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Publicado: 23/01/2007


 

LA CHICA DE LA JUNGLA


Hay días en que la actualidad nos aparta del cuidado de las guerras, del ámbito de las tecnologías y de las esferas concéntricas del terror, para ponernos frente a frente con la realidad cálida del Hombre. Y nos descubre que el ser humano es una realidad problemática que se halla siempre en cuestión, de modo que solo el pensamiento metafísico y la reflexión ética nos permiten avanzar por la pendiente de la hominización.

Una muchacha de 27 años acaba de ser hallada después de 19 años de extravío cerca de la población camboyana de Oyadaw en la provincia de Rattanakiri, a 320 kilómetros de Phnom Penh, cuando un campesino descubrió a un ser desnudo, sigiloso y acuclillado, en actitud de huir con su comida. Era una mujer, iba desnuda, caminaba agachada, emitía sonidos no traducibles, no entendía el lenguaje y el cabello le llegaba por debajo de las rodillas.

Es un enigna que sugiere varias interrogaciones. ¿Cómo una niña de ocho años cuando desapareció, olvidó el idioma que había aprendido? ¿Cómo no encontró personas o se ocultó de ellas durante tantos años, como prueba el hecho de que la sorprendiesen robando comida? ¿Cómo no fue hallada en tantos años de búsqueda por una zona limitada, si es que se le buscó? ¿Cómo habiéndose relacionado con sus padres hasta alcanzado el uso de razón no los reconoció? ¿Y por qué su pertinacia en la idea de huir?

Mas todas estas interrogaciones nos remiten a un estadio anterior: ¿Se perdió o huyó? ¿No hablaba o ha deseado olvidar el lenguaje? ¿Por qué no reconoció a sus padres, y si lo hizo por qué pretendió huir varias veces?

Pero, obviando este aspecto que ofrece un buen pretexto para la reflexión, cabe interrogarse si es lícito imponer a un ser consciente un modelo de vida. Si es ético retenerle en contra de su albedrío donde no quiere estar. Y si no sería más razonable actuar con delicadeza como con un ser salvaje que se pretende 'domesticar' y atraer, mostrándole el camino de casa, seduciéndole con objetos y alimentos sin forzarlo para aclimatarlo a tener un hogar...

Quién sabe si a Rochom Pngieng, a la que los periódicos comienzan a llamar “Mowgly”, le ha salido el sol. Probablemente no. Ha tenido mala suerte al desaparecer y al encontrar de nuevo a sus semejantes. La codician como un bien porque la han convertido en 'cosa' y quiere el infortunio que se la disputen. A partir de ahora todos pretenderán 'su bien' en beneficio propio. Y ya se sabe que a las 'cosas' no se les pide opinión ni se les pregunta por sus preferencias.

Mala suerte, “Mowgly”, si no logras perderte otra vez.

Darío Vidal

22/01/07


 

       La chica de la jungla (23/01/2007 01:02)