Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 16/08/2007


 

¡ Y VINO EL LOBO !


Y vino el lobo y el lobo nos devoró al ganado y el pastor.

Alguien ha dicho que a los pueblos y a los niños no se les debe mentir nunca, aunque sea difícil escapar sin mácula del cenagal proceloso de la política

para lo cual los expertos se amparan en la restricción mental con objeto de no mostrar el juego. Pero perpetrar la infamia y caer en la indecencia de afirmar la mentira no tiene justificación ni para Maquiavelo.

La historia de los contactos y negociaciones con la ETA ha mostrado el distinto talante de los gobiernos. Pero exploradas todas las fórmulas por los negociadores con parecida fortuna, no cabe ya alentar la esperanza, por eso si un reproche no puede hacérsele a los terroristas es el del fingimiento. Los etarras han ido siempre con sus opciones por delante para que nadie se llamase a engaño. Y ahí radica la imposibilidad metafísica de una negociación. La organización desea la anexión de Navarra y la separación de España que es lo que no puede concederle ningún gobierno porque no tiene atribuciones para ello. No hay matices en su aspiración y no puede haberlas en la negativa del Estado.

Después de treinta años de democracia, por no contar los precedentes, parece una ingenuidad o una falacia volver a la negociación en un perpetuo “ritornello”, en un constante volver a empezar como si todos los caminos estuviesen inexplorados y vírgenes. Es una majadería, por no calificarlo de otra manara, pretender que, porque lo intentaron los gobiernos precedentes, éste tenga la obligación de recorrer el camino que ahora ya sabemos a donde conduce. Pero que lo intente alguien de tan poca enjundia como el señor Zapatero es algo que mueve a la risa. Porque es que ha pretendido nada menos que engañar a toda la cúpula de Eta y eso es imposible, no tanto porque atesore toda la inteligencia del mundo, sino porque solo tiene una idea y ninguna alternativa. Ha dicho alguien que el primero que comparó los labios de una mujer con un rubí fue un genio, pero que el segundo fue un mentecato. Y sabido lo que se sabe, los primeros que negociaron con los terroristas pudieron ser unos políticos audaces, pero el último solo un imitador al que no ha servido la experiencia atesorada.

Ese ir y venir del señor Zapatero, contemplado por todos con mirada atónita aunque respetuosa por suponer que la del líder llegaba a donde la propia no alcanzaba, se tornó desaliento al ver que las cosas paraban en lo que temían. A pesar de que el presidente jugaba con las argucias de la mentira cediendo ante los etarras mientras fingía firmeza ante los ciudadanos. Ahora, el diario “Gara” ha publicado los pactos y los compromisos dejando a Zapatero “in púribus” y con las nalgas al aire como su madre lo trajo al mundo.

¿Qué hay que hacer cuando se descubre que un político ha utilizado la confianza que ganó en las urnas para acometer empresas en beneficio propio y contra el interés común? No seré yo quien lo diga. Aunque esa sea la única salida. Cada día que pase serán mas intrincadas las telarañas del embuste.

Nadie creía en el lobo, percibido como una amenaza y un chantaje, pero el lobo vino y va a acabar con todo.

Darío Vidal

27/06/2007


 

       Y vino el lobo! (16/08/2007 19:53)


 

NO MORIRSE A TIEMPO


Una persona tan admirada como el investigador don Galo Leoz, discípulo de Ramón y Cajal, padre del arquitecto que ideó el revolucionario Módulo Leoz y creador de una escuela oftalmológica mundialmente reconocida, reflexionaba conmigo acerca de la oportunidad de los sucesos y de la Historia misma, hace algún tiempo, poco después de rebasar los cien años, una edad que, según decía, no le perdona perdona a uno nadie.

“Mire usted, yo no he sido nunca vanidoso pero es muy duro haber dejado de ser alguien hace ya tanto tiempo”, --me confiaba don Galo mirando al horizonte con la vista perdida. Don Galo madrugaba, leía todos los días los periódicos, estaba suscrito a todas las revistas científicas de su especialidad y las anotaba, repasaba todas las jornadas el correo y lo contestaba personalmente para, antes de comer, dar “un paseo higiénico”. Tenía una lucidez deslumbrante y un organismo que respondía más que razonablemente. Pero había cumplido ciento diez años.

