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Publicado: 31/08/2007


 

LO POTENTE


Lo he escuchado con frecuencia los últimos meses y hoy mismo acabo de oírselo a la ministra de Educación y Ciencia refiriéndose a la participación de científicos españoles en la investigación ártica, en un programa de la SER. Quería desmentir la aprensión, hasta aquí desgraciadamente fundada, de que la participación de nuestro país en la pesquisa científica es irrelevante y entonces doña Mercedes ha manifestado que, en contra de lo que pueda pensarse, la investigación en España es muy potente.

Desde ese momento me ha sido imposible concentrarme y no he sido capaz de seguir su discurso. No me ha dado tiempo a valorar si su afirmación era o no cierta. Me he quedado en el adjetivo. Llevamos tiempo oyendo decir de un bailaor tiene una danza potente y hasta que la obra de un escritor es potente, por no hablar de la potente delantera estelar del Barça. Pero nunca pensaba escuchar a una ministra, sobre todo si era de Educación, que fuera potente algo que estuviese por debajo de un motor a reacción o una bomba de mil kilotones.

Cabría desear que nuestros científicos fueran prestigiosos, que fueran internacionalmente reconocidos, que fueran solventes, que fueran geniales. Pero no los imagino potentes, salvando el criterio de sus santas esposas. Y lo mismo cabe decir del bailarín que puede desbordar arte, sensibilidad, pasión o delicadeza, como el escritor capaz desvelarnos los entresijos del alma humana y nos parece asombroso, sorprendente, emotivo o maravilloso pero en ningún caso potente. Acaso la delantera del equipo de nuestra preferencia puede ser inteligente, arrolladora, impetuosa, incluso devastadora en sus ataques y considerarla “poderosa”, pero no potente. Entre otras cosas porque potente no quiere decir nada: potente es el que puede. Y los escolásticos oponían en su jerga académica la potencia --la “capacidad de”-- al acto --o sea al hecho consumado-- que es lo que realmente tiene algún valor.

Y si la ministra de Educación y Ciencia califica alguna cosa de potente, aunque sea la investigación en España, hay que sentirlo por los investigadores y por la miseria léxica de la señora ministra. Es como si la ministra “hablase” con faltas de ortografía. De ahí para abajo ¿qué se puede esperar?

Nos hallamos en una nueva fase de empobrecimiento del idioma y de idiotización de los hablantes, esta vez auspiciada desde el propio Ministerio de Educación.

Darío Vidal

31/ 08/ 2007

 

       Lo potente (31/08/2007 12:33)


Publicado: 30/08/2007


 

SUTILEZAS JURÍDICAS


Los profesionales tienen su lenguaje para iniciados, su jerga críptica y su arcano. Lo tienen los economistas, los abogados y los médicos. Tan pronto como una profesión se desprende del modesto ropaje que utiliza en sus primeros pasos para entenderse, emprende la construcción de su muralla china con objeto de impedir el acceso de los profanos, elaborando un idioma para no entenderse. Hasta los gramáticos estructuralistas dieron en la pedantería de cambiar la terminología de su disciplina para que los profanos nos quedásemos sin sujeto, verbo y predicado. Fue el colmo de la arrogancia y el expolio. Y como nombrar las cosas es poseerlas, nos condenaron a la ignorancia al someternos a la mudez.

En ese mismo principio se fundamenta la argumentación técnica ya desde los romanos y los legos llegamos a maliciar que la palabra está concebida para no entenderse aunque se insista en que “hablando se entiende la gente”. Y no hay tal. La gente no entiende que un maltratador con una orden de alejamiento pueda acercarse al objeto de su encono, y por qué razón vuelven a la calle los paidófilos --no “pedófilos” que es otra cosa--, y salgan en libertad los violadores, y no se pueden tomar medidas contra quien amenaza, amaga e intimida porque “todavía no ha hecho nada” aunque se tenga la certeza de que lo hará, como termina sucediendo.

De la supuesta magia de la palabras brotan también las argucias de procedimiento, los protocolos, según los que deben ser hechas las cosas. Está bien por ejemplo la presunción de inocencia pero cuando alguien descubre en flagrante delito al homicida no hay por qué suponerlo inocente como viene sucediendo aquí. Ni dilatar el proceso por razones de procedimiento. Dicen los juristas que la diligencia en la aplicación de la Ley forma parte de la Justicia.

