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Publicado: 12/09/2007


 

EL RECUERDO O LA CONCORDIA


El Príncipe de Asturias de la Concordia ha sido este año para el Museo del Holocausto de Jerusalén, en competencia con otras instituciones como Democracia de África. Pero sin quitar ningún mérito al primero ni rebajar la vesanía maníaca de los “nazis” que está sobradamente contestada y justamente vilipendiada por todo el mundo, el Holocausto no corre el riesgo de olvidarse mientras un solo hebreo conserve la memoria y el “lobby” judío americano controle decenas de periódicos, cadenas radiofónicas y las principales agencias internacionales de noticias.

Lo que no resulta tan fácil es prestar atención al movimiento por la democracia en África, título muy noble pero excesivamente retórico, pienso, mientras los africanos son en su mayoría hordas empobrecidas, analfabetas y, lo que es peor, hambrientas. Que los pueblos y los individuos deprimidos se representen y decidan por si mismos es, sin duda, uno de los mas nobles empeños de las sociedades desarrolladas, pero no rebasa el horizonte de la utopía y en ocasiones del sarcasmo. Por eso, independientemente de su aplauso en los medios y su oportunidad propagandística, resulta más urgente acudir en auxilio de ese continente que se desangra a nuestro lado. Israel tiene toda la fuerza y todos los medios para evocar su pasado, pero África no tiene modo de afrontar el presente si no es mendigando, como si no tuviese derechos y careciese de dignidad.

Tal vez el pueblo judío, desde su opulencia, pudiera destinar parte de su atención y sus presupuestos a los que sufren la opresión y las vejaciones que él conoció y a recordar a los que con ellos compartieron el martirio, pastores, sacerdotes, gitanos, tarados y lisiados. ¿A qué clase de concordia se refiere el jurado del Premio Príncipe de Asturias? No será a la piedad con que los sionistas tratan a sus vecinos musulmanes, aunque tampoco ellos sean inocentes. Ni al uso que hacen de las odiosas bombas de racimo o al armamento por valor de miles de millones con que les obsequia el gobierno de los EE.UU cada ejercicio.

Es cierto que existen hombres justos y buenos en ambos lados que merecen la admiración y el respeto de todos, porque es muy difícil ser comprensivo y ecuánime viviendo la desgracia, y ahí está el benemérito Daniel Baremboim y sus músicos solidarios y ejemplares. Pero esos no alientan el odio de la memoria trágica diciendo que pretenden la concordia.


Darío Vidal

12/09/2007

 

       El recuerdo o la concordia (12/09/2007 18:15)


 

TENDENCIAS POLÍTICAS



Aquello del líbero arbitrio que tanta guerra dio a los teólogos está resultando que no pasa de ser un espejismo. Y ahora que los penalistas se rien de Lombroso porque suponen que las facciones no delatan al criminal, ahora precisamente la neurología y la genética sugieren que vamos por la vida como juguetes teleguiados. Hace no más que unos meses me parece recordar que la revista “Science” aseguraba que alguien había dado con el gen de la criminalidad. Ayer nos enteraban los periódicos de que un grupo de científicos de la Universidad de Nueva York dirigido por David Amodio acaba de publicar en “Nature Neuroscience” que ser de izquierdas o derechas es consecuencia de una diferente organización neurológica del individuo. O sea que, para resumir, hay cerebros rojos y azules, de izquierdas y de derechas, o progresistas y conservadores para decirlo más suavemente.

Los que se consideraban “progres” en el estudio son más flexibles, más receptivos a los cambios, aceptan las posturas ambiguas y pueden tener cierto grado de irresponsabilidad; por el contrario las “gentes de orden” muestran cierta pereza para cambiar de postura, tienen mayor apego a sus juicios morales y suelen ser más concienzudas. De modo que en un régimen totalitario pueden hallarse en la cárcel por cuestiones ideológicas unos u otros no por razón de una acción volitiva sino por ciertas diferencias congnitivas. Y cuando esa diferencia puede llevar incluso al paredón por fidelidad a un mandato interior incoercible, hablar de libertad personal resulta, como mínimo, abusivo. Aunque los pesquisidores estadounidenses dejan una ventana abierta a la esperanza en la libertad cuando aseguran que la ideología depende de la naturaleza, la cultura y la educación, esto es de la genética y la experiencia.

Pero decir eso es como no decir nada. Eso ya lo sabíamos. Y sabemos que en la pubertad anidan los rebeldes y en la madurez los conformadizos. Por eso con la edad se cambia de actitud y alguien ha dicho que el que no es de izquierdas a los 20 años no tiene corazón y el que lo es pasada esa edad, no tiene cerebro.

Darío Vidal

11/09/2007

 

       Tendencias políticas (12/09/2007 03:41)