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Publicado: 17/09/2007


 

LOS COLUMPIOS DE FIRMAT


Se han producido ya milagros. Han comenzado a registrarse curaciones sin que nadie sepa a quien agradecer los favores, porque los hechos no se ha atribuido ni a Dios ni al diablo. Y centenares de personas viajan –no se puede decir por hoy que peregrinen-- a Firmat, una población de veinte mil habitantes próxima a Rosario, provincia de Santa Fe en la República Argentina.

Una desolada explanada urbana de Firmat se ha convertido en plaza y la Municipalidad ha instalado tres modestos columpios en su centro. Nada raro y mucho menos sorprendente, hasta que el columpio del centro comenzó a mecerse alegremente a las pocas horas de su instalación, como el badajo de una campana de fiesta. Aunque en ocasiones se para, y otras se suman a la fiesta los columpios laterales. Los santafesinos se desplazan a ver el prodigio, la Iglesia se inhibe cautelosa del fenómeno que además no aparece vinculado a ningún ser sobrenatural y algunos firmatanos aseguran que en ese columpio del centro murió desnucado un niño hace años. Claro que, se si ponen a hacer memoria, reparan en que nunca jamás había habido columpios –hamacas como les dicen allí-- ni tampoco niños en aquel descampado.

Ahora no es como antes. A través de Internet se pueden leer los comentarios del periódico local, las opiniones en la radio de los observadores confusos y las imágenes de la TV y de los teléfonos móviles colgadas en la red. Y se ve. De pronto el juguete pendular se detiene y puede permanecer inmóvil durante horas hasta que se arranca de nuevo solo o en compañía, de día o de noche, ante el pasmo y la general turbación. Físicos, matemáticos, psicólogos y parapsicólogos han debatido la cuestión, y el alcalde ha hecho clausurar el recinto con una pequeña verja para que los curiosos no interfieran el fenómeno. En uno de los vídeos se puede ver cómo un operario municipal observa concienzudamente el fenómeno y detiene completamente el columpio. Al cabo de un par de minutos comienza a percibirse como un hormigueo creciente en las cuerdas y poco a poco vuelve a moverse hasta alcanzar la misma intensidad. Hace unos días robaron el del centro, el más activo, pero la Municipalidad lo repuso inmediatamente y continuó balanceándose.

Naturalmente han vuelto a enfrentarse la mente lógica y la mente mágica y mientras unos atribuyen los hechos a las fuerzas sobrenaturales, otros piensan en fenómenos magnéticos, en campos gravitatorios y fallas tectónicas. Aunque no es poca objeción que no afecten por igual a los tres columpios.

Hay que confiar en que nadie sepa nunca el origen de los hechos. Estamos tan fatigados de buscar siempre las razones de las cosas --y de que nos las descubran incluso antes de interrogarnos por ellas--, que exigimos espacio para el misterio. A veces es más tranquilizador pensar que Dios nos castiga con un empeoramiento del tiempo a causa de nuestros pecados, que aceptar que se ha producido un cambio climático originado por la desaparición de la capa de ozono y el consiguiente calentamiento del Planeta. En el primer caso por lo menos nos queda el recurso de rezar.

Darío Vidal

17/09/2007

 

       Los columpios de Firmat (17/09/2007 18:49)