Pero aquí, si nos pesó la dictadura sigue pasándonos su ominosa resaca, la convalecencia del franquismo: el temor de unos y otros partidos a que les tachen de fascistas. Por eso el gobierno, sea del signo que sea, extrema las cautelas y hace unos remilgos que no usan nuestros vecinos. Y de ese modo hemos seguido aguantando no solo la muerte, el terror y la extorsión de la ETA sino la burla de Batasuna bajo sus sucesivas “franquicias” y ahora la rechufla de ANV que es lo mismo, mientras algunos leguleyos se enzarzan en querellas bizantinas sobre si la no condena del terrorismo significa o no un apoyo al ejercicio de la brutalidad, y si coincidir en ciertas militancias fuese casual como pertenecer a un club.

Habrá que decir las cosas por su nombre, pese a quien pese, y apear las sutilezas del lenguaje procesal y llamar asesinos a quienes se conjuran para asesinar, y cargar la parte alícuota de culpa a los que encubren, disimulan, conviven, toleran y compadrean con los criminales sin padecer vómitos. La sabiduría popular advierte con su habitual crudeza que “puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija”.

Darío Vidal

30/ 08/ 2007

 

       Sutilezas jurdicas (30/08/2007 04:41)


Publicado: 28/08/2007


 

DÍAS SIN UMBRAL


Cuando Paco Umbral se ausentaba de su columna por vacaciones nos sentíamos un poco huérfanos hasta su regreso. Enrique Jardiel Poncela escribió un hilarante ensayo bufo titulado “La mujer como elemento indispensable para la respiración” en el que demostraba a su manera que sin la presencia de las mujeres, los hombres morirían por asfixia. Pues bien, Paco Umbral se había convertido en un factor imprescindible para seguir respirando. Ácido, socarrón, provocador, iconoclasta y renovado siempre como la brisa, esperábamos cada jornada el regalo de su prosa en la última de El Mundo antes de adentrarnos en la tripa del periódico para enfrentarnos a las miserias y el horror de este planeta desquiciado con una pizca de ánimo. “Los placeres y los días” eran el umbral de la mañana, unas veces arco del Triunfo y otras escotillón de la poterna pero siempre el acceso a una nueva esperanza, a un nuevo amanecer. Y pienso que sin el viático de sus palabras será muy difícil atreverse con el camino.

No fui amigo de Paco Umbral como lo fui de Jaime Campmany o de Cela, o por mejor decir, no lo fue mío porque no tuvo ocasión de conocerme y elegirme, mas si no me honré con su amistad sí le otorgué la mía, que eso es lo que tiene de bueno --y también de malo cuando te odian sin saber por qué-- escribir en los papeles.

Conocí a Francisco Pérez Martínez, Paco Umbral, durante una entrevista para mi periódico y volví a verle tiempo después, por azar, en el bar del Hotel Palace de Madrid un día de otoño. Nos saludamos y departimos un rato de nada, hasta que pretexté un quehacer urgente y me despedí. Entendí que no me había reconocido y no merecía la pana hablarle de nuestra charla de Barcelona ni de la común amistad con César González Ruano, a pesar de su actitud amistosa y cordial matizada por aquel rictus de amargura muy anterior a que se postulase para la Real Academia. Tenía tantos devotos como detractores, pero como no debía nada a nadie hablaba de lo que quería con la insolencia de la libertad y eso es algo que no disculpan nunca los esclavos. Tal vez por eso, la Academia, tan sutilmente entretejida de servidumbres y favores, fue injusta con él. Pero a la postre, el postergado no fue él, sino que la excluida ha sido la propia Academia. Eso es lo que tiene la sinrazón.

Lo cierto es que a buena parte de los españoles, que esperábamos su regreso de las vacaciones, nos faltará desde hoy mismo un hito, un amigo y una referencia cuando el periódico traiga una noticia que nos conmueva o nos divierta. Y nos hallaremos vacíos cuando al preguntarnos “a ver qué dice Umbral de todo esto” reparemos en que Umbral ya no está, no existe, no regresará nunca más. Y nadie mitigará nuestro desconsuelo.

Darío Vidal

28.08.2007

 

       Dias sin Umbral (28/08/2007 20:32)


Publicado: 18/08/2007


 

LOS FANÁTICOS


¿Saben por qué los tontos son tan tercos? Pues porque tienen el cerebro dispuesto de tan modo que no les cabe más que una idea. Esa es la razón de que no estén dispuestos a perder su único capital intelectual si se dejan convencer.

Cuando una persona posee un repertorio de certezas, criterios, razones y creencias, suele disponer también de un maduro sentido crítico y no le importa poner a prueba sus ideas en una confrontación dialéctica. Pero cuando es tonto o le han vuelto tonto los dogmas, no está dispuesto a dejarse convencer porque entonces se quedaría sin ideas, es decir sin su única idea. Y un hombre no puede subsistir sin el amparo, cuando menos, de una certeza. Esta es la mecánica del fanatismo.

