de concentrarse es un esfuerzo insufrible y costoso. Nuestras pautas de comportamiento sustentadas en el goce, se aproximan más a la distracción. Y a aprender, estudiar y adelgazar sin esfuerzo. Las apelaciones de nuestro mundo no permiten que nos centremos en nada. Y desde que la televisión ha ido extendiéndose por todos los rincones del planeta y no se pide a los escolares que memoricen siquiera la tabla de multiplicar o que los estudiantes de secundaria aprendan la fórmula de la superficie del triángulo o el volumen del cubo, a los chicos no les suenan los nombres de los reyes ni el curso de los ríos de Europa, ahora que somos tan europeos.

Sé que estoy haciendo un discurso de abuelo Cebolleta y lo deploro, así es que me retiro. Pero si siento como un peligro la creciente hiperactividad de los chicos --dispersa, alocada y sin meta--, me da más miedo la incapacidad de fijar la atención y de grabar datos esenciales en el cerebro de los que van llegando. Y más por una cuestión de colores.

Darío Vidal

19/09/2007

 

       Colorantes hiperactivos (19/09/2007 23:17)