“A los cien años, uno es un estorbo para sí y para los demás” --decía-- . “Algunas veces pienso si es que no voy a morirme nunca. Créame: esa puede ser la peor pesadilla. No, no me da miedo. He mirado a la muerte de cara muchas veces: he perdido varios hijos, se me han ido todos los amigos, los condiscípulos y los compañeros. Algunos descubren cosas que a mi edad se han olvidado y otros hablan de un modo que no entiendo, no se si por culpa mía o de ellos. Yo ya no estoy cómodo en la vida ¿sabe? Y lo único que despierta mi curiosidad es la muerte. Desearía adentrarme en ella como médico, conocerla, analizarla, sentirla, describirla, vivirla... Pero eso, que es lo único que querría, no podrá ser”.

Fue el testamento de un hombre sabio al que la vida, la edad y la experiencia habían agigantado. Un año después de aquella jornada intensa durante la que su pueblo acababa de nombrarlo hijo predilecto, a buenas horas, se murió, supongo que sin mudar de opinión.

Pero lo más hondo de aquella conversación fue lo que yo llamaría su Teoría de la Oportunidad. Los descubrimientos, los hallazgos, las decisiones, los proyectos y aún la vida, adquieren sentido por la oportunidad -opinaba- y fuera de tiempo no sirven de nada. El momento y la ocasión explican “a posteriori” el significado de los hechos. “Hay que morirse a tiempo; no hacerlo le convierte a uno en culpable ante la gente” --puntualizaba en la tertulia familiar, entre sus deudos y sus hijos, el mas joven de los cuales rebasaba los setenta.

Reflexioné entonces, a partir de mi limitada experiencia, en lo desairado que resulta encontrarse en la mesa con quien se ha despedido ya de la reunión. No basta con que haya perdido el último tren. “¿Pero no te habías ido?” Y no sabemos ni sabe cómo despedirse de nuevo. Está de sobra. Ha concluido su actuación y hacemos por no encontrarnos con su mirada porque oficialmente ha dejado de estar.

Me ha venido al recuerdo aquella conversación a propósito del desecho de José María de Juana Chaos, esa sabandija indigna de llamarse persona –pese a que decirse hombre está ahora tan devaluado-- porque hasta el ser más inmundo puede afectar una apariencia de dignidad si se muere a tiempo. Pero Dios no ha querido que la muerte pudiera rescatarlo de la abyección de sus veinticinco asesinatos. Dijo que dejaría de comer hasta morir, pero comía; luego, que ahora la cosa iba en serio con lo que al Gobierno de Zapatero se le desataron las tripas; después, que se avenía a comer si le dejaban en libertad, y más tarde que no aceptaría un control electrónico a distancia, en vista de lo cual –y de otras cosas más-- ha ido a parar nuevamente a la cárcel. Ahora permanece en silencio. ¿Y a quién le importa en este momento? ¿A quien pretende chantajear cuando su cadáver vale para la Eta lo que un puñado de carnuzo de muladar? Ha apostado muy fuerte contando con el canguelo zapateril y ha tentado ademas a la fortuna. Debe estar pensando qué hacer. Pero se halla condenado ya a no morirse a tiempo.

Darío Vidal

09.06.2007

 

       No morirse a tiempo (16/08/2007 19:44)


 

LA GENERACIÓN INÚTIL


A fuerza de domesticación estamos volviéndonos tontos. Es muy cierto que debemos contar con la masificación para hacer el uso adecuado del entorno, pero no olvidando las reglas de la Naturaleza porque el Hombre también forma parte de ella. Pero el olvido de su pertenencia a la orgánica cadena biológica, en comercio y relación con lo que nos rodea, la astucia forense de las leguleyos a la búsqueda siempre de vacíos legales, y la avaricia culpable del ser humano, están operando una culpable mudanza en los hábitos de convivencia.

Hace algún tiempo mi hijo Miguel me obsequió con un PC arguyendo que el mío se había quedado viejo, y no contando --¡Dios se lo pague!-- con que el más envejecido era yo. Era una máquina magnífica pero al parecer peligrosa, que me intimidó desde que leí las instrucciones. Si le caían unas improbables gotas de líquido en el teclado --leche del desayuno por ejemplo-- podían originar un cortocircuito y acabar con la vida del operador desprevenido; si se cometía la imprudencia de apoyarlo en los muslos mientras se viajaba en avión, podía originar quemaduras en la piel y hasta esterilidad. Aquello era una relación de catástrofes bíblicas. Excuso decir que me abstuve de encenderlo. “¡Anda y devuélvelo, que esto es peligrosísimo!”-- le dije a Miguel cuando quiso saber cómo me iba. Al escucharme asombrado, se echó a reír. “No hombre; esto lo hacen los anglosajones para curarse en salud y protegerse de los querulantes profesionales. ¿Verdad que la base del portátil se calienta a medida que lo usas? ¿Ha llegado a abrasarte la piel o quemarte el pantalón en toda una tarde? Pues ese es el riesgo que corres”.