Tiene además el fanatismo la confortable propiedad de eximirnos de la zozobra, de la crítica y de la elección. El 'creyente' no tiene que pensar: le basta con mirar a la jerarquía cuando los sucesos le desconciertan, y los jefes le tranquilizan interpretándolos y valorándolos.

No recuerdo ahora quien fue el dictador que increpó a uno de sus ayudantes cuando le tradujo que el pueblo pedía Libertad. “¡ Y para qué quieren ellos la libertad ! ¿Qué harían con ella?” El cínico reproche del tirano tenía un fondo de verdad. Porque ¿para qué quiere la libertad quien no es capaz de ejercerla? La libertad está reñida con la frivolidad: es un derecho exigente; un derecho que compromete con la moral, con los otros y con la propia conciencia. Por eso en ocasiones somos proclives a que otros decidan por nosotros descargándonos de la responsabilidad.

El nivel ínfimo de compromiso con la conciencia de persona, coincide con el máximo de irresponsabilidad personal. Es el punto en que un ser pretendidamente pensante y supuestamente comprometido, abdica de su condición de persona renunciando a su libertad para integrarse en el rebaño. Y esa situación generada por la fe o la pereza mental se resuelve -o se irresuelve y complica- en un infernal círculo vicioso que es el hontanar del fanatismo.

La constatación empírica de la naturaleza sectaria del entramado etarra y la reiteración de su fanatismo, nos hace dudar de la capacidad de análisis de los sucesivos Gobiernos que se han enfangado en la negociación hasta llegar al voluntarismo autista del actual. Bien quisiéramos todos que negociar fuera posible, pero no lo es. No quieren.

A una organización totalitaria y fanática no se le puede convencer; es preciso vencerla. Porque posee tal desconfianza en su influencia y sus razones que, cuando alguien las acepta, no supone que sea por convicción sino por miedo. Por eso hay que derrotarla.

Alguien debía haber aprendido esta lección.

Darío Vidal


11/01/07

 

       Los fanticos (18/08/2007 18:20)


 

BUSCAR EN GOOGLE


Igual que un periodista mendaz, lo mismo que un policía corrupto, un abogado doble, un notario embrollón o un juez venal, aquel que falta al propósito primero de su función debe ser apartado del comercio de las gentes como si fuera un apestado. Y lo mismo puede decirse de las compañías que engordan sus cuentas de resultados a expensas de sus clientes, convirtiendo en beneficios las partidas que detraen de sus gastos de mantenimiento, llámense eléctricas o telefónicas.

Estoy pensando en el buscador Google que, con todos sus defectos de concepción y articulación que no eran pocos, ha servido a los internautas pienso que lealmente hasta que Bill Gates ha entrado a participar en la sociedad. El Rey Midas, pese a su crisis tardía de dudoso arrepentimiento por intentar cobrar lo que era invento de Microsoft y también lo que no lo era, ha hecho de Google un laberinto que pretende hacerse perdonar con las voceadas dádivas mediáticas al tercer mundo doliente y desnutrido, después de una súbita conversión a la filantropía y el mecenazgo.

Y digo esto porque el servicio de buscador, limitado pero honesto, de esta herramienta que no creó él, como ninguna otra, ha convertido la búsqueda en un laberinto inextricable poblado de trampas y lleno de publicidad polizonil que remite a destinos indeseados para forzar a desvíos e inducir a rodeos para alcanzar el dato, que no siempre se encuentra. De manera que una herramienta que nació con el propósito de servir datos e información a quienes trabajan por Internet, la ha convertido en un vehículo para convertir a los trabajadores en clientes y servirse de ellos, trufándola de publicidad que no necesitan ni demandan los usuarios a los que entorpece, extorsiona y complica su labor. Ha llegado a ese mercado todavía limpio, después de numerosas tentativas vanas y ha tardado a parasitarlo y emponzoñarlo menos de lo que cuesta decirlo.

Asociaciones de consumidores han denunciado a Windows una vez mas de prácticas monopolísticas y fraudulentas, como cuando fue procesado por atentar contra la libre competencia, ocasión en que mister Bush salió fiador de don Guillermo Puertas, aunque nadie sabe por cual de ellas saldrá ahora, una vez remediada la hambruna de los pobres de la puerta de atrás, con su campaña mediática humanitaria y benefactora tan eficaz y oportunamente aireada por sus asesores de imagen.

