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Publicado: 28/08/2007


 

DÍAS SIN UMBRAL


Cuando Paco Umbral se ausentaba de su columna por vacaciones nos sentíamos un poco huérfanos hasta su regreso. Enrique Jardiel Poncela escribió un hilarante ensayo bufo titulado “La mujer como elemento indispensable para la respiración” en el que demostraba a su manera que sin la presencia de las mujeres, los hombres morirían por asfixia. Pues bien, Paco Umbral se había convertido en un factor imprescindible para seguir respirando. Ácido, socarrón, provocador, iconoclasta y renovado siempre como la brisa, esperábamos cada jornada el regalo de su prosa en la última de El Mundo antes de adentrarnos en la tripa del periódico para enfrentarnos a las miserias y el horror de este planeta desquiciado con una pizca de ánimo. “Los placeres y los días” eran el umbral de la mañana, unas veces arco del Triunfo y otras escotillón de la poterna pero siempre el acceso a una nueva esperanza, a un nuevo amanecer. Y pienso que sin el viático de sus palabras será muy difícil atreverse con el camino.

No fui amigo de Paco Umbral como lo fui de Jaime Campmany o de Cela, o por mejor decir, no lo fue mío porque no tuvo ocasión de conocerme y elegirme, mas si no me honré con su amistad sí le otorgué la mía, que eso es lo que tiene de bueno --y también de malo cuando te odian sin saber por qué-- escribir en los papeles.

Conocí a Francisco Pérez Martínez, Paco Umbral, durante una entrevista para mi periódico y volví a verle tiempo después, por azar, en el bar del Hotel Palace de Madrid un día de otoño. Nos saludamos y departimos un rato de nada, hasta que pretexté un quehacer urgente y me despedí. Entendí que no me había reconocido y no merecía la pana hablarle de nuestra charla de Barcelona ni de la común amistad con César González Ruano, a pesar de su actitud amistosa y cordial matizada por aquel rictus de amargura muy anterior a que se postulase para la Real Academia. Tenía tantos devotos como detractores, pero como no debía nada a nadie hablaba de lo que quería con la insolencia de la libertad y eso es algo que no disculpan nunca los esclavos. Tal vez por eso, la Academia, tan sutilmente entretejida de servidumbres y favores, fue injusta con él. Pero a la postre, el postergado no fue él, sino que la excluida ha sido la propia Academia. Eso es lo que tiene la sinrazón.

Lo cierto es que a buena parte de los españoles, que esperábamos su regreso de las vacaciones, nos faltará desde hoy mismo un hito, un amigo y una referencia cuando el periódico traiga una noticia que nos conmueva o nos divierta. Y nos hallaremos vacíos cuando al preguntarnos “a ver qué dice Umbral de todo esto” reparemos en que Umbral ya no está, no existe, no regresará nunca más. Y nadie mitigará nuestro desconsuelo.

Darío Vidal

28.08.2007

 

       Dias sin Umbral (28/08/2007 20:32)