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Publicado: 31/01/2007


 

TRIBU Y SOCIEDAD


La comunidad nacionalista vasca, alzada en rebeldía el lunes por las calles de Bilbao contra el estamento encargado de administrar la Justicia y la Ley, fue un espectáculo turbador. Un espectáculo que sugiere alguna reflexión.

La sociedad es una realidad compleja, abierta y plural en la que concurren opiniones, creencias, tendencias y discrepancias para integrarse armónicamente y convivir en la diversidad. La tribu, por el contrario, es una entidad monolítica y centrípeta de inspiración inmanente, en la que suelen confundirse Estado, política y religión, propósitos individuales y empeños colectivos. La tribu es el terreno adecuado para que arraiguen los extremismos radicales y los fundamentalismos obsesivos. La sociedad se rige por la ley, en tanto que la tribu se inspira en el voluntarismo y la costumbre. Puede intuirse, por consiguiente, el desajuste que se opera cuando alguien pretende integrar, en una sociedad evolucionada, una comunidad que no ha superado su estadio primitivo y teocrático.

Aunque la mona se vista de seda, la comunidad tribal euskalduna, que no es capaz de entender qué es Democracia –pregunten sino a Sabino Arana--, se aturrulla y confunde cuando no tiene un jefe al que seguir o al que pedir cuentas, aunque sea genuflexa. Hace poco clamaba para que los políticos no controlasen a los jueces y ahora reclama que los jueces no controlen a los políticos, según del lado del que sopla el viento. Y lo más grave es que ahora corean que el lehendakari --que hoy ha pasado a declarar por desacato ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco--, no es “un ciudadano normal” que pueda someterse al imperio de los jueces dado su rango superior, como si la situación eminente de un ciudadano no fuese un agravante en lugar de un eximente, si se determina que ha actuado contra la ley. Todo eso con el rumor de fondo de sus “asesores internacionales” que, cosa curiosa, han calificado el crimen de la T-4 de Barajas, ocurrido ahora hace exactamente un mes, de “lamentable incidente”, lo mismo que dijo reiteradamente Zapatero cada vez que se equivocaba.

Claro que no se habría producido la provocación de Ibarretxe con su coro de “mariachis”, “aurreskolaris” y “gaiteiros” a la entrada del Tribunal, si se hubiera actuado a tiempo contra figuras como el presidente de la Cámara vasca, Javier Atutxa cuando no cumplió el mandato judicial de desposeer a los diputados de la ilegalizada Batasuna; o contra el consejero de Interior Javier Balza; o contra el portavoz Íñigo Urkullu, o contra el consejero de Justicia Joseba Azkárraga Rodero, que ha dicho mas barbaridades que todos juntos. Como tampoco mostrarían tal entusiasmo por la causa los “asesores internacionales” ni el cura irlandés Alec Reid, “conflictólogo” profesional sin demasiado éxito, que ha exculpado a los pobres etarras por su “sincero deseo de paz” --que Dios le conserve la vista y le aumente el olfato--, mientras las Gestoras demandan amnistía para los pistoleros, que siguen en sus trece con las balas y la cloratita, orgullosos de serlo, y los de “coros y danzas” del PNV, con Ardanza y Garaicoechea a la cabeza, exigen que se archive la causa penal incoada contra Ibarretxe.

Sin esas aguas no existirían estos lodos que han obligado al Consejo General a exigir que cese el hostigamiento a los jueces.

Darío Vidal

31/01/07

 

       Tribu y sociedad (31/01/2007 19:00)