Hay un medio para zafarse de esa trampa, de esa espiral que convierte su buscador en un laberinto, y por tanto en una herramienta inútil para obtener información: utilizar otro. Y eso no depende de nadie más que de nosotros mismos.

Darío Vidal

18/08/07

 

       Buscar en Google (18/08/2007 18:03)


Publicado: 17/08/2007


 

BOCHORNO E INDIGNIDAD


“No te fíes de quien no se fíe”, sugiere lacónico y precavido un consejo pertrechado con toda la retranca del mundo. “Y sobre todo –cabría rematar--, no lo tengas por tu amigo, pues quien desconfía de ti no te merece”. Tal vez esta advertencia no desearía suscribirla en público el presidente Roosvelt, pero él, que debía saber algo de los estadounidenses, dijo que había algo peor a que los EEUU te considerasen su enemigo; que lo peor era que te considerasen su amigo.

El que durante un tiempo fue considerado como el Coloso del Norte, suele tener terror pánico hacia el que considera enemigo pero suele no ocultar su desprecio por el que considera a su merced. Una eficaz política para hacer amigos.

Es como si uno de nosotros hiciese depositar, a la salida de la cena, lo que los invitados llevasen en los bolsillos. “No se molesten, es una pura rutina; pero quiero verificar que no se llevan mis cubiertos de plata”. Pues eso sucede cuando los miembros de la CIA cachean a los miembros de la compañía de honores, armados y vestidos, para evitar que atenten contra el “boss”. Puro bochorno. Acabamos de verlo. Así es que los amigos del señor Bush deberían declinar cortesmente la invitación a invitarlo. Pero los amigos del señor Bush carecen -¿carecemos?- de dignidad.

Darío Vidal

27/02/ 2007

 

       Bochorno e indignidad (17/08/2007 01:37)


Publicado: 16/08/2007


 

¡ Y VINO EL LOBO !


Y vino el lobo y el lobo nos devoró al ganado y el pastor.

Alguien ha dicho que a los pueblos y a los niños no se les debe mentir nunca, aunque sea difícil escapar sin mácula del cenagal proceloso de la política

para lo cual los expertos se amparan en la restricción mental con objeto de no mostrar el juego. Pero perpetrar la infamia y caer en la indecencia de afirmar la mentira no tiene justificación ni para Maquiavelo.

La historia de los contactos y negociaciones con la ETA ha mostrado el distinto talante de los gobiernos. Pero exploradas todas las fórmulas por los negociadores con parecida fortuna, no cabe ya alentar la esperanza, por eso si un reproche no puede hacérsele a los terroristas es el del fingimiento. Los etarras han ido siempre con sus opciones por delante para que nadie se llamase a engaño. Y ahí radica la imposibilidad metafísica de una negociación. La organización desea la anexión de Navarra y la separación de España que es lo que no puede concederle ningún gobierno porque no tiene atribuciones para ello. No hay matices en su aspiración y no puede haberlas en la negativa del Estado.

Después de treinta años de democracia, por no contar los precedentes, parece una ingenuidad o una falacia volver a la negociación en un perpetuo “ritornello”, en un constante volver a empezar como si todos los caminos estuviesen inexplorados y vírgenes. Es una majadería, por no calificarlo de otra manara, pretender que, porque lo intentaron los gobiernos precedentes, éste tenga la obligación de recorrer el camino que ahora ya sabemos a donde conduce. Pero que lo intente alguien de tan poca enjundia como el señor Zapatero es algo que mueve a la risa. Porque es que ha pretendido nada menos que engañar a toda la cúpula de Eta y eso es imposible, no tanto porque atesore toda la inteligencia del mundo, sino porque solo tiene una idea y ninguna alternativa. Ha dicho alguien que el primero que comparó los labios de una mujer con un rubí fue un genio, pero que el segundo fue un mentecato. Y sabido lo que se sabe, los primeros que negociaron con los terroristas pudieron ser unos políticos audaces, pero el último solo un imitador al que no ha servido la experiencia atesorada.

Ese ir y venir del señor Zapatero, contemplado por todos con mirada atónita aunque respetuosa por suponer que la del líder llegaba a donde la propia no alcanzaba, se tornó desaliento al ver que las cosas paraban en lo que temían. A pesar de que el presidente jugaba con las argucias de la mentira cediendo ante los etarras mientras fingía firmeza ante los ciudadanos. Ahora, el diario “Gara” ha publicado los pactos y los compromisos dejando a Zapatero “in púribus” y con las nalgas al aire como su madre lo trajo al mundo.

¿Qué hay que hacer cuando se descubre que un político ha utilizado la confianza que ganó en las urnas para acometer empresas en beneficio propio y contra el interés común? No seré yo quien lo diga. Aunque esa sea la única salida. Cada día que pase serán mas intrincadas las telarañas del embuste.

