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Publicado: 18/08/2007


 

LOS FANÁTICOS


¿Saben por qué los tontos son tan tercos? Pues porque tienen el cerebro dispuesto de tan modo que no les cabe más que una idea. Esa es la razón de que no estén dispuestos a perder su único capital intelectual si se dejan convencer.

Cuando una persona posee un repertorio de certezas, criterios, razones y creencias, suele disponer también de un maduro sentido crítico y no le importa poner a prueba sus ideas en una confrontación dialéctica. Pero cuando es tonto o le han vuelto tonto los dogmas, no está dispuesto a dejarse convencer porque entonces se quedaría sin ideas, es decir sin su única idea. Y un hombre no puede subsistir sin el amparo, cuando menos, de una certeza. Esta es la mecánica del fanatismo.

Tiene además el fanatismo la confortable propiedad de eximirnos de la zozobra, de la crítica y de la elección. El 'creyente' no tiene que pensar: le basta con mirar a la jerarquía cuando los sucesos le desconciertan, y los jefes le tranquilizan interpretándolos y valorándolos.

No recuerdo ahora quien fue el dictador que increpó a uno de sus ayudantes cuando le tradujo que el pueblo pedía Libertad. “¡ Y para qué quieren ellos la libertad ! ¿Qué harían con ella?” El cínico reproche del tirano tenía un fondo de verdad. Porque ¿para qué quiere la libertad quien no es capaz de ejercerla? La libertad está reñida con la frivolidad: es un derecho exigente; un derecho que compromete con la moral, con los otros y con la propia conciencia. Por eso en ocasiones somos proclives a que otros decidan por nosotros descargándonos de la responsabilidad.

El nivel ínfimo de compromiso con la conciencia de persona, coincide con el máximo de irresponsabilidad personal. Es el punto en que un ser pretendidamente pensante y supuestamente comprometido, abdica de su condición de persona renunciando a su libertad para integrarse en el rebaño. Y esa situación generada por la fe o la pereza mental se resuelve -o se irresuelve y complica- en un infernal círculo vicioso que es el hontanar del fanatismo.

La constatación empírica de la naturaleza sectaria del entramado etarra y la reiteración de su fanatismo, nos hace dudar de la capacidad de análisis de los sucesivos Gobiernos que se han enfangado en la negociación hasta llegar al voluntarismo autista del actual. Bien quisiéramos todos que negociar fuera posible, pero no lo es. No quieren.

A una organización totalitaria y fanática no se le puede convencer; es preciso vencerla. Porque posee tal desconfianza en su influencia y sus razones que, cuando alguien las acepta, no supone que sea por convicción sino por miedo. Por eso hay que derrotarla.

Alguien debía haber aprendido esta lección.

Darío Vidal


11/01/07

 

       Los fanáticos (18/08/2007 18:20)


 

BUSCAR EN GOOGLE


Igual que un periodista mendaz, lo mismo que un policía corrupto, un abogado doble, un notario embrollón o un juez venal, aquel que falta al propósito primero de su función debe ser apartado del comercio de las gentes como si fuera un apestado. Y lo mismo puede decirse de las compañías que engordan sus cuentas de resultados a expensas de sus clientes, convirtiendo en beneficios las partidas que detraen de sus gastos de mantenimiento, llámense eléctricas o telefónicas.

Estoy pensando en el buscador Google que, con todos sus defectos de concepción y articulación que no eran pocos, ha servido a los internautas pienso que lealmente hasta que Bill Gates ha entrado a participar en la sociedad. El Rey Midas, pese a su crisis tardía de dudoso arrepentimiento por intentar cobrar lo que era invento de Microsoft y también lo que no lo era, ha hecho de Google un laberinto que pretende hacerse perdonar con las voceadas dádivas mediáticas al tercer mundo doliente y desnutrido, después de una súbita conversión a la filantropía y el mecenazgo.

Y digo esto porque el servicio de buscador, limitado pero honesto, de esta herramienta que no creó él, como ninguna otra, ha convertido la búsqueda en un laberinto inextricable poblado de trampas y lleno de publicidad polizonil que remite a destinos indeseados para forzar a desvíos e inducir a rodeos para alcanzar el dato, que no siempre se encuentra. De manera que una herramienta que nació con el propósito de servir datos e información a quienes trabajan por Internet, la ha convertido en un vehículo para convertir a los trabajadores en clientes y servirse de ellos, trufándola de publicidad que no necesitan ni demandan los usuarios a los que entorpece, extorsiona y complica su labor. Ha llegado a ese mercado todavía limpio, después de numerosas tentativas vanas y ha tardado a parasitarlo y emponzoñarlo menos de lo que cuesta decirlo.

Asociaciones de consumidores han denunciado a Windows una vez mas de prácticas monopolísticas y fraudulentas, como cuando fue procesado por atentar contra la libre competencia, ocasión en que mister Bush salió fiador de don Guillermo Puertas, aunque nadie sabe por cual de ellas saldrá ahora, una vez remediada la hambruna de los pobres de la puerta de atrás, con su campaña mediática humanitaria y benefactora tan eficaz y oportunamente aireada por sus asesores de imagen.

Hay un medio para zafarse de esa trampa, de esa espiral que convierte su buscador en un laberinto, y por tanto en una herramienta inútil para obtener información: utilizar otro. Y eso no depende de nadie más que de nosotros mismos.

Darío Vidal

18/08/07

 

       Buscar en Google (18/08/2007 18:03)