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Publicado: 30/08/2007


 

SUTILEZAS JURÍDICAS


Los profesionales tienen su lenguaje para iniciados, su jerga críptica y su arcano. Lo tienen los economistas, los abogados y los médicos. Tan pronto como una profesión se desprende del modesto ropaje que utiliza en sus primeros pasos para entenderse, emprende la construcción de su muralla china con objeto de impedir el acceso de los profanos, elaborando un idioma para no entenderse. Hasta los gramáticos estructuralistas dieron en la pedantería de cambiar la terminología de su disciplina para que los profanos nos quedásemos sin sujeto, verbo y predicado. Fue el colmo de la arrogancia y el expolio. Y como nombrar las cosas es poseerlas, nos condenaron a la ignorancia al someternos a la mudez.

En ese mismo principio se fundamenta la argumentación técnica ya desde los romanos y los legos llegamos a maliciar que la palabra está concebida para no entenderse aunque se insista en que “hablando se entiende la gente”. Y no hay tal. La gente no entiende que un maltratador con una orden de alejamiento pueda acercarse al objeto de su encono, y por qué razón vuelven a la calle los paidófilos --no “pedófilos” que es otra cosa--, y salgan en libertad los violadores, y no se pueden tomar medidas contra quien amenaza, amaga e intimida porque “todavía no ha hecho nada” aunque se tenga la certeza de que lo hará, como termina sucediendo.

De la supuesta magia de la palabras brotan también las argucias de procedimiento, los protocolos, según los que deben ser hechas las cosas. Está bien por ejemplo la presunción de inocencia pero cuando alguien descubre en flagrante delito al homicida no hay por qué suponerlo inocente como viene sucediendo aquí. Ni dilatar el proceso por razones de procedimiento. Dicen los juristas que la diligencia en la aplicación de la Ley forma parte de la Justicia.

Pero aquí, si nos pesó la dictadura sigue pasándonos su ominosa resaca, la convalecencia del franquismo: el temor de unos y otros partidos a que les tachen de fascistas. Por eso el gobierno, sea del signo que sea, extrema las cautelas y hace unos remilgos que no usan nuestros vecinos. Y de ese modo hemos seguido aguantando no solo la muerte, el terror y la extorsión de la ETA sino la burla de Batasuna bajo sus sucesivas “franquicias” y ahora la rechufla de ANV que es lo mismo, mientras algunos leguleyos se enzarzan en querellas bizantinas sobre si la no condena del terrorismo significa o no un apoyo al ejercicio de la brutalidad, y si coincidir en ciertas militancias fuese casual como pertenecer a un club.

Habrá que decir las cosas por su nombre, pese a quien pese, y apear las sutilezas del lenguaje procesal y llamar asesinos a quienes se conjuran para asesinar, y cargar la parte alícuota de culpa a los que encubren, disimulan, conviven, toleran y compadrean con los criminales sin padecer vómitos. La sabiduría popular advierte con su habitual crudeza que “puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija”.

Darío Vidal

30/ 08/ 2007

 

       Sutilezas jurídicas (30/08/2007 04:41)