Nadie creía en el lobo, percibido como una amenaza y un chantaje, pero el lobo vino y va a acabar con todo.

Darío Vidal

27/06/2007


 

       Y vino el lobo! (16/08/2007 19:53)


 

NO MORIRSE A TIEMPO


Una persona tan admirada como el investigador don Galo Leoz, discípulo de Ramón y Cajal, padre del arquitecto que ideó el revolucionario Módulo Leoz y creador de una escuela oftalmológica mundialmente reconocida, reflexionaba conmigo acerca de la oportunidad de los sucesos y de la Historia misma, hace algún tiempo, poco después de rebasar los cien años, una edad que, según decía, no le perdona perdona a uno nadie.

“Mire usted, yo no he sido nunca vanidoso pero es muy duro haber dejado de ser alguien hace ya tanto tiempo”, --me confiaba don Galo mirando al horizonte con la vista perdida. Don Galo madrugaba, leía todos los días los periódicos, estaba suscrito a todas las revistas científicas de su especialidad y las anotaba, repasaba todas las jornadas el correo y lo contestaba personalmente para, antes de comer, dar “un paseo higiénico”. Tenía una lucidez deslumbrante y un organismo que respondía más que razonablemente. Pero había cumplido ciento diez años.

“A los cien años, uno es un estorbo para sí y para los demás” --decía-- . “Algunas veces pienso si es que no voy a morirme nunca. Créame: esa puede ser la peor pesadilla. No, no me da miedo. He mirado a la muerte de cara muchas veces: he perdido varios hijos, se me han ido todos los amigos, los condiscípulos y los compañeros. Algunos descubren cosas que a mi edad se han olvidado y otros hablan de un modo que no entiendo, no se si por culpa mía o de ellos. Yo ya no estoy cómodo en la vida ¿sabe? Y lo único que despierta mi curiosidad es la muerte. Desearía adentrarme en ella como médico, conocerla, analizarla, sentirla, describirla, vivirla... Pero eso, que es lo único que querría, no podrá ser”.

Fue el testamento de un hombre sabio al que la vida, la edad y la experiencia habían agigantado. Un año después de aquella jornada intensa durante la que su pueblo acababa de nombrarlo hijo predilecto, a buenas horas, se murió, supongo que sin mudar de opinión.

Pero lo más hondo de aquella conversación fue lo que yo llamaría su Teoría de la Oportunidad. Los descubrimientos, los hallazgos, las decisiones, los proyectos y aún la vida, adquieren sentido por la oportunidad -opinaba- y fuera de tiempo no sirven de nada. El momento y la ocasión explican “a posteriori” el significado de los hechos. “Hay que morirse a tiempo; no hacerlo le convierte a uno en culpable ante la gente” --puntualizaba en la tertulia familiar, entre sus deudos y sus hijos, el mas joven de los cuales rebasaba los setenta.

Reflexioné entonces, a partir de mi limitada experiencia, en lo desairado que resulta encontrarse en la mesa con quien se ha despedido ya de la reunión. No basta con que haya perdido el último tren. “¿Pero no te habías ido?” Y no sabemos ni sabe cómo despedirse de nuevo. Está de sobra. Ha concluido su actuación y hacemos por no encontrarnos con su mirada porque oficialmente ha dejado de estar.

Me ha venido al recuerdo aquella conversación a propósito del desecho de José María de Juana Chaos, esa sabandija indigna de llamarse persona –pese a que decirse hombre está ahora tan devaluado-- porque hasta el ser más inmundo puede afectar una apariencia de dignidad si se muere a tiempo. Pero Dios no ha querido que la muerte pudiera rescatarlo de la abyección de sus veinticinco asesinatos. Dijo que dejaría de comer hasta morir, pero comía; luego, que ahora la cosa iba en serio con lo que al Gobierno de Zapatero se le desataron las tripas; después, que se avenía a comer si le dejaban en libertad, y más tarde que no aceptaría un control electrónico a distancia, en vista de lo cual –y de otras cosas más-- ha ido a parar nuevamente a la cárcel. Ahora permanece en silencio. ¿Y a quién le importa en este momento? ¿A quien pretende chantajear cuando su cadáver vale para la Eta lo que un puñado de carnuzo de muladar? Ha apostado muy fuerte contando con el canguelo zapateril y ha tentado ademas a la fortuna. Debe estar pensando qué hacer. Pero se halla condenado ya a no morirse a tiempo.

