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Publicado: 31/08/2007


 

LO POTENTE


Lo he escuchado con frecuencia los últimos meses y hoy mismo acabo de oírselo a la ministra de Educación y Ciencia refiriéndose a la participación de científicos españoles en la investigación ártica, en un programa de la SER. Quería desmentir la aprensión, hasta aquí desgraciadamente fundada, de que la participación de nuestro país en la pesquisa científica es irrelevante y entonces doña Mercedes ha manifestado que, en contra de lo que pueda pensarse, la investigación en España es muy potente.

Desde ese momento me ha sido imposible concentrarme y no he sido capaz de seguir su discurso. No me ha dado tiempo a valorar si su afirmación era o no cierta. Me he quedado en el adjetivo. Llevamos tiempo oyendo decir de un bailaor tiene una danza potente y hasta que la obra de un escritor es potente, por no hablar de la potente delantera estelar del Barça. Pero nunca pensaba escuchar a una ministra, sobre todo si era de Educación, que fuera potente algo que estuviese por debajo de un motor a reacción o una bomba de mil kilotones.

Cabría desear que nuestros científicos fueran prestigiosos, que fueran internacionalmente reconocidos, que fueran solventes, que fueran geniales. Pero no los imagino potentes, salvando el criterio de sus santas esposas. Y lo mismo cabe decir del bailarín que puede desbordar arte, sensibilidad, pasión o delicadeza, como el escritor capaz desvelarnos los entresijos del alma humana y nos parece asombroso, sorprendente, emotivo o maravilloso pero en ningún caso potente. Acaso la delantera del equipo de nuestra preferencia puede ser inteligente, arrolladora, impetuosa, incluso devastadora en sus ataques y considerarla “poderosa”, pero no potente. Entre otras cosas porque potente no quiere decir nada: potente es el que puede. Y los escolásticos oponían en su jerga académica la potencia --la “capacidad de”-- al acto --o sea al hecho consumado-- que es lo que realmente tiene algún valor.

Y si la ministra de Educación y Ciencia califica alguna cosa de potente, aunque sea la investigación en España, hay que sentirlo por los investigadores y por la miseria léxica de la señora ministra. Es como si la ministra “hablase” con faltas de ortografía. De ahí para abajo ¿qué se puede esperar?

Nos hallamos en una nueva fase de empobrecimiento del idioma y de idiotización de los hablantes, esta vez auspiciada desde el propio Ministerio de Educación.

Darío Vidal

31/ 08/ 2007

 

       Lo potente (31/08/2007 12:33)