El los periódicos de hoy mismo aparece la noticia de cierta querella que ha interpuesto un juez estadounidense contra su tintorería por la pérdida de los pantalones de un traje, un suceso tan humillante que solicita cuarenta millones para resarcirse del daño moral que le ha producido. El tal magistrado debe tener tan vulnerable su honorabilidad como duro el rostro. Lo mismo que el fumador pertinaz que le sacó no sé cuantos millones a una tabaquera por no advertirle de que el tabaco era cancerígeno, después de asistir años y años a la campaña contra el cáncer.

Pero hoy --como parece que los argumentos van cogidos de la mano-- he tenido ocasión de verificar otra vez las fundadas aprensiones de Miguel. Me han regalado en la farmacia una cajita de minúsculas láminas de menta-fenilananina para depositar en la lengua. Pippermint Instant Fresh, decía. Mantener en un lugar fresco y seco. Hasta ahí, normal. Pero luego venía en letra alarmante y perentoria:“Advertencia. No tragarse la cajita de plástico. ¡Peligro de ahogo!”. No me lo han contado; lo he visto yo. ¿Pero es que hace falta un padre advertidor y prudente que enmiende perpetuamente la pueril inconsciencia de esta ciudadanía inútil e irresponsable? El verano pasado se dieron varios casos de niños asados al sol, en el horno de un coche cerrado, al parecer para que no les molestasen las moscas. Claro que no. No hay mosca que se aventure a 65 grados a la sombra. Estos padres sin consejero perdieron el bebe. Pero una ama de casa norteamericana se ha hecho rica a costa de su perrita, a la que metió a secar después del baño en el horno microondas. Y la asó. Los fabricantes habían cometido el error de no advertir de que no era conveniente secar a los perritos en el horno.

“¿Dónde hago pipí?” --preguntaba con aire de perplejidad un niño excursionista. Tienes el anchuroso mundo en su infinita vastedad para hacerlo mil veces, porque la Naturaleza cuenta con que los seres vivos se alivien sin menoscabo de cuanto puebla la Tierra. Aquel diminuto cachorrillo de hombre en vías de socialización no acertaba a leer el rótulo que indicara la ubicación de los servicios en todo el territorio y no se atrevía a profanar el campo con sus excrementos.

Que generación desaclimatada y huérfana de enseñanzas y de instinto. Y qué rufianes apostados en el río revuelto.

Darío Vidal

14/06/2007

 

       La generacin intil (16/08/2007 19:28)


 

LAS ALIMAÑAS


Al lado de esos personajes que ganan torneos deportivos y hacen el favor de regalarnos sus triunfos --aunque también cobren por ello--, ejerciendo sobre la sociedad un efecto antidepresivo y euforizante más eficaz que cualquier medicina, y otros que dedican su tiempo libre o todo él a tareas humanitarias y altruistas, o tal vez a curar la cardiopatía isquémica implantando células madre propias en el corazón dañado, mediante técnicas láser como los doctores Duarte y Reyes del Hospital de la Princesa de Madrid, hay otras sabandijas de nuestra especie que no superan la condición de alimañas, como los etarras que han vuelto a tocar a degüello desdiciéndose de lo que ellos llamaron tregua, o los grapos que ya creíamos extintos y cuyos últimos “zulos” --Dios quiera que los últimos-- acaban de aflorar preñados de odio y henchidos de armas en las sórdidas guaridas y las mololientes toperas por las que transitan y campan. Todas son noticias extraídas de los últimos telediarios.

Blas de Otero dijo del hombre que era un ángel con grandes alas de cadenas, y fue muy generoso queriendo ser estricto porque un ser a quien sus propias alas impiden volar es solo un impotente pero no un malvado. El hombre de Blas de Otero es únicamente un incapaz lastrado por su limitación, no un malhechor. Pero nosotros, ustedes, ellos, no somos únicamente ineptos.