Darío Vidal

09.06.2007

 

       No morirse a tiempo (16/08/2007 19:44)


 

LA GENERACIÓN INÚTIL


A fuerza de domesticación estamos volviéndonos tontos. Es muy cierto que debemos contar con la masificación para hacer el uso adecuado del entorno, pero no olvidando las reglas de la Naturaleza porque el Hombre también forma parte de ella. Pero el olvido de su pertenencia a la orgánica cadena biológica, en comercio y relación con lo que nos rodea, la astucia forense de las leguleyos a la búsqueda siempre de vacíos legales, y la avaricia culpable del ser humano, están operando una culpable mudanza en los hábitos de convivencia.

Hace algún tiempo mi hijo Miguel me obsequió con un PC arguyendo que el mío se había quedado viejo, y no contando --¡Dios se lo pague!-- con que el más envejecido era yo. Era una máquina magnífica pero al parecer peligrosa, que me intimidó desde que leí las instrucciones. Si le caían unas improbables gotas de líquido en el teclado --leche del desayuno por ejemplo-- podían originar un cortocircuito y acabar con la vida del operador desprevenido; si se cometía la imprudencia de apoyarlo en los muslos mientras se viajaba en avión, podía originar quemaduras en la piel y hasta esterilidad. Aquello era una relación de catástrofes bíblicas. Excuso decir que me abstuve de encenderlo. “¡Anda y devuélvelo, que esto es peligrosísimo!”-- le dije a Miguel cuando quiso saber cómo me iba. Al escucharme asombrado, se echó a reír. “No hombre; esto lo hacen los anglosajones para curarse en salud y protegerse de los querulantes profesionales. ¿Verdad que la base del portátil se calienta a medida que lo usas? ¿Ha llegado a abrasarte la piel o quemarte el pantalón en toda una tarde? Pues ese es el riesgo que corres”.

El los periódicos de hoy mismo aparece la noticia de cierta querella que ha interpuesto un juez estadounidense contra su tintorería por la pérdida de los pantalones de un traje, un suceso tan humillante que solicita cuarenta millones para resarcirse del daño moral que le ha producido. El tal magistrado debe tener tan vulnerable su honorabilidad como duro el rostro. Lo mismo que el fumador pertinaz que le sacó no sé cuantos millones a una tabaquera por no advertirle de que el tabaco era cancerígeno, después de asistir años y años a la campaña contra el cáncer.

Pero hoy --como parece que los argumentos van cogidos de la mano-- he tenido ocasión de verificar otra vez las fundadas aprensiones de Miguel. Me han regalado en la farmacia una cajita de minúsculas láminas de menta-fenilananina para depositar en la lengua. Pippermint Instant Fresh, decía. Mantener en un lugar fresco y seco. Hasta ahí, normal. Pero luego venía en letra alarmante y perentoria:“Advertencia. No tragarse la cajita de plástico. ¡Peligro de ahogo!”. No me lo han contado; lo he visto yo. ¿Pero es que hace falta un padre advertidor y prudente que enmiende perpetuamente la pueril inconsciencia de esta ciudadanía inútil e irresponsable? El verano pasado se dieron varios casos de niños asados al sol, en el horno de un coche cerrado, al parecer para que no les molestasen las moscas. Claro que no. No hay mosca que se aventure a 65 grados a la sombra. Estos padres sin consejero perdieron el bebe. Pero una ama de casa norteamericana se ha hecho rica a costa de su perrita, a la que metió a secar después del baño en el horno microondas. Y la asó. Los fabricantes habían cometido el error de no advertir de que no era conveniente secar a los perritos en el horno.

“¿Dónde hago pipí?” --preguntaba con aire de perplejidad un niño excursionista. Tienes el anchuroso mundo en su infinita vastedad para hacerlo mil veces, porque la Naturaleza cuenta con que los seres vivos se alivien sin menoscabo de cuanto puebla la Tierra. Aquel diminuto cachorrillo de hombre en vías de socialización no acertaba a leer el rótulo que indicara la ubicación de los servicios en todo el territorio y no se atrevía a profanar el campo con sus excrementos.

Que generación desaclimatada y huérfana de enseñanzas y de instinto. Y qué rufianes apostados en el río revuelto.

