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Publicado: 01/09/2007


 

LIBROS CAROS


Hablábamos ayer de la ministra Mercedes Cabrera y su potente lenguaje

y hoy no tenemos mas remedio que plañirnos del precio de la enseñanza, aunque se asegure que la primaria es gratuita. La enseñanza primaria puede serlo pero los libros que los niños necesitan no. Además la enseñanza primaria va precedida de la preescolar, que no lo es, y luego llega el bachillerato que ya no se llama así y los estudios superiores, que tampoco los regalan. De modo que sólo un segmento de esos largos años de formación corren a cuenta del Estado. Pero para llegar ahí hay que pagar, y para seguir escolarizándose después, también. Es como si la Seguridad Social se responsabilizase de las intervenciones quirúrgicas pero no de abrir la barriga a los pacientes, ni de darles el pespunte para zurcirles el bandullo luego. El caso es que operarse resultaría gratis, pero la operación carísima.

Pero hay más: esa supuesta gratuidad no reza ni siquiera durante el breve tramo gratuito, para los libros de texto. Al revés que en otros países, no solo los libros de texto no están exentos de IVA o gozan de un impuesto reducido como aquí se pretendía, sino que de año en año suben de precio sustancialmente. Sucede como con la política de incentivos a la natalidad inspirada en la generosa dádiva de dos mil quinientos euros por cada niño nacido. Dos mil quinientos euros para toda la vida, sin jardines de infancia, sin becas, ni ayudas, ni otro género de apoyos del Estado, que pretende alentar el entusiasmo de los padres sin tomarse la molestia de calcular cuanto cuesta un niño los primeros años de vida.

Pero no vamos a distraernos con estas consideraciones que atañen al Ministerio de Educación solo en parte, aunque no sea pequeña. Un matrimonio con dos niños de seis y cuatro años que van a cursar primer curso de Primaria y segundo de Infantil respectivamente, acaba de pagar por los libros 300 euros, que para sus abuelos son 50.000 pesetas, aparte de los que el Ministerio les facilita gratuitamente: unos y otros, libros de fichas que ya no aprovecharán a otros niños.

Y esto nos plantea una cuestión similar a la de la promoción de la natalidad. ¿Quién puede adquirir, con estos estímulos, el hábito de leer y cómo es posible despertar el interés por la cultura? Con esas políticas –o esa falta de política-- continuaremos siendo, durante muchos años más, unos analfabetos iletrados por más de que en este país sigamos editando más títulos que en ningún otro, aunque, eso sí, con las tiradas más bajas del mundo. Por eso el que lee, lee: lo lee todo. Pero el Ministerio de Educación no ha conseguido nunca atraer a nadie a la lectura.

¿Cómo puede haber científicos si no hay lectores, y cómo es capaz de decir doña Mercedes que tenemos una investigación “potente”?

Darío Vidal

01/09/2007

 

       Libros caros (01/09/2007 01:18)