También es novedad para el común de los mortales algo que parece extraído de un relato de Dickens o una pesadilla de la memoria en la primera industrialización de Gran Bretaña, con la imagen de los niños en las minas de carbón aquejados de silicosis, y los precoces obreros fabriles de las factorías textiles, héticos y febriles sin remedio ni derecho a sanatorio ni hidracidas, a quienes la rapacidad de los poderosos hurtaron la infancia, la salud y el propio futuro. Mas como nuestra opulenta sociedad evoluciona, quiero decir que mejora empeorando cada día, no es preciso remontarse al primer maquinismo para sentir asco de nosotros, ni recurrir a los reportajes de favelas y miseria, ni apelar, cuando el cuerpo nos pide emociones fuertes, a los estremecedores documentales sobre los niños de la calle que han de vivir ocultándose a la mirada de los “agentes del orden” --¡qué risa!-- para impedir que los ultimen al pie de los contenedores de basura.

Aquí no mueren en la sórdida acera de la calle manchada. Aquí se nos evita el espectáculo de la agonía sobre la basura esparcida de los contenedores. Aquí los dedican a la confección de prendas deportivas y a coser balones de fútbol para que los profanen con sus botas quienes tal vez escaparon al mismo destino. Lo bueno de la sociedad opulenta es que cuando las imágenes resultan demasiado inconvenientes y obscenas, es posible pulsar un conmutador para acallar la conciencia. Las estadísticas son más tolerables porque los números no se adhieren al alma como las imágenes. Pero el Día del trabajo infantil o como se diga, hemos sabido que doscientos millones de criaturas viven explotadas, en la miseria y sin esperanza.

Darío Vidal

12/06/2007


 

       Las alimaas (16/08/2007 19:22)


 

EL HIMNO



Ya está. La sutil disciplina que desvela el caprichoso comportamiento de los hombres nos ha dado la clave de tanto fracaso. No ganamos al futbol porque no tenemos un himno que pueda cantarse, o para ser más exactos porque el himno de España carece de letra. Y un himno mudo es como unas vacaciones sin kodak. La clave del inexplicable fracaso de los deportes colectivos radica en que los muchachos, que viajan en los autocares al encuentro del adversario cantando anardecidos, tienen que permanecer silenciosos mientras suena por la megafonía el himno nacional.

Mientras los judokas, los nadadores, los arriesgados motoristas y los pilotos de fórmula uno, más rudos e insensibles, cosechan victorias sin reparar en tales sutilezas, los pobres futbolistas no han ganado ni un mundial porque como no pueden expresar sus delicadas emociones cantando, no dan pie con bolo, y ustedes perdonen lo fácil de la metáfora.

No me parece mal por ello que los partidos encarguen a una comisión parlamentaria la gestión del intrincado proyecto y encomienden a poetas y letristas la elaboración de un texto, aunque esas cosas, nacidas de arriba y no al revés, no suelen dar resultado. Sobre todo si se confía el consenso al gremio maldiciente de los poetas. Ya ven lo que le sucedió a la Academia con su propósito de apartar a Cognac de la denominación de un aguardiente francés, proponiendo el malhadado título de “jeriñac”, que también son ganas. ¿Ustedes han solicitado alguna vez algo tal poco eufónico y tan malsonante como un jeriñac?

Ahora falta que la letra sea lo bastante “polivalente” para que se ajuste a la euforia del triunfo sin triunfalismo y no caiga en lo grotesco en las horas bajas de la derrota y la amargura: algo así como “viva el Betis manque pierda”, aunque para ello no basta con una buena letra si no hay un buen aficionado.

Pero cabría preguntarse, metidos ya en el firme cenagoso de la psicología,

si una letra puede decir lo mismo a un coruñés que a un sevillano, y más allá, si le cuadraría a una bandera paracaidista desfilando ante la tribuna de autoridades lo mismo que al equipo femenino de gimnasia rítmica. A mi me parece que los impulsores de la iniciativa se han metido en un jardín, pero en un jardín botánico tropical con plantas carnívoras. Yo no querría cargar con la responsabilidad de concebir un himno demasiado belicoso y cruel, o caer en otro que pudiera juzgarse de entreguista y lacrimoso. Porque entonces la culpa de la derrota no se imputará al suelo embarrado, al árbitro venal o al calor insufrible sino al autor de la letra. Ser letrista aquí puede ser una golosina envenenada.