Darío Vidal

14/06/2007

 

       La generacin intil (16/08/2007 19:28)


 

LAS ALIMAÑAS


Al lado de esos personajes que ganan torneos deportivos y hacen el favor de regalarnos sus triunfos --aunque también cobren por ello--, ejerciendo sobre la sociedad un efecto antidepresivo y euforizante más eficaz que cualquier medicina, y otros que dedican su tiempo libre o todo él a tareas humanitarias y altruistas, o tal vez a curar la cardiopatía isquémica implantando células madre propias en el corazón dañado, mediante técnicas láser como los doctores Duarte y Reyes del Hospital de la Princesa de Madrid, hay otras sabandijas de nuestra especie que no superan la condición de alimañas, como los etarras que han vuelto a tocar a degüello desdiciéndose de lo que ellos llamaron tregua, o los grapos que ya creíamos extintos y cuyos últimos “zulos” --Dios quiera que los últimos-- acaban de aflorar preñados de odio y henchidos de armas en las sórdidas guaridas y las mololientes toperas por las que transitan y campan. Todas son noticias extraídas de los últimos telediarios.

Blas de Otero dijo del hombre que era un ángel con grandes alas de cadenas, y fue muy generoso queriendo ser estricto porque un ser a quien sus propias alas impiden volar es solo un impotente pero no un malvado. El hombre de Blas de Otero es únicamente un incapaz lastrado por su limitación, no un malhechor. Pero nosotros, ustedes, ellos, no somos únicamente ineptos.

También es novedad para el común de los mortales algo que parece extraído de un relato de Dickens o una pesadilla de la memoria en la primera industrialización de Gran Bretaña, con la imagen de los niños en las minas de carbón aquejados de silicosis, y los precoces obreros fabriles de las factorías textiles, héticos y febriles sin remedio ni derecho a sanatorio ni hidracidas, a quienes la rapacidad de los poderosos hurtaron la infancia, la salud y el propio futuro. Mas como nuestra opulenta sociedad evoluciona, quiero decir que mejora empeorando cada día, no es preciso remontarse al primer maquinismo para sentir asco de nosotros, ni recurrir a los reportajes de favelas y miseria, ni apelar, cuando el cuerpo nos pide emociones fuertes, a los estremecedores documentales sobre los niños de la calle que han de vivir ocultándose a la mirada de los “agentes del orden” --¡qué risa!-- para impedir que los ultimen al pie de los contenedores de basura.

Aquí no mueren en la sórdida acera de la calle manchada. Aquí se nos evita el espectáculo de la agonía sobre la basura esparcida de los contenedores. Aquí los dedican a la confección de prendas deportivas y a coser balones de fútbol para que los profanen con sus botas quienes tal vez escaparon al mismo destino. Lo bueno de la sociedad opulenta es que cuando las imágenes resultan demasiado inconvenientes y obscenas, es posible pulsar un conmutador para acallar la conciencia. Las estadísticas son más tolerables porque los números no se adhieren al alma como las imágenes. Pero el Día del trabajo infantil o como se diga, hemos sabido que doscientos millones de criaturas viven explotadas, en la miseria y sin esperanza.

Darío Vidal

12/06/2007


 

       Las alimaas (16/08/2007 19:22)


 

EL HIMNO



Ya está. La sutil disciplina que desvela el caprichoso comportamiento de los hombres nos ha dado la clave de tanto fracaso. No ganamos al futbol porque no tenemos un himno que pueda cantarse, o para ser más exactos porque el himno de España carece de letra. Y un himno mudo es como unas vacaciones sin kodak. La clave del inexplicable fracaso de los deportes colectivos radica en que los muchachos, que viajan en los autocares al encuentro del adversario cantando anardecidos, tienen que permanecer silenciosos mientras suena por la megafonía el himno nacional.

Mientras los judokas, los nadadores, los arriesgados motoristas y los pilotos de fórmula uno, más rudos e insensibles, cosechan victorias sin reparar en tales sutilezas, los pobres futbolistas no han ganado ni un mundial porque como no pueden expresar sus delicadas emociones cantando, no dan pie con bolo, y ustedes perdonen lo fácil de la metáfora.

No me parece mal por ello que los partidos encarguen a una comisión parlamentaria la gestión del intrincado proyecto y encomienden a poetas y letristas la elaboración de un texto, aunque esas cosas, nacidas de arriba y no al revés, no suelen dar resultado. Sobre todo si se confía el consenso al gremio maldiciente de los poetas. Ya ven lo que le sucedió a la Academia con su propósito de apartar a Cognac de la denominación de un aguardiente francés, proponiendo el malhadado título de “jeriñac”, que también son ganas. ¿Ustedes han solicitado alguna vez algo tal poco eufónico y tan malsonante como un jeriñac?

Ahora falta que la letra sea lo bastante “polivalente” para que se ajuste a la euforia del triunfo sin triunfalismo y no caiga en lo grotesco en las horas bajas de la derrota y la amargura: algo así como “viva el Betis manque pierda”, aunque para ello no basta con una buena letra si no hay un buen aficionado.

