Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 16/01/2007


 

EN PIE POR FAVOR


Leía hace unos días la experiencia bochornosa de Arturo Pérez Reverte en uno de esos cafés que quedan en Francia con butacas mullidas, espejos en las paredes, camareros cincuentones, pulcros, sigilosos y ataviados de negro con largo mandil blanco e impoluto, trato respetuoso y cálido, y voz queda (“Por favor ¿me trae un café?”.“Faltaría más, señor”) Cuando le sorprendió la demanda expeditiva y descortés de un compatriota que alzando la voz y tuteando a los desconocidos, como reclama nuestra reciente campechanía democrática, exclamó: “Ey:¿alguno de vosotros sabe español?”

En la tesitura de modernizarnos confundiendo el culo con la témporas, hemos dado en identificar la Democracia --que ha de ser pulcritud, delicadeza y cortesía-- con la grosería y la falta de modales. Decía San Juan Crisóstomo que la cortesía es la calderilla del Amor, y tal vez sea cierto que resulte más difícil enfrentarse por un cambio mal dado con alguien a quien hemos mirado a la cara y deseado buenos días.

Cuando Millán Astray proponía a sus legionarios que no vacilasen en exponerse al fuego enemigo para rescatar a un compañero aunque ya estuviese muerto, el pragmatismo anglosajón le tildó de insensato. Hoy asumen esa lección los cuerpos de élite de todo el mundo, porque saber que los camaradas no van a abandonar a uno de los suyos a su suerte, eleva la moral de la tropa. De modo que en términos mercantiles, que son ahora los más inteligibles entre nosotros, ese es el comportamiento más rentable.

Pues bien, detrás del tedioso viaje en ascensor mirando al infinito a través de los vecinos como si fueran transparentes, y ahorrarse el saludo al entrar y al salir, y no darse por aludido ante una persona embarazada o enferma en el autobús, se halla la inhibición ante el que sufre un accidente en la calle y otros comportamientos más graves. Es una trama que convendría deshacer para recuperar el gozo de la proximidad y dejar de percibirla como competencia. Ayer aparecía en televisión una noticia alentadora porque muestra nuestra humana necesidad de proximidad con los otros. Han comenzado a aparecer personas sonrientes con un rótulo que reza: “Si quiere puedo darle un abrazo. No le cobraré nada”. Y la gente desconcertada, sorprendida y jubilosa, abraza y se deja abrazar. Aunque esa actitud está ya entre la cortesía y el amor.

No es desdeñable ese amistoso ofrecimiento pero hay una tarea todavía más urgente: le recuperación de la buena crianza. En el acto de proclamación de Nicolás Sarkozy a la candidatura a la presidencia de la República Francesa, decía que hay que recuperar las virtudes cívicas, el saludo y la deferencia de los alumnos respetuosamente puestos en pie cuando los profesores entran en el aula.

Son aparentes nimiedades que permiten anudar relaciones y sobre todo percibir el calor de lo humano cuando parece que pretendemos que nos lo ahorren las máquinas (“Ha escogido gasolina sin plomo de 98 octanos”, “Su tabaco, gracias”)

Desde los primates superiores, la vida social no es solo lucro personal, sino también mito, respeto, ceremonia, rito y jerarquía.

Darío Vidal

16/01/07


 

       En pie por favor (16/01/2007 12:03)