Darío Vidal


07.06.2007


 

       El himno (16/08/2007 19:17)

PK719mimetypeapplication/vnd.sun.xml.writerPK7 content.xmlXr+r9UeI.ے,$zf@Z 0C}ako*fH*(.%yFׯ1}qSi1+kz[͞2޻7g;-B%M/i[{u|ZYvZKs֍@v9Yv'zߠlC;iu7nz',clnnfnTy#ol07Ѣ3/]f`zp-={8{c]EXn2?
  U'zbhՐ*ˋl$-LŻUOwһX[r*S[p9.zҒI#*zVd h+ <4GjƟwB=ۚFXz-]|] ! Ǣ85Jy^r&R"O^yhUM >i5ž5vG4#wmvH'^: ]\``+`c\nuH#W5z̪Ƀ  u}>!]Xntz - NV_T4 ZNGZLGZa}N] Kw.Fae+iߊ"?8\zOݿ. :GItCRMtvwzaJ(;+5O>㠼8}yX/$<ZZxC@|N6Qt b)&n*SQM_V)î48CbK>p+(CBs\fuv:k#nXI9"Hf/6ǟ:@E])+%͆iQOQA9CzDH6F9_T{^0P\ \‚Nӕ1k m [ۊs* Wsg%$>hQ#0ʡvUޑ ,. bZ8a ҕv =s.t]YQW΢Ij/%tKMDZd(Y΁2 G67J "'|{*87"HWA N,F<Dq?%Bp&>H1 %tGN tw '%ܾ}5X-jm[wQ1l _ŹDۼ0 Is4`N KjtUUBrc$J!+xP*.fmwn( (8* 7dלHv9(|l[³o>kъ?\|7.8[dsOػ'i=PKгpPK7 styles.xmlXn6+T퍖lqg&Y @Y iJ@R_CRd[@7o!"VDH܏&}.7?\xt{)U L!r"ϯ?>z> 'p ;~N ?|ϷtD%7d5L*8Dmik=7WdFЀA8x"zPqOy^דAF,1E\69e AYU,+UZ D[@Ef >ؖO/B|Ҩ6؄Ĺ6lG/moIU ]aA`D7 ^2.L:%aDx ^`v(g!t\ Iq׭ȑ,.3K߁KB@6 A1lpS_ (~8^ !JP’cY=6J=(kdCPڮ2I T1[Vx CĊ%SvGfXl&:d fP&p Xap^M7zB8/3DKC ^ z<\ htgR+}WЖ{69 "JdoeFVPr{'$H)CEfO@e%' iC?)B.+ -\y)ݩ%z$AX(4n[a;Z7gqH]UaiFb6{tǯK; 5|*Sgi@R3#2X7 Gy}$ﳓߝ}~IO<{vw L9W+"A,J#mLY"Z <02cs w}s?4ӃqLcjF$JwwY{+CMN7'mp"t}le/MIcԅCX!d<4ѿL& Lfi9b > 8wϻngX$mM ,}4mڪ if/;/ 5@٪0l$ZkLF=JBpw%]iv\tqs{7oBHFr;`ViҪ #zP3^;P+Ɏw؃soPKBP^NItPK7~P?;meta.xml StarOffice 7 (Linux)Dario Vidal2007-06-08T15:17:54Dario Vidal2007-08-16T18:07:17es-ES12PT1H46M29SPK7 settings.xmlY[w:~?Y-TYZ!Uڐ0!_?NpGZ'o'; ߗ>)bzHgTaG7p`\Ik]m>I^bOỎ|LIڰQNd!!;e|.,fY r#5+\v"& |ʊ뱴Y$}y4gaɛ &2 o\^oO<ҏ^ X mg* vVO"zU>yb Vqط؛/\T`q%X :c#*>EMwgxjytQTGͱryЛ\ExgeE-VRh LjE=? {ʘ?]u[0rٰgʁ;s71lAđH_]r]p1LoC3 \$|V5A07p&Зu*dOprZK`. 0OXD+ʦ6 6(zJϑD.*$JS+m3'\_Zۣ?5@tM[ЭcoX֖ˣh &+$r0?uGCɘ(yu8?߶LVw!à|Ok`A Xz~5ohymZSA+/~oh+&ꚥ{7GR&|&?n azfyEz`5  a3Do,p 0Z!ڍ#֋7wm.  D,Ξo*oq`/8<*dv -{NiCy -ȟ-Z )m1 nͤ [@UXNY@uZ~`9܆FSP:oqPeZR" &phŢKٚ~GURs#eYDs#*L QDJI\{9p&GqB' 8 CVy㇜) PK4csPK7META-INF/manifest.xmlұj0Onө;)ڃ3t9ؒiUDžd dwkʼnzIa!cd*[ksHa_E^=%Y- y^NQ7[bM+? fe&>`#@$k!fe‘-mYjtK*Q ʹVWïdj#Pkfh)>w͸'tf o5Pؒ8g%氶 ^-PKGPK719mimetypePK7гp Dcontent.xmlPK7BP^NIt l styles.xmlPK7~P?;meta.xmlPK74cs settings.xmlPK7G3META-INF/manifest.xmlPKZt  