Pero cabría preguntarse, metidos ya en el firme cenagoso de la psicología,

si una letra puede decir lo mismo a un coruñés que a un sevillano, y más allá, si le cuadraría a una bandera paracaidista desfilando ante la tribuna de autoridades lo mismo que al equipo femenino de gimnasia rítmica. A mi me parece que los impulsores de la iniciativa se han metido en un jardín, pero en un jardín botánico tropical con plantas carnívoras. Yo no querría cargar con la responsabilidad de concebir un himno demasiado belicoso y cruel, o caer en otro que pudiera juzgarse de entreguista y lacrimoso. Porque entonces la culpa de la derrota no se imputará al suelo embarrado, al árbitro venal o al calor insufrible sino al autor de la letra. Ser letrista aquí puede ser una golosina envenenada.

Darío Vidal


07.06.2007


 

       El himno (16/08/2007 19:17)

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       Premonicin de Profeta (16/08/2007 19:11)


 

UN CACHORRO DE SHI-TZU


Siempre quise haber tenido un perro. Es la aspiración de todo niño solitario y urbano. Pero nunca me dejaron, precisamente porque era un niño de ciudad y las ciudades no están hechas para los perros, los ancianos y los niños. Yo no sabía entonces a que llaman los filósofos una “petición de principio”, pero aquello era una diabólica espiral sin salida. De mayor seguí siendo un solitario que deseaba un perro, pero había dejado de tener conciencia de ello por las urgencias de la existencia.

Ahora, cuando han pasado los años y creía haberlo olvidado, me he encontrado, sin quererlo, con un diminuto cachorro de shi-tzu tibetano, todo actividad, todo mirada --aunque el tupido y agreste flequillo me impida verle los ojos--, todo ternura, todo lealtad y todo entrega, al que puedo ver ahora a mis pies, atento, servicial y dispuesto, desdeñando el sol tamizado por el toldo de la terraza, porque su obligación es vigilarme y defenderme. No hay cosa que sea más capaz de enternecerme que esa decidida voluntad de cuidar de mí mientras tengo que cuidarme de su caca y su pipí sembrados arteramente por el pavimento como insidiosas minas anti-persona en los lugares menos previsibles de la casa. Pero me es imposible reñirle como me advierten, porque no deseo lastimarle en su autoestima de servidor altivo y suficiente. Yo creo que va aprendiendo ya muchas cosas ¿pero cómo voy a afear su conducta al que se ha impuesto el deber de defenderme, por un charquito de más o de menos?

Hace tiempo descubrí que las cosas por las que tanto suspiramos un día, nos llegan cuando ya no las deseamos. O cuando menos eso creía yo. Pero tal vez no tuve la suficiente lucidez en aquella ocasión porque yo seguía queriendo lo que siempre aunque sin la perentoriedad carnal del deseo. Ahora ese copo de lana blanca, ese albo vellocino esponjoso e ingrávido que no ha llegado a pasar de los tres kilos en los cuatro meses que llevamos conviviendo, de los seis de su existencia, se ha hecho un lugar en mi vida y no es ya una abstracción. A mi, como a casi todos los varones, me hubiese gustado un braco, un bretón, un lobo, un pastor alemán, un perro macho y de respeto, un animal de los que le hacen a uno quedar bien: un compañero de juegos vigoroso y audaz. Pero este diminuto guardián tibetano, chato, peludo, orejón, diminuto y prógnata --una cosa que detestaba-- me tiene ganado el corazón con su diminuta arrogancia, su lealtad y su perpetuo deseo de agradarme, que le lleva a permanecer a mi lado aunque me quede trabajando y tenga que llevarlo a acostar como a los niños aunque al poco aparezca dormido, tambaleándose, con sus guedejas en desorden y las facciones confusas por los alborotados y largos mechones negros que le ponen montera a las orejas, le tapan el ojo diestro como si fuera un pirata y empañan su cuerpo blanco y sedoso de negros jirones despeinados.

Ahora alza la cabeza y se me queda mirando fijamente. ¿Quien le ha dicho que pienso en él y escribo de él? Cuando se cansa de observarme, reclina la cabeza perezosamente sobre el lomo y aparenta dormir pero saldría disparado tras de mi si abandonase la estancia. No sé en qué piensa si es que piensan los perros, pero cuando se sienta a mis pies reclamándome como suyo y me espía para saber qué dispongo, o me llena las manos de besos húmedos y audaces, no puedo dejar de pensar que los perros tienen alma

Darío Vidal

22/06/2007

 

       Un cachorro de shi-tz (16/08/2007 12:18)