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Publicado: 03/09/2007


 

540 CADÁVERES


No sé si ustedes lo saben pero este verano hemos perdido quinientos cuarenta compatriotas, quinientos cuarenta convecinos, quinientos cuarenta seres humanos de todas las edades incluidos bebés. Todos en la carretera que es como una guerra.

Ni carnet por puntos, ni control de alcoholemia, ni radares de velocidad, ni garambainas. Hemos acumulado más difuntos que el año pasado. Pero ha sido todo un éxito. El inefable y fotogénico director general de Tránsito, don Pere Navarro, que ha aprendido las mañas de los políticos, ha dejado tamañito a su predecesor don Miguel Muñoz asegurando que la campaña ha sido todo un éxito –pese a la moderada circulación que ha consentido el clima desigual-- y que podía haber sido mucho más. Las campañas de Tránsito – no de Tráfico que quiere decir negociar-- son lo mismo que las elecciones para los políticos, que todos las ganan siempre.

Los “carrozones” que conocieron el Ejército recordarán lo que significa un batallón: cuatro compañías de armas y una de estado mayor y servicios. Pues bien, durante este estío se han quedado en nuestras carreteras cuarenta personas más de las que constituyen esa unidad táctica. Si en Afganistán o en Iraq se nos hubieran ido otros tantos militares –que Dios no lo quiera-- habría habido una crisis de gobierno y el eco de la catástrofe en la prensa escrita y radiada no nos consentiría reparar en ninguna otra cosa. Sin embargo entre nosotros esa realidad forma ya parte de la rutina.

Imaginen una carnicería diez veces mayor que la del transporte aéreo de Trebisonda en que perdieron la vida los cincuenta oficiales y soldados que eran repatriados hacia España, también aplastados, también mutilados, también desfigurados, también desmembrados, también quemados muchos de ellos entre un amasijo de hierros. Y supongan que alguien saliera a decir que aquello era un éxito en lugar de tener la dignidad de dimitir.

Es demasiado seria la labor que tienen encomendada para actuar con esa culpable frivolidad. Quien no esté a la altura de la tarea que le compete, que se vaya.

Pero no son culpables únicamente los funcionarios de la DGT. Para empezar Obras Públicas debería hacer transitables todas las carreteras. Hace un mes decían cínicamente que las carreteras secundarias eran las mas peligrosas. Claro ¿no será el firme? ¿Y como pueden decir los responsables que se extreme la prudencia en los “puntos negros”: a quien deben su existencia? ¿Quién pone los carteles de “Peligro derrumbamientos”? ¿Y los ingenieros que se curan en salud señalando kilómetros de carreteras de Castilla con lineas continuas?

Luego hay que imponer la cortesía como parte de la Educación Vial con sanciones no necesariamente pecuniarias, pero también con refuerzos positivos, además de apelar a la colaboración de todos solicitando ideas y encuestando con humildad, que a veces despreciamos el caudal de imaginación y de sentido común que atesora la gente, naturalmente desbrozando las ideas inservibles.

Y después, sólo después, leña al mono con los inútiles, los imprudentes, los listillos, los insolidarios, los egoístas, los drogatas, los borrachos y los homicidas, que también los hay. Pero solo después.

Darío Vidal

03/09/2007

 

       540 cadáveres (03/09/2007 20:29)