       Premonicin de Profeta (16/08/2007 19:11)


 

UN CACHORRO DE SHI-TZU


Siempre quise haber tenido un perro. Es la aspiración de todo niño solitario y urbano. Pero nunca me dejaron, precisamente porque era un niño de ciudad y las ciudades no están hechas para los perros, los ancianos y los niños. Yo no sabía entonces a que llaman los filósofos una “petición de principio”, pero aquello era una diabólica espiral sin salida. De mayor seguí siendo un solitario que deseaba un perro, pero había dejado de tener conciencia de ello por las urgencias de la existencia.

Ahora, cuando han pasado los años y creía haberlo olvidado, me he encontrado, sin quererlo, con un diminuto cachorro de shi-tzu tibetano, todo actividad, todo mirada --aunque el tupido y agreste flequillo me impida verle los ojos--, todo ternura, todo lealtad y todo entrega, al que puedo ver ahora a mis pies, atento, servicial y dispuesto, desdeñando el sol tamizado por el toldo de la terraza, porque su obligación es vigilarme y defenderme. No hay cosa que sea más capaz de enternecerme que esa decidida voluntad de cuidar de mí mientras tengo que cuidarme de su caca y su pipí sembrados arteramente por el pavimento como insidiosas minas anti-persona en los lugares menos previsibles de la casa. Pero me es imposible reñirle como me advierten, porque no deseo lastimarle en su autoestima de servidor altivo y suficiente. Yo creo que va aprendiendo ya muchas cosas ¿pero cómo voy a afear su conducta al que se ha impuesto el deber de defenderme, por un charquito de más o de menos?

Hace tiempo descubrí que las cosas por las que tanto suspiramos un día, nos llegan cuando ya no las deseamos. O cuando menos eso creía yo. Pero tal vez no tuve la suficiente lucidez en aquella ocasión porque yo seguía queriendo lo que siempre aunque sin la perentoriedad carnal del deseo. Ahora ese copo de lana blanca, ese albo vellocino esponjoso e ingrávido que no ha llegado a pasar de los tres kilos en los cuatro meses que llevamos conviviendo, de los seis de su existencia, se ha hecho un lugar en mi vida y no es ya una abstracción. A mi, como a casi todos los varones, me hubiese gustado un braco, un bretón, un lobo, un pastor alemán, un perro macho y de respeto, un animal de los que le hacen a uno quedar bien: un compañero de juegos vigoroso y audaz. Pero este diminuto guardián tibetano, chato, peludo, orejón, diminuto y prógnata --una cosa que detestaba-- me tiene ganado el corazón con su diminuta arrogancia, su lealtad y su perpetuo deseo de agradarme, que le lleva a permanecer a mi lado aunque me quede trabajando y tenga que llevarlo a acostar como a los niños aunque al poco aparezca dormido, tambaleándose, con sus guedejas en desorden y las facciones confusas por los alborotados y largos mechones negros que le ponen montera a las orejas, le tapan el ojo diestro como si fuera un pirata y empañan su cuerpo blanco y sedoso de negros jirones despeinados.

Ahora alza la cabeza y se me queda mirando fijamente. ¿Quien le ha dicho que pienso en él y escribo de él? Cuando se cansa de observarme, reclina la cabeza perezosamente sobre el lomo y aparenta dormir pero saldría disparado tras de mi si abandonase la estancia. No sé en qué piensa si es que piensan los perros, pero cuando se sienta a mis pies reclamándome como suyo y me espía para saber qué dispongo, o me llena las manos de besos húmedos y audaces, no puedo dejar de pensar que los perros tienen alma

Darío Vidal

22/06/2007

 

       Un cachorro de shi-tz (16/08/2007 12:18)